La tensión política por el desafío secesionista en Cataluña ha puesto un palo en la rueda del turismo, el principal sector económico de la región. Y los grandes del sector hotelero aseguran haber sufrido muy directamente en su negocio la deriva que se emprendió con el 1-O de 2017, rompiendo el fuerte crecimiento que se registraba en la región –singularmente en Barcelona- y convirtiéndose en caídas.

Meliá Hotels International, el mayor grupo hotelero español, ha confirmado el impacto en sus cuentas del parón de la actividad en Cataluña, muy especialmente en su negocio más rentable. Y es que, según ha desvelado el consejero delegado de Meliá, Gabriel Escarrer, los ingresos por habitación (RevPar, un parámetro clave para medir la rentabilidad de un hotel) de los establecimientos de cinco estrellas en Cataluña se desplomó un 20% el año pasado y los de la compañía están en línea con la media.

Meliá cuenta con un total de once hoteles en Cataluña, de los cuales seis se encuentran en Barcelona, que es la que más ha sufrido el impacto en su sector hotelero de la inestabilidad política derivada del órdago independentista. La cadena mallorquina ha registrado una caída de sus ingresos en Cataluña de 3 millones de euros durante 2018, que se suman a la caída de otros 3 millones de euros que sufrió en 2017 sólo en el último trimestre del año desde el referéndum ilegal del 1-O.

“2018 fue nefasto, sobre todo para la categoría cinco estrellas”, ha apuntado Escarrer en un encuentro con la prensa en Fitur, que vislumbra una mejoría en los últimos meses. “Después de toda la inestabilidad política, creo que hemos vuelto a una relativa normalidad. Hay una clara mejora de las reservas en Barcelona, pero estamos lejos de llegar a los niveles previos al 1-O de 2017”.

 

Barceló y la preocupación por Barcelona

“Barcelona puede pasar de ser un destino turístico magnífico para los turistas y los empresarios para convertirse en un lugar  complicado”, ha sentenciado por su parte el consejero delegado de Barceló Hotel Group, Raúl González. “El negocio ha sufrido un deterioro claramente”.

Barceló ve en septiembre de 2017 un punto de inflexión claro de su negocio hotelero en Barcelona, el único destino catalán en que está presente. Hasta ese momento el negocio crecía a un ritmo fortísimo del 15% y en la parte final del año 2017 se derrumbó con caídas del 7%.

El año pasado la actividad se recuperó en relación a los peores momentos del ejercicio anterior, pero 2018 ha sido “claramente peor” que los primeros ocho meses del año precedente.

«Barcelona era un ejemplo mundial, pero ha perdido ese halo. Es una pena pero el problema no es político es en clave de inestabilidad. El turista que viene no le importa la política lo que quiere es un lugar tranquilo sin sensación de turismofobia», lamenta González.