El 3 de abril del año 2010 llegaba a las tiendas el primer iPad. Después de la presentación por todo lo alto semanas antes, con un todavía sano Steve Jobs al mando de las operaciones, la tableta de Apple comenzó a venderse con un éxito que por entonces no tenía precedentes. En su primer día se despacharon 300.000 unidades.

La fiebre fue tal que la barrera del millón se había sobrepasado en sólo un mes, y sólo hicieron falta 80 días para que hubiera hasta tres millones de tabletas con la manzanita en el reverso en manos de los usuarios. Fue todo un hito de un dispositivo que le abrió el camino a un puñado de fabricantes y creo un nuevo modelo de consumo de contenidos y de navegación por internet.

La familia iPad, que hoy en día cuenta con las vertientes Pro, Mini y Air, fue durante un tiempo el segundo producto más popular en el universo Apple, aunque lejos del todopoderoso iPhone. Las diferentes generaciones que han ido llegando al mercado han disfrutado de una popularidad que en los últimos tiempos ha ido decreciendo. El iPad está en crisis.

En el primer trimestre del año 2017, último del que han publicado datos, Apple batió todos sus registros de ingresos. Fueron los resultados más importantes en la historia empresarial, pues hasta 78.400 millones de dólares (72.600 millones de euros) entraron en las arcas de la firma de Cupertino. El gran responsable de este hito fue el iPhone, el verdadero motor del gigante presidido ahora por Tim Cook.

El único producto de Apple que no pudo sumarse a esta fuerte ola de ventas fue el iPad. En el primer trimestre del ejercicio 2017 se vendieron 13,08 millones de unidades de la tableta en todo el mundo, una cifra sensiblemente inferior a los 16,12 millones que se colocaron en el mismo periodo del año anterior. Es un descenso cercano al 20% en ventas y algo superior incluso en cuanto a los ingresos.

El desplome es tal que incluso lo que Apple califica como otros productos está cerca de superar al iPad en el peso que tienen dentro de las cuentas de la compañía. Bajo esa calificación tan general se encuentran los ingresos generados por el Apple TV, el Apple Watch, el iPod o los auriculares Beats, todos ellos de una importancia muy inferior.

Un descenso imparable

Esta circunstancia no es sólo flor de un día. Las cifras de ventas de iPads son las más bajas desde 2012 y no han parado de caer desde que alcanzaran su pico en el año 2013. Ninguna de las actualizaciones posteriores ha terminado de conquistar al público, y eso se ha notado en las ventas.

En el año 2012 el dominador del mercado era el iPad 3. Esta evolución incorporaba por primera vez a Siri, el asistente virtual de la compañía, y además contaba con pantallas con calidad full HD. Su fabricación se paró a los pocos meses y fue sustituido por el iPad 4, que era básicamente similar al anterior pero con conexión Lightning. En ese año se vendieron 58,3 millones de unidades.

Las ventas se dispararon apenas un ejercicio después, con el debut del iPad Air. Este nuevo modelo llevaba en sus tripas un chip A7 y contaba ya con todas las virtudes del puerto Lightning a pleno rendimiento. Su menor peso y mayor potencia ayudó a disparar las ventas hasta más allá de los 71 millones en un año, una cota que nunca más se alcanzaría.

2014 fue un año algo más tranquilo, con la llegada al mercado de la evolución de la familia Air. Esta segunda generación, que ayudó a que se despacharan 67,9 millones de tabletas, presentaba como grandes novedades la pantalla retina y el sistema de reconocimiento Touch ID, que es el que actualmente llevan prácticamente todos los dispositivos que salen de Cupertino.

Sí que hubo más actividad en el año 2015, aunque eso no se tradujera en unos mejores números en las cuentas anuales. En este ejercicio Apple colocó 54,9 millones de unidades, una cifra que ya certificó que el descenso no era circunstancial sino que era una tendencia clara. Tim Cook, en su acto anual, desveló el iPad Mini 4 y una tableta que rompió con la tendencia de años anteriores: el iPad Pro. Es el modelo más grande que ha creado Apple, con una pantalla de 12,9 pulgadas, pero su alto precio y sus funcionalidades más enfocadas al campo profesional no han ayudado a que despegue de verdad.

Intento de salvación

No entra en los planes de Apple dejar que uno de los buques insignia que ha marcado su crecimiento se venga abajo sin hacer algo. Viendo cómo han caído las cifras de ventas, las mentes pensantes de Cupertino han decidido rebajar el precio de la tableta en una decisión que casi no tenía precedentes en las políticas del gigante tecnológico.

El gran beneficiado es el iPad de 9,7 pulgadas, que ha pasado a valer 399 euros y ya es más barato que algunos miembros de la línea Mini. De esta manera, Apple busca un empujón en ventas que acabe por dar aire al dispositivo, algo que seguramente ocurrirá ya que este recorte en el precio supone que en Estados Unidos se puede comprar por apenas 329 dólares.

Es un precio muy competitivo, sobre todo teniendo en cuenta que la Samsung Galaxy Tab S3, que lanzó la compañía surcoreana en el Mobile World Congress, costará alrededor de 600 euros y tiene unas funcionalidades que no son mucho mejores que las de este iPad rebajado.

Es evidente que el músculo financiero de Apple, que no para de crecer en términos bursátiles, le permite experimentar con rebajas en los precios. Su prestigio, además, le da margen más que de sobra para darle una vuelta al concepto tableta y volver a innovar como ya lo hiciera en el año 2010. No es cuestión de contentar a su público, sino de aliviar la dependencia que tienen sus cuentas del iPhone, que ya supone más del 60% de los ingresos totales de la compañía.