En unos días, semanas, en las que España parece estar consumida por escándalos de Mástergates, plagios, tesis doctorales presidenciales o tratos de favor universitarios que, si a algunos les da la impresión de que son menores, a mí no me lo parecen en absoluto, siempre es un placer charlar con personas sensatas y cabales como Miguel Sebastián, por el que siento el mayor respeto y admiración. La entrevista tiene el mayor interés porque Sebastián reúne varias facetas que le convierten en un interlocutor único estos días: es profesor universitario, fue exministro de Industria durante el mandato de José Luís Rodríguez Zapatero y, sobre todo, es un profundo observador de la vida pública española. Certero, desapasionado y juicioso, Sebastián va abordando en nuestra larga conversación todos los asuntos que le voy planteando sin eludir ni uno solo y sin subterfugios o elusiones. Sus conclusiones están plagadas de sentido común.


Vídeo: Giulio M. Piantadosi

Por mi parte, le hago llegar mi preocupación por el escaso respeto que percibo, desde mis largos años de experiencia en Liderazgo, por la meritocracia. Creo, lo he repetido hasta la saciedad, que es la clave de la democracia y que se está jugando peligrosamente con ella, desprestigiando de manera intolerable a la Universidad española y poniendo en riesgo también la credibilidad de parte de la clase política ante la ciudadanía. Sebastián, lo sabe… coincidimos. A sus 61 años cumplidos, presume con orgullo de haber dejado la política como entró en ella; con la misma casa y el mismo coche… y la misma vida profesional. Su sueño, me confiesa, sigue siendo el de continuar consagrado a la docencia y transmitiendo un caudal de conocimientos y experiencias que muchos harían bien en aprovechar. Toda una vida repartida entre el Ministerio de Hacienda, el Banco de España, el BBVA o la propia Oficina Económica de la Presidencia del Gobierno, además del desempeño de la cartera de Industria y Energía, no merece menos.

P.- Es inevitable comenzar por la última polémica acerca de la tesis del presidente del Gobierno y la presunta implicación que se ha querido hacer en ello de personas relacionadas con usted.

R.- El tema de la tesis de Pedro Sánchez es recurrente y recurrentemente falso. Desde hace casi dos años vengo desmintiendo que la información que se publicó en un digital sobre mi presunta manifestación de que esa tesis se había hecho con la colaboración mía o la colaboración del Ministerio de Industria es rotundamente falsa. Lo cierto es que la tesis la hizo Pedro Sánchez, la tesis es original y no hay ningún plagio. Y tanto yo mismo como mis colaboradores del Ministerio han confirmado que no hubo participación del Ministerio en la elaboración de dicha tesis. Si es verdad que hubo utilización de datos públicos por parte del Ministerio pero me parece algo completamente razonable y que está a la disponibilidad de cualquier persona. También conviene recordar que cuando Pedro Sánchez hizo la tesis no era nadie. Ni siquiera era diputado en la parte final de la tesis. Por tanto, pretender un trato de favor desde el Ministerio, en el que por cierto nosotros ya no estábamos, es grotesco. Yo espero que este tema ya quede zanjado pronto.

Si yo voy a hacer una tesis sobre pensiones, tendré que usar datos de la Seguridad Social. Pero eso no quiere decir que me haya hecho la tesis

P.- Los últimos meses para la Universidad española, por los escándalos de los llamados por mí Mástergates, no han sido especialmente agradables. Currículos inflados, mentiras… ¿Qué está pasando? ¿El escándalo que ha tenido que ver con la URJC o, mejor dicho, con su Instituto de Derecho Público, puede afectar a la credibilidad de la Universidad española?

R.- En esto hay varios niveles. Por un lado, no se sabe bien como adaptar el proceso normativo a las nuevas necesidades tecnológicas y a los nuevos desarrollos productivos. Por otro, las universidades españolas tienen sus propios problemas: exceso de universidades públicas, prácticas de endogamia que hay que desterrar y el hecho de que de las trescientas mejores del mundo, solo cuatro sean españolas, entre ellas la mía, por fortuna para mí. Pero el caso concreto de la URJC y ese Instituto merece un análisis aparte. Y hay que ser muy drástico. El Gobierno o la Comunidad de Madrid deberían intervenir esta Universidad. Y detectar exactamente cuáles son las prácticas que hay que erradicar. No podemos permitirnos cada mes o cada quince días despertarnos con un escándalo. Hay que ver si esas malas prácticas se refieren a ese Instituto en particular o a toda la Universidad. Creo que la mayor parte de profesores y alumnos de esa Universidad Están deseando que exista ese ejercicio de transparencia. Nunca se ha intervenido una Universidad, en estos años de democracia, pero esta es una buena ocasión para hacerlo. Sería una buena muestra de autoridad y de ganas de arreglarlo.

