Casi tres semanas después del referéndum por la independencia de Cataluña el conflicto sigue subiendo de tono. Este sábado se prevé que el Gobierno español aprobará la activación del artículo 155 de la Constitución para intervenir la región, tras la negativa del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, a retroceder en su desafío secesionista.

Mientras tanto, cada vez son más las firmas de análisis que advierten de las graves consecuencias económicas que se pueden derivar de esta crisis tanto para Cataluña como para España en su conjunto. El banco de inversión Alantra alertaba este jueves en una nota enviada a sus clientes de que, ante la persistencia de las incertidumbres en Cataluña, «el impacto en el crecimiento podría ser importante y, en el caso específico de Cataluña, el efecto negativo podría durar años, disminuyendo el crecimiento y la prosperidad».

De hecho los analistas de la firma consideran que los efectos económicos de la tensión en Cataluña ya se han empezado a evidenciar y de forma mucho más notoria de lo esperado. Por esa razón, Alantra ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento de la economía española para este año y el siguiente: ahora espera que el país crezca un 3% en 2017 y un 2% en 2018, frente al pronóstico previo de un 3,1% y un 2,5%, respectivamente.

Las pruebas del daño económico pueden advertirse, según la firma, en la masiva salida de empresas de Cataluña, la reducción de las ventas de coches, la caída de las reservas hoteleras o la fuga de depósitos bancarios.

Alantra cree que el impacto económico está siendo ya mayor de lo previsto

Un escenario negativo que los analistas de Alantra prevén que irá a más en el corto plazo. El banco de inversión señala que, tras la intervención de Cataluña por parte del Gobierno se abrirá «un periodo prolongado de incertidumbre hasta que se celebren elecciones regionales en 3-6 meses. Mientras tanto, esperamos que las demoras en los planes de inversión y el daño a la confianza de los consumidores y las empresas afecten a la economía, aunque el impacto final dependerá del alcance y la duración de la agitación política».

El pesimismo de la firma sobre una rápida resolución de la crisis catalana es compartido por la mayor parte de las firmas de inversión, que temen que la situación se encone más en las próximas semanas si el Estado interviene la autonomía catalana. «El riesgo de una renovada agitación social sigue siendo alto», observan los analistas del banco holandés ABN Amro. Y esta visión es repetida por otras entidades como la japonesa Nomura o la escandinava Nordea. Este último observa que si se activa el 155, «la respuesta de los catalanes resulta confusa por la gran incertidumbre», pero «los acontecimientos del día del referéndum sugieren que los catalanes no abandonarían el control de su región sin pelear».

En la misma línea, los analistas de Barclays resaltan que «un punto clave es si se implementa una versión más dura o más suave del artículo 155, ya que el artículo en sí es muy general y le da al gobierno central cierto margen para elegir. Este factor podría ser un catalizador para la respuesta de los partidarios más radicales de la independencia, con el potencial de desencadenar manifestaciones, enfrentamientos con la policía y una mayor escalada de tensión».

En cualquier caso, Nordea defiende que la mayor parte de los catalanes se conformaría con un incremento de las competencias autonómicas antes que tener que afrontar las consecuencias económicas de la incertidumbre asociada al desafío independentista. «Ver lo rápido que algunas empresas han presentado planes para trasladar su sede fuera de Cataluña debería haber servido como un buen recordatorio de lo terribles que serían las consecuencias económicas a corto plazo».

Una situación tan preocupante que el fantasma de la recesión empieza a sobrevolar la región, aunque desde Alantra consideran que «aún es pronto para adoptar un escenario tan duro».