// TODO: Revisar qué hace the_post_thumbnail_creditos Jugar al dominó

El efecto dominó de (no) retrasar la edad de jubilación Marco Verch / Flickr

Economía

La edad de jubilación no tiene sentido

A diferencia de los yogures, la vida laboral no tiene por qué llevar de serie una fecha de caducidad. La idea de que la jubilación no sea un final prefijado de la vida laboral, sino una meta volante que se vaya ajustando en función de las necesidades e intereses de cada uno cada vez va ganando más apoyos entre los economistas y expertos en empleo.

No es lo mismo haber empezado a trabajar a los 20 años que a los 30, ni cotizar por la base máxima que por la mínima, ni trabajar en alta mar que en una universidad. ¿Por qué todos tenemos una fecha estándar a la que se entiende que empieza la jubilación?

Los defensores del esquema más clásico se preguntan, en cambio: ¿no debería garantizarse un tope para los trabajos más penosos o exigentes?

La buena noticia es que cada vez vivimos más años con mejor salud. La mala que no salen las cuentas para jubilarnos en torno a los 65 años, una edad estándar que se fijó hace más de cien años cuando la esperanza de vida en España estaba lejos de ese umbral.

Una edad que, como recuerda el profesor colaborador URJC, Miguel Ángel García, no es lo que se entiende como la obligatoria de jubilación, sino solo un hito consensuado que permite a los trabajadores ejercer el derecho de irse a casa y cobrar una pensión y las empresas prescindir de los trabajadores sin pagar una indemnización. Nada más.

Sin embargo, en las últimas décadas el aumento de la esperanza de vida se ha disparado debido sobre todo a las mejoras de las condiciones de vida precisamente de los mayores de 65 años. En 2000, la esperanza de vida en España pasada esa edad era de 14 años. En 2018 es de 20 años y subiendo. ¿Cuánto ha de afectar esta mejora en la esperanza de vida a la edad a la que nos jubilamos?

Flexibilidad o dominó

“El aumento de la flexibilidad para repensar la jubilación es necesaria por varias razones y aunque la más obvia es la esperanza de vida, no es la única”, afirma Emilio Ontiveros, catedrático de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid.

El otro factor fundamental es el capital humano: “En muchas ocasiones, jubilar a una persona a los 65 años es un derroche. No hay por qué jubilar a gente con tanta experiencia y tanta capacidad de aportar valor como un trabajador de 65 años que además está motivado para seguir aportando a la sociedad”.

El propio Ontiveros es catedrático emérito porque al sobrepasar la edad de jubilación decidió seguir ejerciendo. Pero no todas las profesiones ponen las mismas ventajas a los que quieren prorrogar voluntariamente su vida laboral como la docencia. “Esta flexibilidad podría trasladarse a las empresas del sector servicios donde la acumulación de conocimiento sea importante, pero debería condicionarse a las capacidades de cada uno”, añade, para apostillar que “el talento es el activo intangible más valioso”.

Según Ignacio Conde Ruiz, profesor Titular de Fundamentos del Análisis Económico en la Universidad Complutense de Madrid y sub-director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA), año a año se irá viendo esa creciente flexibilidad como mecanismo para alargar la vida laboral: “No va a ocurrir que pasemos de trabajar 40 horas a cero, sino que se irá dejando de trabajar de forma progresiva”.

En este sentido, Ontiveros insiste también en que el esquema de las horas de trabajo tiene que ser más flexible en el futuro. “Sería fundamental conceder flexibilidad para que las personas que superen los 70 años puedan adecuar su propia jornada”, pide el catedrático.

Más transparencia

Otra cuenta pendiente en la reforma de la jubilación que viene debería pasar por la transparencia. “Retrasar la edad de jubilación es oportuno si se combina con otras medidas como las cuentas nacionales”, afirma Manuel Hidalgo, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, en referencia a un sistema que cosiste en la creación de un fondo de ahorro personal a partir de aportaciones salariales que los trabajadores pueden llevarse de un trabajo a otro y que, según todos los expertos consultados, otorgan a la edad de jubilación un papel secundario.

