«La construcción del complejo ferroviario en la zona denominada como Páramo de San Isidro comenzó hace 14 meses y las naves ya están prácticamente terminadas». Es una noticia publicada en septiembre de 2011 y, desde esa fecha, los mejores talleres de alta velocidad en Europa construidos en Valladolid y propiedad de Renfe ven como las autoridades competentes posponen su apertura cada dos o tres meses vía anuncios imprecisos.

Así ocurre todo desde hace siete años. La última demora se produjo la semana pasada. El Día de Valladolid publicó que la plantilla ha sido informada de que Renfe no trasladará su plantilla de los viejos talleres de Campo Grande a la denominada Base de Mantenimiento Integral (BMI) «antes de fin de año». El operador público ha respondido a este medio que no puede aportar «novedades a este respecto», sin negar el enésimo retraso. Ninguna de las fuentes consultadas cree ya en estas promesas y señalan a la gerente de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad, Cristina González Puertas, de escamotear información.

Dudamos que abran este año e incluso a comienzos del que viene», dicen en CCOO

«Dudo que abran en lo que queda de año e incluso al principio del que viene», recela Carlos López Inclán, responsable de Transporte de CCOO en Castilla y León. «Lo último que supimos fue antes del verano, cuando mantuvimos una reunión con el alcalde Óscar Puente (PSOE) y con la Junta de Castilla y León. Nos dijeron que faltaban un par de flecos por resolver, licitar una obra y conseguir una licencia, y el traslado estaría listo para después del verano. Ahora, ni eso. Y nos enteramos de todo por la prensa», critica el dirigente.

El estreno de los talleres se ha convertido en la crónica de un retraso temporal anunciado: por el operador público han pasado ya cinco presidentes desde que se ultimara la construcción de la base, que superará a la de La Sagra (Toledo) en cargas de trabajo, sin que ello haya implicado su apertura. La creación de la BMI viene de 2003, cuando la sociedad de alta velocidad financiaría el soterramiento de la capital vallisoletana con las plusvalías obtenidas de la urbanización de los terrenos de la estación y de los viejos talleres, todavía operativos a día de hoy.

Cada dos o tres meses se anuncia un nuevo retraso con informaciones imprecisas

La crisis dio al traste con los cálculos en los que se basaba el soterramiento, pero antes de que éste fuera completamente descartado los talleres estaban ya prácticamente terminados. En septiembre de 2017 las partes implicadas (Fomento, ayuntamiento y comunidad autónoma) renunciaron a soterrar a cambio de una intervención urbanística en la ciudad que permitía desbloquear la apertura de la base. Hace un año todo parecía listo: en total, 77.000 metros cuadrados y una longitud de 420 metros para albergar hasta 35 vías. Serán los más modernos de toda la UE y habrán costado más de 200 millones, sobrecostes incluidos.

Más de 200 millones

La información recogida en la prensa local habla de la necesidad de «hacer una serie de reformas sin las cuales la plantilla no podría sacar la producción al mismo ritmo que lo está haciendo ahora», así como problemas con «colchones de aire que sirven para mover los vagones»; también hay que «evitar que se hunda una placa de hormigón metiendo un componente de plástico», «desarrollar un plan contra incendios» o «retoques» en «almacenes».   Oficialmente nadie de las empresas del Grupo Fomento dice nada.