Los fantasmas del pasado vuelven a agitar el mercado del petróleo. El barril de crudo sufre este martes recortes que rondan el 3% y que sitúan sus precios en sus niveles más bajos en siete meses.

Los intentos de la OPEP por sostener los precios a través de recortes de producción se han mostrado inútiles y el petróleo cotiza hoy por debajo de sus niveles cuando el cártel de países productores aprobó las primeras restricciones el pasado noviembre. El barril de Brent se sitúa en el entorno de los 45,5 dólares y el West Texas lucha por mantener el nivel de los 43 dólares. Desde mediados del pasado abril ambos han visto esfumarse cerca de un 20% de su valor.

Y la situación amenaza con complicarse. En opinión de Paul Ciana, analista técnico de Bank of America Merrill Lynch, «el petróleo está en una tendencia a la baja y los riesgos apuntan hacia precios de 30», según recoge el portal Business Insider.

La mayor producción en Libia y el auge del ‘shale oil’ socavan los esfuerzos de la OPEP

El descalabro del petróleo manifiesta la pérdida de confianza de los inversores en la capacidad de la OPEP para lograr reequilibrar el mercado, pese a la reciente decisión de prolongar hasta 2018 sus recortes. En las últimas semanas ha sido el aumento de la producción en Libia, tras la puesta en funcionamiento de nuevos pozos de extracción, la que está socavando los esfuerzos de la organización por limitar la oferta.

Y, desde hace varios meses, ha sido el resurgir de la industria shale oil el que amenaza con compensar cualquier restricción de la oferta por parte de los productores tradicionales.

De hecho, como apunta Ole Hansen, director de estrategia en Materias Primas de Saxo Bank, «La Agencia Internacional de la Energía ha añadido presión sobre la OPEP después de anunciar en sus perspectivas para 2018 que el crecimiento de la producción de los productores no pertenecientes a la OPEP será suficiente para satisfacer el crecimiento de la demanda mundial».

En la misma línea, Norbert Rücker, responsable de análisis Macroeconómico y de Materias Primas de Julius Baer, comenta que «la creciente producción del shale oil y el estancamiento de la demanda en el mundo occidental socavan los esfuerzos de restricción de Oriente Medio».

La estrategia de la OPEP ha chocado con dos problemas relacionados: uno es que, a día de hoy, dos tercios del petróleo mundial se producen en países fuera de la organización, lo que limita su potencial para fijar los precios; el otro, es que los productores de petróleo no convencional, y en concreto el shale oil, han mejorado de forma notable su productividad en los últimos años, hasta convertirse en rentables con precios del crudo por debajo de los 50 dólares.

Esto alienta que, por ejemplo, se estime que Estados Unidos alcanzará en 2018 unos niveles de producción superiores a los 10 millones de barriles al día, superando el récord anterior que data de la década de 1970.

Y como trasfondo subyace la idea de que los combustibles fósiles tienden a reducir su importancia en la economía mundial, ante la irrupción de fuentes energéticas más limpias.

Con el petróleo, el resto de materias primas se acerca a sus mínimos históricos

Todas estas cuestiones empiezan a encender las alarmas sobre la posibilidad de que el descalabro del petróleo pueda desencadenar un terremoto económico a nivel global como ocurrió con su descenso entre el verano de 2014 e inicios de 2016. De hecho, de la mano del petróleo, el conjunto de las materias primas ha descendido a sus niveles más bajos en 14 meses y se acerca a los mínimos históricos que registró en febrero del año anterior.

El fuerte retroceso en los últimos días de divisas como el rublo ruso o el real brasileño también son señales que traen de nuevo a la memoria los momentos de tensión que desató la anterior crisis del crudo.

Asimismo las compañías ligadas al negocio petrolero también reciben con inquietud esta situación. Los índices sectoriales de Petróleo y Gas del Stoxx, en Europa, y del S&P 500, en Estados Unidos, restaban este martes más de un 2% y se situaban en mínimos anuales. Compañías como BP, Royal Dutch Shell y Repsol caían más de un 2%, mientras que Chevron y Exxon Mobil se dejaban cerca de un 1%.

Con todo, los expertos sostienen que la situación actual entraña menos riesgos. Sobre todo, porque la mayor parte de los pronósticos apuntan a que los precios se mantendrán en un movimiento lateral entre los 45 y los 55 dólares. Al menos, mientras la OPEP no cancele sus restricciones actuales de oferta.

Así lo defiende Rücker, aunque reconoce que, «con la eficacia del pacto de oferta cada vez más cuestionado, creemos que los riesgos a la baja de una ruptura precipitada y desordenada del acuerdo han aumentado».

Pero también porque la economía mundial está hoy en día más preparada para resistir unos precios bajos, con unas tasas de crecimiento más elevada y con unos países productores y empresas del sector que han hecho importantes ajustes para poder hacer frente a un entorno de precios bajos.