“Saber en todo momento qué dinero te queda para poder ajustar tu jubilación a lo que consideras óptimo facilitaría que pudiéramos adelantarla o retrasarla hasta que cada uno llegara a su punto óptimo”, añade Hidalgo.

No soy un robot, soy un ‘rider’

Y si la edad de jubilación tiene que ver con la esperanza de vida, también está vinculada al devenir del mercado de trabajo. Porque, además de las canas, los robots también están trayendo un cambio de paradigma en el mundo laboral. “Los trabajos van a cambiar con la digitalización, pero soy muy optimista con el potencial que plantea esta revolución. Los trabajos del futuro van a ser tan divertidos y remuneradores que no vamos a querernos jubilar”, afirma José Antonio Herce, director asociado de AFI,  acaba de publicar ‘A vueltas con las pensiones’ (Ed. Verssus libros).

En el propio Pacto de Toledo, tras acordar una recomendación sobre la subida de las pensiones que se remite a un texto cerrado en 2011, se han empezado a tratar ya los efectos que podría tener la digitalización en el sistema del futuro a través de la revolución que va a suponer en las relaciones laborales.

En el seno de la comisión se estudia, por ejemplo, un informe técnico firmado por Borja Suárez, actual director general de Ordenación de la Seguridad Social, titulado La gran transición: la economía de plataformas digitales y su proyección en el ámbito laboral y de la Seguridad Social, en el que se plantea ya el reto que va a suponer proteger en la jubilación a trabajadores de plataformas digitales, con carreras llenas de interrupciones y deficientes remuneraciones. Unos trabajadores aparentemente muy distintos a los trabajos que visualiza Herce.

Suárez considera que si se quieren abordar las necesidades de estos trabajadores tal vez haya que dejar a un lado el carácter más contributivo del sistema y pensar más en empezar a reforzar las pensiones con recursos procedentes del Presupuesto.

Las reformas que se han llevado a cabo en los últimos años en España y, en general en el resto de países europeos,  han perseguido reforzar el principio de contributividad –cada uno recibe lo que aporta– a través de una mayor proporcionalidad entre cotizaciones y prestaciones. ¿Cómo? Por ejemplo, elevando la edad de jubilación de los 65 a los 67 años en el caso de España (lo que implica que jubilarse antes conlleva una penalización). Pero eso parece que no basta.

Explica Suárez que junto a la necesidad de garantizar unas condiciones de trabajo dignas en las emergentes actividades económicas a través de plataformas digitales, “se hace cada vez más imprescindible el establecimiento (o reforzamiento) de mecanismos de naturaleza no contributiva que sirvan para compensar la inestabilidad de las carreras profesionales y de cotización”.

Esta propuesta implicaría algún tipo de compensación, alternativa al subsidio de desempleo en sí y previa a las pensiones de jubilación, que compensara la inestabilidad cada vez más intrínseca del nuevo entorno laboral, en el que quedarse temporalmente sin trabajo y tener que cambiar de profesión no es ya algo fortuito sino parte de la rutina. ¿Tiene sentido entonces seguir estableciendo en este contexto una edad legal de jubilación cuando de entrada se está planteando que ni las carreras de cotización serán tan estables, ni la contributividad del sistema será la misma?

Abogados vs. mineros

Las opiniones que apuntan a flexibilizar la edad de jubilación no se circunscriben únicamente al ámbito académico. En el Gobierno socialista de Pedro Sánchez ya hay quien opina en cierto modo de esta manera. Desde su toma de posesión como secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado ha indicado que en más de un acto público, y más allá de la urgencia del momento, que cuando se habla de alargar la vida laboral y retrasar la edad de jubilación hay que tener en cuenta ciertas circunstancias.

En su opinión, no se puede establecer la misma referencia para una persona que lleva toda su vida trabajando que a otra que apenas suma un par de décadas. También hay que tener en cuenta la ocupación de cada cual: ¿Es lo mismo un abogado que un minero? Tanto es así, que Granado incluso ha apostado por contar con leyes de mínimos que den libertad para que cada trabajador se jubile cuando considere, según sus condiciones laborales.

