Turbantes (kufiyya) de la realeza absolutista saudí encabezada por el Rey Salmán bin Abdelaziz, cuya presencia ha permito salvar el acto; velocidades medias dignas de un Alvia o un Altaria en España y máximas de 200 kilómetros por hora en vez de los 330 que se prevé alcanzar; funcionamiento de solo cuatro días por semana (martes, jueves, viernes y sábados); y, aunque según el consorcio se abre toda la línea (450 kilómetros) solo habrá paradas en solo dos de las cinco estaciones, Yeda -capital económica y lugar de la base española- y KAEC, que significa King Abdullah Economic City y que pretende ser la Silicon Valley del Golfo Pérsico pero que de momento no llega a los 10.000 habitantes. Es decir, que solo la mitad estará operativa, algo muy extraño.

Todo esto se ha visto en el desolador y deslucido preestreno oficial del conocido como AVE a La Meca, este 25 de septiembre. Un vídeo distribuido por las autoridades saudíes así lo corrobora: ni el ministro de Fomento José Luis Ábalos ni ninguna autoridad de rango similar (presidentes de Renfe o Adif) han estado presentes.

«El acto estaba organizado por las autoridades saudíes para la que la Familia Real concentrara el protagonismo. Han estado presentes y han viajado en los trenes el Rey saudí y el Príncipe Heredero», trasladan fuentes del consorcio.

Tan solo el presidente del consorcio Al Shula de 12 empresas españolas, Jorge Segrelles (encargado de salvar la papeleta al conglomerado español en varias ocasiones), y el embajador español en Riad, Álvaro Iranzo, han acudido al preestreno. Al Shula lo conforman Renfe, Adif, Ineco (públicas), OHL, Copasa, Imathia, Cobra (ACS), Inabensa, Indra, Dimetronic, Talgo y Consultrans (privadas). Alguna de ellas teme perder dinero, caso de Renfe.

Es el contrato más oneroso jamás obtenido por un grupo de empresas españolas en el extranjero, superando los 7.000 millones de euros incluyendo los sobrecostes reconocidos por Arabia Saudí. El estreno oficial tendrá lugar en septiembre de 2019.