La creciente crisis institucional en Cataluña sigue extendiendo sus tentáculos por todo el país y por muy diferentes ámbitos. No solo es una cuestión política, sino cada vez más económica, y está por ver si la activación del artículo 155 de la Constitución actúa como un bálsamo en la actividad de Cataluña y propicia, por ejemplo, el retorno de las más de 1.000 empresas que han decidido trasladar sus sedes fuera de la comunidad autónoma.

Por eso, porque de la política y lo público, la brecha independentista se ha abierto camino en la economía y al sector privado, en el seno de las patronales y los sindicatos hay cuanto menos incertidumbre y, con ella, parálisis.

Tanto desde CEOE como CCOO y UGT no se niega que todo está parado. Todo lo que debía estar en movimiento, como las negociaciones para tratar de pactar el IV Acuerdo Interconfederal para el Empleo y la Negociación colectiva a partir de 2018. Se trata de la guía o el compendio de recomendaciones que desde el ámbito nacional se da a los negociadores de los convenios colectivos de cualquier ámbito.

Su cara más visible son los salarios. Así que, decir que están paralizadas estas negociaciones es como decir, entre otras cosas, que a falta de casi dos meses para que acabe 2017, los agentes sociales no se han sentado para hablar sobre qué subidas salariales aplicar en el año que entra. Y eso afecta a millones de trabajadores.

Tensiones añadidas por Cataluña

Es cierto que la parálisis no responde solo al problema catalán. Este año ha sido problemático en lo que se refiere a la negociación colectiva. A pie de empresa o de sector se han seguido firmando convenios –833, hasta septiembre, con efecto sobre casi dos millones de trabajadores–. Sin embargo, el acuerdo marco sobre salarios, que debió quedar firmado en diciembre de 2016, llegó renqueando hasta el verano y finalmente no se firmó. Un año en blanco.

Ahora, con la cuestión catalana ha venido a complicar aún más el arranque de una nueva negociación.

«Las organizaciones están tensionadas», aseguran fuentes sindicales. Y es que desde el primer día de este mes de octubre, tanto empresarios como centrales sindicales se vieron empujados a retratarse respecto al desafío independentista, y eso ha generado alboroto en el seno de las organizaciones. En el caso de la patronal, tras un posicionamiento tibio y desigual entre la CEOE y su filial en Cataluña, Fomento del Trabajo, la organización ha acabado ofreciendo su pleno apoyo a las últimas decisiones del Gobierno central.

La crisis catalana ha venido a complicar aún más la negociación de los salarios

Según su presidente, Juan Rosell, esto se ha hecho sin ningún tipo de crisis interna. Aunque, ya desde antes del 1-O han trascendido opiniones críticas hacia Rosell y su supuesta falta de claridad a la hora de defender la unidad de España, que a los ojos de las empresas es también la preciada unidad de mercado.

Los sindicatos también tuvieron que hacer su propia composición de lugar. Las federaciones de CCOO y UGT en Cataluña secundaron el paro de país del 2 de octubre, contra las cargas policiales del día del referéndum. Pero en Madrid, a nivel confederal, se puso ahínco en dejar claro que el apoyo no era para la huelga general que en paralelo había convocado CGT.

Nadie da el paso

Así las cosas, la dirección de la patronal asegura a este periódico que «hay que empezar a negociar», pero los empresarios afirman que toca mover ficha a los sindicatos y poner fecha a un encuentro, toda vez que ya tienen en sus manos las materias que en opinión de CEOE-Cepyme deberían tratarse de cara al año que viene y que incluyen también cuestiones como el control del absentismo.

Fuentes consultadas en CCOO y UGT dicen lo mismo, pero en sentido contrario. «Existe una especie de protocolo para organizar las reuniones, y corresponde a la patronal convocar». Y entre medias, unos dicen que la división entre los sindicatos es evidente, más aún desde la llegada a la secretaria general de UGT de Pepe Sánchez, procedente de la federación catalana; mientras que los otros garantizan que la situación de Rosell dentro de CEOE es de todo menos cómoda.

Los empresarios, cómodos con la marcha de los salarios

De igual forma, ambas partes parecen estar cómodas con el devenir de la negociación colectiva y con la evolución de los salarios. ¿Pero qué dicen las cifras?

Durante las negociaciones de la primera mitad del año, los empresarios pasaron de proponer una banda entre la congelación salarial y las subidas del 2%, a plantear incrementos entre el 1,2% y el 2%, con un 0,5% adicional en función de la productividad. Por su parte, los sindicatos no movieron de su propuesta de revisiones entre el 1,8% y el 3%. Pero, sobre todo, los sindicatos no renunciaron a las cláusulas de revisión salarial –que se activan cuando el IPC supera la subida salarial, para que los trabajadores no pierdan poder adquisitivo–, que la patronal no acepta. Este último punto fue clave para que no hubiera acuerdo.

Patronal y sindicatos parecen cómodos con el actual devenir de los salarios

La realidad es que, hasta la fecha, la subida media pactada es del 1,4%, dentro de la horquilla que manejaban las empresas y por debajo de las pretensiones sindicales. No obstante, la subida media del IPC hasta septiembre ha sido del 1,2%, con lo que en promedio los trabajadores están ganando de momento dos décimas de poder adquisitivo. Parece, por tanto, que ese 1,4% es una cifra salomónica.

El impacto de la rebaja de las previsiones de crecimiento

Ahora bien, los sindicatos presionaron hasta el final con el argumento de que el crecimiento económico, por encima del 3% en tasa anual, tenía que revertir en subidas salariales significativas. Entonces, ¿qué ocurre ahora que la crisis catalana amenaza con reducir el avance del PIB a la mitad en 2018?

Los sindicatos aseguran que, en primer lugar, «habrá que ver dónde quedan esas previsiones» y, además, que «la economía tiene aún un margen de crecimiento importante». La patronal sigue hablando de cautela. Que hay que sentarse a negociar, pero nadie convoca.