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Dia sufre una nueva debacle mientras el mercado ya contempla el riesgo de impago

El grupo desmiente que haya propuesto una quita de su deuda y asegura estar cerca de un acuerdo de refinanciación

Dia sufre una nueva debacle y el mercado contempla ya el riesgo de impago.

Supermercado del Grupo Dia. Europa Press

En las oficinas de Dia los disgustos se amontonan por horas. El grupo de supermercados vive horas críticas y el mercado parece haber perdido cualquier fe en una solución satisfactoria a sus problemas.

La compañía que dirige Antonio Coto es a día de hoy el tercer mayor operador del mercado español -con una cuota del 7,5%- y sus márgenes, aunque en clara tendencia a la baja, siguen rebasando con mucho a los de sus competidores. Pero las negativas dinámicas de su negocio y la falta de visibilidad sobre el futuro del grupo se ciernen como una tormenta que puede resultar fatal.

Los descalabros de Dia, cuya próxima salida del Ibex fue anunciada este lunes, se han convertido a lo largo de 2018 en algo tan habitual del mercado bursátil español como en su día lo eran los inversores que gastaban sus horas sobre el parqué contemplando los cambios de cotización. La caída del 19% registrada este martes por las acciones de la compañía apenas supone una muesca si se la encaja en las pérdidas superiores al 93% que arrastra desde el verano de 2017 y que han reducido su valoración a apenas 256 millones de euros. Pero tras este nuevo traspiés, que estuvo acompañado de un desplome de sus bonos en el mercado, emergen dudas que pintan un panorama cada vez más sombrío para el grupo.

El grupo de supermercados debe hacer frente a corto plazo a la refinanciación de 757 millones de euros de deuda

Este mismo martes, El Confidencial informaba de que el máximo accionista de Dia, el magnate ruso Mikhail Fridman, ha advertido a la banca acreedora de que no aportará nuevo capital si no aceptan una quita sobre la deuda que asfixia a la compañía. La firma de supermercados debe hacer frente a corto plazo a unos 757 millones de euros de deuda, con apenas 132 millones en caja al cierre del tercer trimestre. Es cierto que el grupo tiene abiertas varias líneas de crédito de las que podría servirse para cubrir sus necesidades de refinanciación, pero éstas están condicionadas a que la compañía cumpla unos requisitos de apalancamiento que el mercado da por descontado que quebrantará.

Ante esa tesitura, la compañía se encuentra desde hace semanas inmersa en negociaciones con sus acreedores en busca de un acuerdo que alivie su compleja situación financiera. Tanto Moody’s como S&P, las dos agencias que califican a la compañía, han advertido en las últimas semanas del riesgo de que la compañía no pueda hacer frente a sus deudas y han rebajado su nota a niveles claramente por debajo de los considerados grado de inversión.

Al cierre del mercado, el Grupo Dia desmintió a través de un hecho relevante remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que haya propuesto a sus acreedores ningún tipo de quita a su deuda «o cualquier otra alternativa que no sea la del pleno reconocimiento y abono de las cantidades adeudadas a ellos y al resto de acreedores financiero».

Al mismo tiempo, la compañía ha aprovechado para adelantar que las negociaciones para la refinanciación de su deuda se encuentran en un estado avanzado y podrían fructificar a corto plazo. «La Sociedad se encuentra en conversaciones muy avanzadas con sus bancos acreedores de referencia con el fin de alcanzar un acuerdo para refinanciar la deuda bancaria del Grupo Dia, lo que será oportunamente notificado a los mercados», indica el documento

Antes de conocerse estos últimos acontecimientos, la visión predominante en el mercado ha sido la de que Dia acabaría por alcanzar un acuerdo con los bancos acreedores para refinanciara su deuda, en el que, probablemente, se incluirían la venta de negocios –como Max Descuento o Clarel– y una ampliación de capital que podría servir para que Fridman tomara una posición de control -actualmente es propietario de casi un 30% de las acciones. Pero este martes, esta visión ha sido puesta en entredicho.

Desde Alantra observaban, por ejemplo, que si la información de El Confidencial resultara cierta «las cosas se estarían deteriorando más y más rápido de lo que se esperaba inicialmente». Según los analistas de la firma, parece que tanto bancos como proveedores están apretando «los tornillos» al Grupo Dia, lo que podría dar lugar a «un efecto bola de nieve que podría impedir el funcionamiento normal del negocio».

Los analistas de Sabadell, por su parte, resaltaban que las supuestas exigencias de Fridman, que estaría planteando a los bancos la conversión de parte de la deuda de Dia en capital, podrían formar parte de su estrategia de negociación, para alcanzar un acuerdo de refinanciación más favorable, una visión que es compartida por la mayor parte de las firmas que cubren la compañía. Pero con las fuertes pérdidas que acumula el empresario desde su entrada en la compañía, que se produjo en el verano de 2017, los expertos no descartan que pueda dejar caer el grupo antes de meter más dinero.

Los expertos creen que la postura de Fridman es parte de su estrategia de negociación pero ven un mayor riesgo de desenlace «traumático»

«Aunque los desarrollos bien podrían responder a una estrategia del accionista principal de minimizar las pérdidas al tratar de ejecutar la emisión de acciones en los términos más favorables posibles, el riesgo de un escenario traumático no es pequeño», observan en Alantra, donde advierten de que el impago «podría convertirse en un escenario realista» si todas las partes implicadas en la negociación toman posiciones fuertes.

Ana Gómez, analista de Renta 4, señala, no obstante, que lo más probable es que la compañía alcance algún tipo de acuerdo con los acreedores que impida el default del grupo de supermercados. Y en el caso de que Fridman decidiera no aportar más dinero, no descarta que algún inversor internacional pudiera llegar a interesarse por la compañía, a pesar de los desafíos que afronta el sector.

Sin embargo, «todas estas noticias no hacen sino añadir incertidumbres, que ya eran muy elevadas, en una compañía que no ofrece actualmente ninguna visibilidad».

Sea cual sea el desenlace de la crisis de Dia lo cierto es que el tiempo se agota. Las cuentas de cierre de 2018 serán las que determinan si, como todo parece indicar, la banca cierra a la compañía las líneas de crédito que mantiene abiertas y, llegado ese caso, solo un acuerdo permitiría a la compañía mantener sin interrupciones la marcha normal de su negocio.

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