El Ministerio de Fomento y Renfe ultiman estos días una idea que ya está bastante avanzada: suprimir una de las cuatro divisiones del operador ferroviario, Renfe Alquiler de Material Rodante, popularmente conocida como Rosco. Creada en 2013 durante la etapa de Ana Pastor en el ministerio, el nacimiento de Rosco siempre fue vinculado a la liberalización -fallida- que el PP intentó en la primera legislatura de Mariano Rajoy. Ahora Fomento baraja liberalizar el sector en 2020 agarrándose al IV Paquete Ferroviario que promueve la Unión Europea; por eso la noticia ha causado mucho malestar entre las empresas ferroviarias privadas.

Así se lo trasladaron a los sindicatos CCOO y UGT altos cargos del ministerio que se reunieron con representantes de los trabajadores la semana pasada; una versión que este medio ha podido corroborar a través de distintas fuentes. Un portavoz de prensa de Renfe ha rechazado contestar a este medio sin dar explicaciones: «No tenemos nada que decir, no podemos valorar una simple conversación», ha zanjado dicho portavoz sobre la reunión de trabajo en la que se comunicó el cierre de Rosco.

Un año sin director general

Se trata de un rumor que cada vez se escucha con más fuerza en el gremio ferroviario: Rosco lleva más de un año sin director general, al ser trasladado el último responsable de alquiler, Félix Pintado, a la dirección de Renfe Fabricación y Mantenimiento, otra de las cuatro filiales creadas en 2013 (las otras dos son Renfe Mercancías y Renfe Viajeros, la más importante). El actual secretario de Estado de Infraestructuras y ex presidente de Renfe Julio Gómez-Pomar declaró en octubre que «la función de Rosco ha quedado desvirtuada».

Inicialmente, la división de Alquiler de Material Ferroviario nació con una deuda de 112 millones y contaba con un parque de 51 trenes de viajeros (de los que 19 son trenes AVE y otros 12 híbridos, capaces de circular en vías de alta velocidad y también en la red convencional, caso del modelo Alvia). El resto, mercancías, con más de mil vagones. En 2017 ingresó 24,4 millones y sus beneficios ascendieron a 2,9 millones. La cifra de empleados es testimonial porque no es una división que necesite mucho personal: en 2016 (últimos datos conseguidos por este medio), los trabajadores del Rosco eran solo cinco.

Irritación de las privadas

Las empresas privadas no tardarán en mostrar su irritación con la decisión que se pergeña. Y también la Comisión Nacional del Mercado de la Competencia (CNMC): el regulador está a punto de sacar una resolución que obligaría a Rosco a alquiler trenes registrados como excedentes a las firmas competidoras de Renfe. El verano pasado el presidente de la Asociación de Empresas Ferroviarias Privadas (AEFP), Juan Pedro Ferrero, criticó en una entrevista que «los problemas con el material rodante, es decir, la falta del mismo o la indisponibilidad por parte de Rosco» hacían «muy difícil el crecimiento». Todos los consultados apuntan a un freno en el proceso liberalizador, independientemente del IV Paquete promulgado por la Comisión Europea.

Hay más iniciativas que se verán afectadas: el intento de Air Nostrum por operar el AVE Madrid-Barcelona-Montpellier aprovechando que los recorridos internacionales están liberalizados desde 2010, y el interés de la operadora alemana Deutsche Bahn por la línea Oporto-Vigo, un tren convencional muy utilizado. La liquidación de Rosco les perjudica a todas ellas.