El mayor banco de Alemania pierde galones. Deusche Bank será expulsado del club de élite de la Bolsa europea. El 24 de septiembre dejará el índice Euro Stoxx 50, que integra a las mayores compañías del viejo continente, por primera vez desde que comenzó a cotizar en él en 1998, según documentos a los que ha tenido acceso Bloomberg. 

El índices selectivo está formado por las mayores empresas de la zona euro y las más líquidas, condiciones que ya no cumple la entidad tras su acusada pérdida de capitalización, especialmente, durante los últimos tres años.

Los títulos del banco germano alcanzaron sus niveles máximos en 2007 y han perdido en torno al 90% de su valor desde entonces. Sólo en lo que va de año, Deutsche Bank se deja un 37% en Bolsa.

El peligo de la gestión pasiva

La expulsión de la entidad del índice es un varapalo en pleno auge de la gestión pasiva (ETF). Cada vez más fondos invierten directamente en índices, en lugar de en compañías concretas. Éstos ya representan en torno al 30% de todo el volumen invertidos por los fondos de renta variable. Según datos de Bloomberg, el Euro Stoxx 50 es replicado por ETF con un volumen de activos superior a los 40.000 millones de euros. La salida del valor de este índice forzará a estos fondos a vender sus posiciones en la entidad.

En un comunicado, Deutsche Bank ha señalado que “el equipo directivo está firmemente comprometido con la ejecución del plan estratégico para mejorar la rentabilidad del banco. Esperamos que ello respalde la valoración del valor en el mercado y aumente su capitalización».

El segundo banco Alemán, Commerzbank, también tiene papeletas para sufrir la misma suerte y salir del Dax, el índice alemán que incluye a las mayores compañías del país.

Plan de supervivencia

A lo largo de 2016, Deutsche sufrió una serie de embates de desconfianza en los mercados, en los que su propia viabilidad fue puesta en entredicho. La débil marcha de su negocio, que ha generado pérdidas superiores a los 7.000 millones de euros en dos años, y, especialmente, los temores generados por una multa millonaria en Estados Unidos azuzaron las tensiones y provocaron un desplome del banco en bolsa hasta los niveles más bajos de su historia.

En los últimos cuatro años, el banco ha realizado tres ampliaciones de capital. La última, en marzo de 2017, por valor de 8.000 millones de euros. La decisión del equipo gestor encabezado por John Cryan buscó atajar de forma contundente los problemas que han acechado a la entidad en los últimos meses.

Además de la ampliación, la dirección del banco germano puso marcha una serie de medidas para enderezar el rumbo del negocio, como la venta de activos no estratégicos. Entre éstas, se incluía sacar a Bolsa la división de gestión de activos, una de las joyas de la corona del grupo. En cambio, entre las ventas no se incluirá la de Postbank, su filial de banca minorista, que Deutsche Bank había tratado de vender sin éxito durante los últimos dos años.

Con el objetivo de simplificar la estructura del banco, Cryan también anunció la reducción de las divisiones del grupo de cuatro a tres. Esta reorganización se articulará mediante la unión de las áreas de mercados y finanzas corporativas, que había sido dividida en octubre de 2015.