P.- ¿Qué le dicen sus alumnos? ¿Habla de estos escándalos con ellos?

R.- He notado y me parece interesante que los alumnos, que antes eran reacios por ejemplo al control de la asistencia, ahora lo desean. Yo paso lista todas las mañanas, casi parezco un policía y noto que ahora quieren que haya constancia de que han asistido a clase. Veo que quieren también que sea muy transparente el proceso de calificación. Yo siempre les digo que hay que elegir entre privacidad y transparencia. Yo prefiero la transparencia. Eso implica que los alumnos conocen cuáles son las notas de todos sus compañeros. Esto puede estar en contra de la privacidad, pero ellos masivamente ahora están a favor de ello.

El Gobierno o la Comunidad de Madrid deberían intervenir la URJC, sería una buena muestra de autoridad y de ganas de arreglarlo

P.- En los casos más conocidos, sin entrar en partidismos, como el de Cifuentes, Casado, Montón… sin meterme en presuntas irregularidades sí me parece claro que ha habido trato de favor. Y eso creo que afecta directamente, es un bofetón, al principio básico de la meritocracia. La ya exministra de Sanidad, Carmen Montón, ha dado ejemplo y ha dimitido. Supongo que está de acuerdo conmigo en que esta debe ser la norma de comportamiento general cuando se demuestra que ha habido, como mínimo, un trato de favor hacia ellos:

R.- Así es; deben reconocer que se han equivocado y actuar en consecuencia.

P.- Es decir, dimitir. Así lo ha hecho la señora Montón.

R.- Sí. Es lo mejor además de ser una buena señal para la futura clase política. No es aceptable el trato de favor y por eso es tan importante la transparencia. Entiendo que pueda haber trato de favor con personas con discapacidad y esté justificada una cierta discriminación positiva. Se puede estudiar quizás en casos extremos de deportistas de élite, que no puede asistir exactamente a todas las clases por sus competiciones. Pero no puede haber excepciones en función de que una persona ocupe una determinada posición social o política. Eso es inaceptable.

He notado que los alumnos que antes eran reacios, por ejemplo, al control de la asistencia, ahora lo desean

P.- ¿Qué opina del terremoto político vivido en España en los últimos meses, a raíz de la moción de censura?

R.- Los economistas siempre defendemos la racionalidad. Quizá en exceso. Y para mi gusto, el proceso de salida de Rajoy no fue racional porque podría haberse quedado unos meses, garantizado su sucesión o incluso haber prolongado el Gobierno del PP a través de unas nuevas elecciones… pero la salida de Rajoy ha sido buena porque el país necesitaba un cambio. Y este cambio se ha producido. Eso sí, con un Gobierno que es débil y que en algún momento tendrá también que afrontar esa debilidad política estructural porque no se puede gobernar un país con 84 escaños. Eso lo acepta todo el mundo y este Gobierno tendrá también en algún momento que convocar elecciones. Y en este punto soy algo pesimista porque no tengo claro que de esas elecciones vaya a salir un Gobierno estable o fuerte…

P.- La política española está ya muy italianizada…

R.- Pues sí. Hay quien dice: ‘Que haya elecciones y todo resuelto’. Pues no. Las habrá en algún momento, pero dudo que salga un Gobierno estable y tendremos que experimentar algo nuevo para que haya estabilidad. Solo veo la posibilidad con PSOE- Ciudadanos o con PSOE-PP y ambas opciones son por ahora impensables. Pero ya veremos. A lo mejor en dos años todo cambia.

No puede haber excepciones en función de que una persona ocupe una determinada posición social o política, es inaceptable

P.- En Italia se ha visto que lo imposible luego se hace posible.

R.- Sí. Creo que veremos cosas que nunca antes habíamos visto. Ya la moción de censura fue un ejercicio democrático fantástico y esa es la grandeza de la democracia.

P.- ¿Cómo valora estos cien primeros días del Ejecutivo de Pedro Sánchez?

R.- Ha sido un período de asentamiento, bien acogido con ilusión por buena parte de la población, como recogen las encuestas, pero también de aterrizaje porque hay miembros de este Ejecutivo que no tenían experiencia política y puede haber habido algunos problemas de coordinación que me parecen también comprensibles. Todo eso se irá solventando.

P.- Sobre Cataluña, y con los ecos aún de la Diada, con un millón de personas en las calles de Barcelona, ¿qué puede pasar en el futuro?

