Mujer pidiendo en la calle.

Mujer pidiendo en la calle. Pixabay

Economía

El experimento de Hacienda: una España con renta básica universal

El Ministerio cuenta con una simulación que analiza los pros y los contras que tendría la implantación de una única ayuda para toda la población

¿Cómo sería España si se sustituyeran todas las prestaciones económicas y ayudas actuales, incluidas las pensiones, por una renta básica universal (RBU) para todas las personas?

Parece una pregunta reciente, en tanto que en los últimos años han proliferado las propuestas de partidos políticos y sindicatos a favor de un sistema de rentas mínimas. Sin embargo, la idea ya se barajaba en el Renacimiento, en el siglo XV. Mentes brillantes como la del filósofo español Luis Vives o, posteriormente, el propio Montesquieu, ya se plantearon que incluso aquellos que habían dilapidado una fortuna tenían derecho a no morir de hambre.

Desde entonces, ningún Gobierno ha abordado en serio esta cuestión, por su coste sobre todo. Pero también porque es difícil imaginar un mundo o un país así, con una paga incondicional para todos.

Sin embargo, el Ministerio de Hacienda cuenta con un informe en el que se ha hecho este ejercicio. Lo firman los economistas Nuria Badenes, Borja Gambau-Suelves y María Navas para el Instituto de Estudios Fiscales, el laboratorio de ideas del departamento que dirige Cristóbal Montoro.

No es, por tanto, una propuesta del Gobierno, sino una mera simulación que, en cambio, ofrece puntos de vista al menos sorprendentes. De hecho, lo primero que dejan claro los autores es que una reforma de estas características “no es factible por razones técnicas, políticas y de aceptación ciudadana” y, además, “puede no ser deseable”.

“No es posible mantener la política de gasto público vigente y además pagar una renta básica a todo el mundo, pero sí que es posible  sustituir parte del gasto por una medida como la RBU incluso sin coste recaudatorio”, aclaran.

Beneficio 1: ahorro de costes

Sin embargo, imaginar es gratis y permite llegar a conclusiones sugerentes. Por ejemplo, los autores plantean un escenario en el que se paga una RBU de 294,31 euros mensuales –78,25 euros manteniendo las pensiones de jubilación– y estiman, para empezar, que sería posible obtener un ahorro estableciendo la RBU porque la simplicidad de su gestión sería considerable si se compara con el diseño de las ayudas y rentas actuales.

Según señalan, al tratarse de una medida universal, el control de beneficiarios “se simplifica enormemente” con los consecuentes ahorros en gestión y supervisión de la aplicación de prestaciones monetarias en función del cumplimiento de requisitos.

Beneficio 2: no afectaría a la igualdad de género

Los autores señalan también que desde algunos colectivos feministas se ha expresado el temor a que una RBU empeore las situaciones de desprotección y vulnerabilidad de las mujeres, puesto que podría llevar a muchas mujeres a centrarse en “el trabajo reproductivo y del hogar”. En cambio, el informe llama a no obviar que esta situación no cambiaría las motivaciones para realizarse profesionalmente de las mujeres.

Beneficio 3: favorece el emprendimiento

En tercer lugar, y al hilo del punto precedente, el informe recalca que la garantía que aporta tener una renta podría incrementar el espíritu emprendedor, puesto que el reto, por ejemplo, de crear una nueva empresa se asumiría en un contexto de menor riesgo.

Beneficio 4: un sustento en plena disrupción digital

Los autores hablan también de que en muchas ocasiones la discusión y consideración de una RBU viene originada por la necesidad de proporcionar un sustento en un escenario de destrucción de empleo como consecuencia de la disrupción digital. Y es que, según argumentan, el desarrollo de la robótica y la inteligencia artificial cada vez amenazan más le pervivencia de puestos de trabajo y profesiones, lo que podría dejar a muchas personas a perder su empleo y a necesitar de protección.

Beneficio 5: la vuelta al campo

¿Una RBU generaría un efecto llamada? Todo depende de cómo se instrumente, si se establece para todos los residentes o si se exige un criterio de permanencia previa en el país. En todo caso, lo que sí podría generar es un retorno de las grandes urbes al ámbito rural, donde la calidad de vida es superior y su coste menor. En este sentido, los economistas reflexionan que “si la población obtiene una renta que le es suficiente para vivir, y que le proporciona más capacidad de compra en el ámbito rural, y no necesita las opciones de empleo que le ofrece una gran ciudad, la vida en el ámbito rural pasa a convertirse en ventajosa en términos comparativos”.