Esta realidad ya se refleja en la Seguridad Social. La policía local está a pocas semanas de ver reconocido su derecho a jubilarse de forma anticipada por su especial exposición a siniestralidad laboral. Antes que ellos fueron los miembros de la Ertaintza, los bomberos, mineros, personal de vuelo, trabajadores ferroviarios, artistas y toreros.

Esto pone de relieve que tal vez sería más realista, cuanto menos, adaptar la edad de jubilación a los diferentes colectivos. Pero claro, eso acabaría con la solidaridad del sistema. ¿Cómo sostener una pensión digna para cada trabajador si la edad de jubilación se adelanta en lugar de atrasarse? ¿Habría que adentrarse en una mayor contributividad en detrimento de la solidadaridad? ¿Quién le pagaría una pensión digna a los riders?

El ejemplo que siempre se pone al reivindicar la necesidad de jubilaciones anticipadas para algunas profesiones es el de los mineros. “¿Pero de verdad alguien cree que dentro de 20 años vamos a tener mineros?”, se pregunta Herce, que de entrada considera que “es una aberración bajar la edad de jubilación”.

Los críticos

“Es una impertinencia moral bajar la edad a medida que vivimos más. Hay que asumir que el precio por vivir más y mejor es seguir trabajando”, añade.

“Lo contrario no es factible”, sostiene Hidalgo en referencia a las críticas al retraso en la edad de jubilación que todavía defienden, entre otros, los sindicatos. “Los argumentos en contra solo se sostienen en un papel. No creo que el cambio tecnológico permita aumento de la productividad que la gente se jubile a los 65 y la esperanza de vida actual tampoco lo hace posible. No es posible volver hacia atrás”.

¿Reaccionarán a tiempo los políticos para adaptar el sistema de pensiones a la nueva realidad? “La situación se irá agravando en los próximos tres o cuatro años”, dice Hidalgo como antesala a un argumento optimista: “Y al verle la boca al lobo se hará evidente que el sistema no es capaz de recaudar lo necesario para los derechos que se están adquiriendo. Todavía hay un intento de aferrarse a un pasado, pero el debate ha de irse intensificando. La reforma del sistema tendrá que ocurrir porque no salen las cuentas. Soy optimista pensando que las reformas necesarias, que pasan por flexibilizar el sistema (incluido el tope en la edad de jubilación), se terminarán haciendo porque la  realidad no va a dejar alternativa”.

El futuro ya está aquí

Y en un salto de las musas al teatro, el Gobierno ya se plantea cómo extender la vida laboral de los trabajadores. Recordar que no se trata tanto de tocar la edad legal, sino de mantenerla y establecer una suerte de jubilación flexible.

El propio secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado, señalaba el pasado sábado viernes que “el esfuerzo de alargar la edad legal de jubilación es una equivocación, el objetivo es avanzar en la jubilación activa”, por lo que anticipaba que el Gobierno tratará de establecer incentivos en ese sentido.

Es decir, que igual que hay que ‘cuidar’ al que necesita jubilarse antes, hay que incentivar que la gente que puede trabaje más tiempo.

Sin embargo, los sindicatos recelan de los incentivos a la jubilación activa. Según la secretaria de Políticas Sociales, Empleo y UGT, Mari Carmen Barrera, retrasar la edad de jubilación sería injusto para los trabajadores con profesiones más penosas, mientras que el modelo de flexibilización no puede partir de un endurecimiento del acceso a una jubilación digna y el empuje a la necesidad de contar con una actividad para compensarla.

Del mismo modo, considera que la edad de jubilación siempre deberá ser un asidero para que los trabajadores puedan disfrutar del derecho al retiro, confiando en la solidaridad del sistema, algo que ven peligrar en un supuesto futuro en el que cada uno labrará su propia pensión según la calidad de vida de la que haya disfrutado.

El debate está lanzado y las resistencias servidas.

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La edad de jubilación no tiene sentido