R.- Es sin duda el asunto más difícil. Creo que el planteamiento del diálogo está bien, como principio teórico, pero difícil de llevar a la práctica porque no aprecio en el otro lado una actitud genuinamente dialogante. Eso sí, soy más optimista. Y creo que empezará a haber voces en ese otro lado que sean más realistas y que acepten que la unilateralidad es un absurdo. Ojalá en los líderes, Torra o el propio Puigdemont, acabe calando el hecho de que la vía unilateral no lleva a ningún lado y empiece a haber unos planteamientos más racionales, lo cual no quiere decir que las cosas vayan a ser fáciles, pero sí creo que mejorara la situación.

Soy algo pesimista. No tengo claro que de unas nuevas elecciones saliera un Gobierno estable o fuerte

P.- Por centrarnos de lleno en la economía, señor Sebastián, se habla ya de desaceleración. ¿Cómo valora la situación actual y que podemos esperar en los próximos meses?

R.- Hay tres cosas. ¿Se está desacelerando la economía? Sí. ¿Se está desacelerando más de lo previsto? Yo ahí tengo dudas, y todos tenemos dudas. Esperábamos que la economía acabara creciendo de media un 2,7% o un 2,8% y yo creo que vamos a estar en ese 2,7% o como poco en un 2,6%. Ha habido una muy buena EPA del segundo trimestre y un mal PIB del mismo período, lo cual es algo chocante, pero es que este segundo trimestre estaba gobernando el PP. La tercera cuestión es si esa desaceleración se debe al cambio de Gobierno. Ahí la respuesta, claramente, es rotundamente que no. Los datos referidos lo son a ese segundo trimestre en el que gobernaba el PP y nadie en su sano juicio puede pensar, por ejemplo, que los turistas que iban a venir en julio, no lo hayan hecho porque ahora gobierne Pedro Sánchez. Eso es increíble, impensable. El nuevo Ejecutivo fue bien acogido por los mercados, a pesar de que el cambio coincidió con las turbulencias de Italia, pero las bolsas mejoraron y la prima de riesgo no empeoró. Por tanto, no tiene sentido alguno decir que la desaceleración se deba a la acción de este nuevo equipo. Lo cual no quiere decir que no haya que hacer cosas para evitar que esto vaya a más.

P.- ¿Qué puede hacerse con 84 escaños para que las cosas en este sentido mejoren o al menos para que no se cumplan los indicadores más alarmistas?

R.- No es un drama que se prorroguen los Presupuestos. Yo me olvidaría de esa ansiedad. No le viene mal a España la prórroga de los PGE. Mejor es eso que no meterse en un Presupuesto más expansivo. Creo también que hay que olvidarse, dadas las incertidumbres, de la subida de impuestos. Quizás se pueda hacer algo con algunos como Sociedades, pero poco. No es el momento de meterse en una subida de impuestos. El foco debería estar puesto en las reformas. Todos los partidos han dejado el discurso reformista y España necesita reformas que no se han hecho. El modelo educativo es un ejemplo, pero también las pensiones y en general el modelo productivo. La productividad sigue creciendo prácticamente cero y esto es un grave problema de largo plazo. Y eso tiene que ver con el mercado laboral y con el déficit público. No podemos tener una economía endeudada cuando llegue la subida de tipos. Que se desacelere la economía europea tiene una parte mala que nos afecta, pero también una buena y es que se va a retrasar esa subida de tipos y hay que aprovechar ese tiempo extra para intentar desendeudarnos. En ese aspecto, una prórroga de los PGE nos ayudaría a bajar el déficit.

La salida de Rajoy ha sido buena porque el país necesitaba un cambio. Se ha producido, eso sí, con un Gobierno que es débil

P.- Una pregunta provocadora me surge, señor Sebastián. Desde que estoy en España, tengo la sensación de estar oyendo lo que acaba usted de decir acerca del cambio del modelo productivo. Sin embargo, han pasado muchos Gobiernos y ninguno de ha puesto manos a la obra. Da la impresión de que nunca ha interesado.

R.- Yo le he dado muchísimas vueltas a eso y he llegado a la conclusión de que las reformas solo se pueden hacer en los tiempos de bonanza. Y no se hacen porque políticamente no se quiere. Ese es un tremendo problema, no de política económica porque mucha gente tiene claro lo que hay que hacer, sino de economía política. De cuándo es el momento político para hacer esas reformas. Unas reformas que hay que acometer con consenso, salvo claro está, cuando se tiene mayoría absoluta, pero como eso ya es inalcanzable para cualquiera, pues hay que ir a ese consenso. Por ello, lo primero debe ser recuperar el discurso reformista y lo segundo intentar atraer a partidos políticos a ese discurso. Y no se está haciendo, pero es una vía mucho más positiva que la de hacer unos nuevos Presupuestos o subir los impuestos.