Beneficio 6: un complemento para la formación

Más aún, el informe indica que, lejos de entender la RBU como un desincentivo a la formación para jóvenes que aún no la han completado, se debe considerar que ésta puede entenderse también como un añadido a lo que pueda obtenerse con el esfuerzo. “El riesgo de una toma de decisión entre los jóvenes que optasen por no estudiar ni trabajar existe, y el alcance de estos efectos dependerá, tanto de la madurez y sentido de la responsabilidad, como de las opciones de participación y retribución acordes con la formación en el mercado laboral”, precisa.

Beneficio 7: los intangibles

Al margen de estas cuestiones, el informe deja claros otros efectos beneficiosos asociados a una RBU, como pueden ser la tranquilidad que proporciona una renta segura, la posibilidad de emprender actuaciones económicas contando con una renta asegurada, el mayor tiempo de calidad disponible para dedicarlo a la familia o al ocio o la posibilidad de estar en mayor disponibilidad para elegir empleo. Incluso, apunta que “la garantía de una renta incondicional puede acabar con la delincuencia originada por la necesidad, así como la indigencia”.

Los mundos perdidos

Algunos países han pasado de las musas al teatro y se han lanzado al experimento de poner en marcha una RBU. Los resultados a menudo no se han conocido o son aún objeto de observación. Es el caso de Manitoba (Canadá), donde entre 1974 y 1979 se instauró una renta así. El objetivo del proyecto era evaluar si la entrega de cheques a los trabajadores más pobres desincentivaría el trabajo. No fue así, aunque los resultados de los investigadores nunca se publicaron.

Países como Canadá o Finlandia han puesto en marcha experimentos de renta básica

Más recientemente, entre 2017 y 2018, el Gobierno de Finlandia ha llevado a cabo un experimento en el que 2.000 personas desempleadas entre los 25 y los 58 años recibieron una renta básica garantizada de 560 euros mensuales durante dos años libre de tributación. Según el informe del Instituto de Estudios Fiscales, de momento los participantes declararon encontrarse sometidos a menos estrés y tener más incentivos para emprender.

Poco cambiaría para los españoles

Dentro del terreno más duro del experimento de Hacienda, también cabe hablar de otras de las conclusiones generales del informe. A saber, que obviamente podría parecer que los niveles de desigualdad se reducirían tras aplicar una medida así, y de forma creciente a medida que fuera aumentando su cuantía. Sin embargo, los economistas señalan que el pago de esta renta básica universal generaría prácticamente el mismo efecto redistributivo global que las prestaciones existentes o incluso algo menor y, en todo caso, tendría efectos sobre los ingresos y gastos del Estado por la vía de los impuestos.

Por un lado, el pago de las prestaciones en el escenario actual conduce de entrada a una efecto progresividad muy grande, que beneficia en mayor grado a las rentas más bajas, algo que se perdería con una renta básica lineal. En contraposición, una RBU reduciría mucho más la intensidad y la desigualdad entre los pobres.

Además, aunque el pago de la renta no generaría costes en el pago de prestaciones, puesto que se trata de coger todas las que actualmente se abonan y convertirlas en una sola, subsumir incluso las pensiones bajo una sola rúbrica conduciría a una pérdida recaudatoria del 3,5% del IRPF y a un incremento del 1,8% si se mantuvieran las pensiones de jubilación al margen.

Ello se traduciría, visto desde el punto de vista de los ciudadanos, en un incremento de la renta disponible del 0,51% en el primer caso y en un descenso del 0,26% en el segundo. Como se observa, de acuerdo con el informe, los cambios casi no serían relevantes.

¿Quién gana y quién pierde? En un último análisis, el informe resume que, en la España de la RBU, obviamente los ganadores serían los perdedores serían los antiguos perceptores de prestaciones, pues la nueva renta, tal y como se plantea en el informe, no compensaría la que recibían. Por ello, los economistas entienden que el Gobierno que se planteara instaurar una renta así se toparía con el rechazo de estos colectivos.

“Especialmente complicado sería enfrentarse a la sustitución de las pensiones de jubilación, las más cuantiosas, y con un colectivo de perceptores muy numeroso y creciente por el envejecimiento”, añade.

Entre los ganadores se encontrarían los jóvenes que no obtuviesen rentas. Ahora bien, el porcentaje de perdedores no superaría el 26% y tres de cada cuatro españoles saldría ganando, aunque los primeros se dejarían por el camino 698,8 euros, frente a los 252,1 euros que ganarían los segundos. La pérdida supone 2,7 veces la magnitud de la ganancia. Como resumen los autores: “En definitiva, hay el triple de ganadores, pero los perdedores pierden el triple de los que ganan los ganadores”. Pero todo es imaginación.

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