No hay euforia, pero al menos hay optimismo. La Seguridad Social ya está echando cuentas de cuál será el déficit final del sistema este año, en el que se ha planteado un objetivo del 1,4% del PIB, algo más de dos décimas menos que el que había al cierre de 2016. Y las cuentas salen. Tanto que, fuentes conocedoras de estas estimaciones señalan que “incluso se está pensando en que el déficit puede ser una décima inferior”.

De cumplirse estos cálculos se trataría de la primera vez que el peso del saldo negativo de la Seguridad Social sobre el PIB se reduce desde 2014 . Desde entonces, el agujero de la Seguridad Social no ha hecho más que crecer, desde el 1,06% del PIB de 2014 hasta el 1,6% de 2016. Todo un quebradero de cabeza para el Gobierno, una vez embridadas las cuentas de las comunidades autónomas.

Todas las esperanzas del Gobierno están depositadas en la evolución de las cotizaciones sociales al calor de los buenos datos de empleo. Estos ingresos crecen este año por fin a un ritmo superior al del gasto en pensiones. No obstante, aún no están siendo suficientemente jugosas como para permitir dejar a un lado la ayuda del Fondo de Reserva, que este año ha vuelto a usarse, además de un crédito de casi 10.192 millones de euros.

Cifras para la duda

En este sentido, el Gobierno estaría manejando unas cuentas un tanto espúreas, puesto que este último crédito no se contabiliza dentro de las cuentas de la Seguridad Social como un gasto y además es una partida que el Ministerio de Empleo no prevé devolver nunca.

Por otro lado, las cuentas de la Seguridad Social –contando las entidades gestoras y servicios comunes y las mutuas colaboradoras– reflejan hasta septiembre un déficit de algo más de 6.000 millones de euros, el 0,51% del PIB, según los datos del Sistema de Información Contable a falta de contar el último trimestre del año.

El Gobierno cuenta el préstamos para pagar las extras como ingreso, no como gasto

Parecen cifras muy esperanzadoras, en tanto que el volumen de ingresos por cotizaciones alcanza ya los 80.465,8 millones de euros, el mejor dato desde 2006, y el 72,7% de todos los ingresos previstos en el Presupuesto para este año, de acuerdo con los datos de ejecución presupuestaria. Además, los gastos avanzan a menor ritmo y a estas alturas solo se han ejecutado alrededor del 70%.

Visto de otro modo, mientras que los ingresos por cotizaciones crecen a un ritmo del 5,1% respecto a un año antes, por un aumento de las cotizaciones de los ocupados (+5,7%), las prestaciones económicas que paga la Seguridad Social (todo tipo de pensiones) suponen un gasto que crece a un ritmo del 3,3%. Esa diferencia de velocidad es la que explica que los ingresos le estén comiendo terreno a los gastos.

Sin embargo, el Presupuesto de ingresos para este año prevé un aumento de los recursos por cotizaciones del 6,8%, por encima de ese 5,1%, y, por el momento, las cuentas, aparentemente, no salen. Fuentes del Ministerio de Empleo explican que la diferencia (que ha sido una constante en los últimos años, presupuesto tras presupuesto) tiene que ver con una cuestión metodológica.

Diferencias metodológicas

La ejecución presupuestaria que ofrece mensualmente la Seguridad Social contabiliza ingresos y gastos efectivamente realizados en el seno de las entidades gestoras y servicios comunes de la Seguridad Social y a las mutuas de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales del sistema de Seguridad Social.

En cambio, existe otra forma de contabilizar los saldos para armonizar los resultados y hacerlos comparables dentro de la UE. Se trata de una metodología conocida como Contabilidad Nacional, en la que se tienen en cuenta las cuentas de los servicios públicos de empleo (SEPE) y del Fondo de Garantía Salarial (Fogasa), y se computan de diferente formal algunos ingresos y gastos. Esta otra metodología es la que sigue la UE para evaluar la consecución del déficit de los Estados miembro.

Asegura que la previsión de ingresos por cotizaciones se cumplirá

Pues bien, desde Empleo aseguran que, siguiendo esta segunda fórmula, el Presupuesto se cumple y los ingresos por cotizaciones estarían creciendo a estas alturas en el entorno del 6,8%. Refutan además que este haciendo mella en la recaudación la moderación salarial o la supuesta mala calidad del empleo.

No obstante, España ha sumado ya más de medio millón de ocupados este año y ha superado los 19 millones de 2009.  Sin embargo, los salarios son más bajos que entonces y crecen a un ritmo del 1,4%, por debajo de la inflación.

Y es que, en un entorno de necesaria reducción del déficit por la vía de las cotizaciones, cabría pensar que en un entorno de inflación que previsiblemente acabará el año con una media del 2%, los salarios se verían presionados al alza, inyectando más recursos al sistema, más aún después de las subidas de bases de cotización, con las que el Gobierno preveía insuflar 300 millones extra.

El efecto PIB y las reformas de pensiones

Otro de las cuestiones estadísticas que entran en juego al calcular del déficit de las pensiones es la evolución del PIB, que para este año está siendo mejor de la prevista. El Gobierno da por hecho que la economía crecerá un 3,1% este año, en lugar de un 3% como se pensaba en julio. Si el PIB crece más, el saldo negativo de la Seguridad Social pierde peso sobre el total de la economía. De esa forma, con una reducción de pocos miles de millones, se puede rebajar la tasa de déficit considerablemente.

Con el crecimiento del PIB, el déficit de la Seguridad Social se diluye más rápidamente

De hecho, si el déficit de la Seguridad Social se redujera en unos 2.000 millones de euros, sería suficiente para que la ratio final se acercara a al 1,3%, una décima por debajo del objetivo del 1,4%.

Y en este sentido, el efecto de las reformas de las pensiones de 2011 y 2013 supondrán de entrada un ahorro de 1.200 millones de  euros. Una suerte de ‘recorte’, que de no existir haría prácticamente inviable la corrección del déficit del sistema de la Seguridad Social en un contexto de pensiones en crecimiento, tanto cuantitativa como cualitativamente.

Sin miedo al efecto Cataluña

Por otro lado, en el Gobierno sostiene que el efecto de la crisis en Cataluña sobre el funcionamiento y las cuentas de la Seguridad Social ha sido nulo. El hecho de que en España el sistema funcione como una caja única ha facilitado que ni por el lado de los ingresos ni por el de los gastos haya habido alguna disfunción durante el mes de octubre.

Desde el Gobierno aseguran también que, en este sentido, la colaboración de la Generalitat ha sido la correcta.

Sobre el efecto macroeconómico que puede tener sobre el sistema de pensiones el intento secesionista en Cataluña, tampoco se espera que haya despidos motivados por estos sucesos ni que, por tanto, se trasvase el problema político a las cotizaciones sociales. En todo caso, el Ejecutivo estima que esto podría producirse en el caso de que la incertidumbre se extendiera hasta los primeros meses del 2018.