P.- ¿Cómo valora la escalada de la extrema derecha en toda Europa? Escandinavia, Italia, Francia, Alemania… valóreme este fenómeno.

R.- Afortunadamente en Suecia, por ir a lo último, no ha ido tan mal como se temía. Pero el subyacente en Europa es el de un crecimiento del populismo y de la extrema derecha. Fundamentado sobre todo en la inmigración. Hay que hacer una extraordinaria labor pedagógica sobre lo que significa esa inmigración en los Estados europeos. No conozco el caso de todos los países, pero sí el español y aquí, hasta hoy, lo que aportan los inmigrantes al sistema es más que lo que reciben del sistema. Pero hay una percepción social y además me temo que es creciente de que los inmigrantes se están aprovechando del sistema y la única forma de combatirla es con una seria labor pedagógica, con datos y estudios. No es un asunto de buenismo sino de que los números demuestran que aportan más de lo que reciben.

Todos los partidos han dejado el discurso reformista y España necesita reformas que no se han hecho

P.- ¿Qué futuro tiene la UE? La evidencia es de cierta incapacidad de afrontar seriamente y con políticas comunes problemas como este, además de otros.

R.- En Europa hay una falta clara de liderazgo y de proyecto. Era relativamente optimista con el Bréxit porque pensaba que, si los ingleses eran los más reacios a una auténtica integración europea, con su salida, se eliminaría el principal obstáculo y la UE avanzaría en esa dirección de unos Estados Unidos de Europa. Pero no esta ocurriendo. Creo que o Europa avanza hacia una verdadera integración política y fiscal, y no solo financiera y monetaria sino también social, etcétera, o va a sufrir mucho en el nuevo escenario global donde todo se está desplazando hacia Asia y el Pacífico y nos estamos quedando fuera. Europa, dentro de veinte o treinta años pesará el 10% de la economía mundial. Algo parecido a lo que suponíamos los PIGs, Portugal, Grecia e Italia en la economía mundial hace diez años.

P.- Más provocaciones, señor Sebastián: ¿Qué le haría volver a la política?

R.- Nada (risas)… ya tengo una edad…

No me gusta que se haya ido Soraya. Parece que se ha ido porque ha perdido y eso no es bueno

P.- ¡Hombre, no me diga que la edad es un problema! ¡Qué dirían Andreotti o Pertini!

R.- Pues no sé muy bien cómo se puede arreglar el hecho de que, los que tenemos experiencia, aportemos a los que tienen que dirigir la actividad política, que deben ser necesariamente más jóvenes con ganas, energía, ambición y entrega. Hay que articular una vía porque los que tenemos experiencia aprendimos con los errores. A mí a veces me dicen: ‘¡Hombre, por qué no se te ocurrió esto o aquello cuando eras ministro!’… Pues, porque lo aprendí al salir. Las cosas se aprenden cuando se aprenden y sería bueno que yo pudiera aportar, no como cargo público, pero a lo mejor como asesoramiento… no sé muy bien cómo se puede articular, pero indudablemente, la primera línea política tiene que estar en manos de los jóvenes. Si es que el más viejo es Pedro Sánchez y yo le considero casi un chaval porque le conozco desde 2001.

P.- Vamos que no se ve volviendo a la primera línea política.

R.- En absoluto.

P.- En los últimos días hemos conocido el caso de otra persona que ha tenido un extraordinario poder en este país, Soraya Sáenz de Santamaría y que ha decidido dejar la política. Ofrézcale un par de consejos para esta nueva etapa, que usted ya ha vivido.

R.- No me gusta que se haya ido. Parece que se ha ido porque ha perdido y eso no es bueno. El motivo de la marcha tiene que ser otro, no el que uno haya perdido porque en política unas veces se gana y otras se pierde. Eso es parte del juego democrático. No soy quien para dar consejos. Yo tengo el mismo coche, el mismo trabajo, la misma casa que cuando entré en política. No se cuántos pueden decir lo mismo. Lo del coche casi me da vergüenza porque quiere decir que tengo que cambiarlo (risas) pero es así. Esta vía la aprendí de Luís Ángel Rojo que fue mi maestro y que fue Gobernador del Banco de España y a cuya casa iba de estudiante. Luego siendo ministro -él ya no era Gobernador- fui a su casa y tenía la misma. Me gusta que los políticos dejen la política y vuelvan al sitio del que venía. Esto de que te tiene que fichar una gran empresa no lo veo. Soy muy radical. Yo soy partidario de prohibir completamente las puertas giratorias. Sé que suena duro. Una persona que haya tomado decisiones que hayan afectado a una empresa no puede trabajar en esa empresa. Alguien pensará que es una pérdida de talento… bueno. En todo caso, yo dejaría la vía a que se fuera a una empresa genuinamente extranjera. No me vale una filial.

