Llegó a plantearse ser sacerdote, pero Juan Luis Cebrián optó por seguir los pasos de su padre y entregarse al periodismo; un camino con «un precio alto» que lo ha convertido en una de las personas más poderosas de España al frente del mayor grupo mediático del país, una atalaya que abandonará a final de año. Ha sido en la junta general extraordinaria de accionistas de Prisa donde Cebrián ha anunciado que dejará el cargo de presidente ejecutivo del conglomerado mediático, que ostentaba desde 2012.

A partir de 2018 se hará con el timón el vicepresidente del grupo, Manuel Polanco, hijo de Jesús Polanco y vinculado con la casa durante un cuarto de siglo. Él será el encargado de reconducir la complicada situación económica del conglomerado de medios.

Fundador de El País en 1975, Cebrián (Madrid, 1944) dirigió el periódico desde su llegada a los kioskos hasta 1988, cuando ascendió a consejero delegado de Promotora de Informaciones SA, empresa editora del diario, de cuyo consejo de administración era miembro desde junio de 1983. En 2012, llegó a la cima del poder empresarial, al ser designado presidente ejecutivo de Prisa.

Durante casi 30 años, el hombre fuerte del grupo que fundó Jesús Polanco ha vivido el esplendor y los tiempos de gloria del grupo Prisa, aunque desde que se lanzara a comprar Sogecable en 2007 -operación que financió con un crédito de más de 4.000 millones de euros- el ejecutivo ha navegado en aguas turbulentas y la empresa está al borde de la quiebra.

Perseguido por los números rojos

Para hacer frente a la deuda, Prisa ha tenido que deshacerse de distintos activos (como Digital +, la editorial Alfaguara o Cuatro, unas operaciones que sin embargo han resultado insuficientes para revertir los números rojos.

Antes de que finalice 2018, Prisa tiene que amortizar un total de 956 millones de euros de deuda, una situación que llevó a Cebrián a impulsar la venta a la desesperada de Santillana, pero el perfil bajo de las ofertas recibidas han hecho que los accionistas no miren ese movimiento con buenos ojos. Precisamente su énfasis para la venta de la editorial educativa ha sido la punta de lanza para el periodista, cuyo cargo ejecutivo no vencía hasta 2018.

Sin embargo, las maniobras de Cebrián no han satisfecho a los principales accionistas -Amber Capital (19,2 %), los hermanos Polanco (17,5 %), Telefónica (13 %) y los bancos HSBC (7,4 %), Santander (4,1 %) y CaixaBank (3,83 %)-, que han forzado su salida.

Una marcha, que según ha insistido hoy es «voluntaria» y deseada, aunque con la que el pasado marzo no contaba, según explicaba en una entrevista con Efe: «Hasta donde yo sé, y tengo buenas razones para saberlo, la mayoría del capital apoya a la actual dirección, independientemente de que es previsible que haya cambios en el futuro».

Aunque se planteó ser sacerdote, por su educación católica, se contagió del ambiente periodístico que le rodeaba: «Era una salida natural para mí, no fue una vocación por una llamada divina». Y llegó al mundo del periodismo pisando fuerte. Ya en 1963, con 19 años, participó en la fundación de la revista «Cuadernos para el diálogo» y un año después entraba como redactor jefe en el diario Pueblo, en el que permaneció hasta diciembre de 1967.

Entre 1968 y 1975 formó parte de Informaciones, del que llegó a ser subdirector; un puesto que abandonó durante unos meses -de febrero a diciembre de 1974- para ocuparse de la Dirección de los Servicios Informativos de TVE. Tiró la toalla en la televisión al comprobar que «era imposible» emprender un proceso de «apertura» durante los últimos coletazos del franquismo.

Primer director de El País

Sí que pudo volcar ese espíritu progresista en su siguiente proyecto: el diario El País. Aunque el rotativo no llegó a los kioskos hasta el 4 de mayo de 1976, Cebrián fue nombrado director cinco meses antes de su estreno. El directivo presume de que el diario «más que nacer con la Transición, ayudó a nacer a la Transición» y recuerda su compromiso en momentos cruciales, como en el 23F, que hizo que El País fuera considerado como uno de los «iconos o emblemas» de esa época en España y, sobre todo, fuera.

Cebrián hace gala de que el papel de Prisa ha sido «garantizar siempre al máximo la independencia, sabiendo que es un mundo proceloso» y donde los distintos poderes ejercen presiones. «Temer por la vida nunca he temido, he pensado que se puede morir de muchas cosas y de la manera más inopinada. He tenido miedo a la cárcel, al dolor, a la enfermedad, a la decrepitud», contaba a Efe.

Ha ocupado los puestos más importantes del diario: además de fundador, ha sido director, consejero delegado y presidente. Bajo su mandato, en noviembre de 2012, el rotativo realizó un expediente de regulación de empleo que supuso la salida de 129 trabajadores. Desde entonces, grandes firmas han abandonado sus páginas.

Miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1996, Cebrián defiende que el periodismo es un género de la literatura. Pese a ser un empresario ocupado, ha escrito casi una veintena de libros.

Ahora que ya no estará en la primera línea ejecutiva de Prisa -presidirá El País y una nueva fundación para salvaguardar la independencia de los medios del grupo-, podrá abordar la segunda parte de sus memorias, en las que prometió contar su etapa al frente de la compañía. Y quizá también pueda satisfacer su deseo de entrevistar al actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

«Me voy, me voy, me voy, pero me quedo», ha resumido utilizando los versos de Miguel Hernández.