Prohibiría completamente las puertas giratorias. Una persona que haya tomado decisiones que hayan afectado a una empresa no puede trabajar en ella

P.- Si tuviéramos público aquí ahora mismo le aplaudirían…

R.- Sí, insisto. Que para no desaprovechar talento que le fiche una empresa multinacional que no esté en España. Y sin en toda Europa se hiciera esto, aquí ocurriría al revés; tendríamos políticos de Holanda o de Alemania que vendrían a nuestras empresas de consejeros y esto nos enriquecería y contribuiría al proyecto de integración europea.

P.- Me ha puesto usted en bandeja la siguiente pregunta. La electricidad no para de subir y estoy cansado de que la culpa sea del viento, o de las mareas o de la sequía… de que siempre haya mil razones que justifiquen las subidas. ¿Tendrán que ver esas puertas giratorias con esta indecencia de constantes subidas en el precio de una luz, la española, que es de las más caras de Europa? Lo digo porque las eléctricas tienen fichados al 40% de los ex altos cargos públicos que pasan al sector privado.

R.- No. En absoluto. No creo que haya habido ningún exministro de Industria y Energía vinculado a una empresa eléctrica. Nadie de mi equipo, por ejemplo, está vinculado al Consejo de una empresa energética.

Creo que empezará a haber voces en Cataluña que sean más realistas y que acepten que la unilateralidad es un absurdo

P.- Pero sí expresidentes como Aznar o González …

R.- Ya, pero más por su experiencia internacional, creo yo, que por su gestión en cuestiones regulatorias. En España tenemos varios problemas asociados con la electricidad. El primero, que hay demasiadas cosas metidas en la factura. Yo siempre cuento como anécdota que cuando llegué al Ministerio tenía en la factura el plan renove de los tractores. Podía entender el de los electrodomésticos, pero el de los tractores… lo cito como un ejemplo exagerado de cosas que había que limpiar. Tenemos las primas a las renovables, el sobre coste de las islas, un doble impuesto (el de la electricidad más el IVA sobre el conjunto final). Todo esto habría que abordarlo.

P.- Pero esto ya nos lo han contado antes, ¿no será también culpa de las eléctricas de hacernos pagar por todos esos recargos?

R.- Precisamente ahora me acabo de hacer fotovoltaico, porque siempre he creído en esta energía, a pesar de que me criticaban porque pensaban que estaba en contra. Y me he dado cuenta de que la regulación es muy injusta. Si necesito electricidad de más, pago… pero si la produzco la tengo que volcar gratuitamente para que alguien luego la venda y se beneficie. Me refiero a las eléctricas, claro. Es decir que sí que se puede cambiar la regulación. Hay que proteger a los más vulnerables. Cuando estuve en el Ministerio lanzamos el bono social, que fue un buen intento, pero ahora me gustaría más que hubiera una parte de la electricidad que fuera gratuita para todos; como el mínimo exento del IRPF. Es muy sencillo y progresivo. Y se elimina burocracia.

O Europa avanza hacia una verdadera integración política y fiscal, o va a sufrir mucho en el nuevo escenario global

P.- Para terminar, ya que no va a volver a la política, ¿qué sueños de futuro le quedan?

R.- Seguir en la Universidad, que es lo que me gusta y es mi vocación. Aprendo mucho de los alumnos y con los alumnos y quiero seguir ahí. No me importaría hacer una labor de asesoramiento a quien le pudiera interesar, pero mi núcleo de actividad quiero que siga siendo el universitario.

P.-: Pues si de mí dependiera, le pediría asesoramiento sobre como eliminar a todos los chorizos directores de másteres’que han estropeado el prestigio de la Universidad española. Enrique Álvarez Conde ha hecho un daño monumental. Me gustaría liberar de la vida pública española a todos los Enrique Álvarez que pueda haber.

R.- Comparto. Y sí reconozco que, así como con el modelo económico tengo claro lo que hay que hacer en España, no lo tengo tan claro con el educativo. Aunque sé que hay mucha gente que sí que lo tiene claro y a ellos habría que encargárselo.