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La reinvención ‘verde’ del antiguo gigante español del carbón con el estado de alarma

El Gobierno cuela en el real decreto de medidas económicas por el coronavirus la conversión de Hunosa en su brazo para la restauración ambiental de antiguas minas como parte de su estrategia de transición energética justa.

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La reinvención ‘verde’ del antiguo gigante español del carbón con el estado de alarma
Instalaciones del grupo Hunosa.

Instalaciones del grupo Hunosa. ep

Resumen:

Durante más de medio siglo ha sido la mayor empresa minera de España, el gigante nacional del carbón. Nació en 1967 como herramienta de salvamento público de más de una decena de empresas mineras abocadas a la quiebra y quedó bajó el control del Gobierno franquista a través del antiguo Instituto Nacional de Industria (INI).

Medio centenar de pozos de carbón formaban parte del coloso patrio Hulleras del Norte (Hunosa) cuando nació. Les siguieron muchos más. Pero tras años y años de lento declive, y a pesar del flotador de las ayudas públicas, la puntilla de todo el sector llegó con el cierre de las últimas minas de carbón el año pasado.

La Unión Europea prohibió más subsidios públicos para las minas que no eran rentables. Fecha tope, enero de 2019. Quedaban entonces una docena de pozos, y unos 2.700 mineros, en todo el país. En los noventa llegó a haber en España 146 centros de extracción de carbón que daban trabajo a unos 45.000 mineros.  

Hunosa, el antaño gigante, cuenta hoy con sólo un pozo en activo. El grupo, ahora en manos enteramente del holding público Sepi –heredero del antiguo INI- busca reinventarse desde hace tiempo. La compañía hizo ya su incursión en los noventa en la generación de energía con una central termoeléctrica, y ahora tiene una presencia incipiente en el negocio de nuevas energías como la geotermia, la biomasa e incluso la eólica. Y también impulsa investigaciones sobre nuevas tecnologías para la captura de CO2 o para aprovechar el metano de minas.

El Gobierno da ahora un impulso a la reconversión total de Hunosa. El Ministerio para la Transición Ecológica aprovechó el mastodóntico real decreto con medidas económicas adicionales para combatir los efectos de la epidemia de coronavirus y de las restricciones del estado de alarma y coló en él empujón definitivo a la reinvención verde del antiguo gigante del carbón.

En una disposición incluida en el real decreto ‘anticrisis’ se establece que Hunosa pasa a ejercer como medio propio de la Administración para realizar tareas de restauración medioambiental. La compañía estatal pasa a ser el brazo a través del que el Gobierno central y las comunidades autónomas puedan ejecutar labores de reacondicionamiento medioambiental de zonas que antes estuvieron ocupadas por pozos mineros. De explotar minas a dejar el territorio como si no hubiese habido minas.

Hunosa y todas sus filiales se convierten así en agentes activos para desarrollar las medidas contempladas en el Plan de Restauración y los Convenios de Transición Justa que se activarán en las zonas que tenían la minería del carbón como principal actividad (en Asturias, el Bierzo o Palencia) y que ahora han de engancharse a otros sectores económicos.

Hunosa ya se había iniciado en las labores de la restauración ambiental y postminería. Ahora el Gobierno lanza a la compañía para las actuaciones de restauración de las explotaciones mineras cerradas y de espacios afectados por antiguas minas. “El fin de la actividad minera ha generado una compleja situación económica y demográfica en esos territorios y requiere esfuerzos importantes en su reactivación y, además, ha causado importantes impactos medioambientales cuya restauración ha quedado pendiente por la desaparición de las empresas que explotaban esos espacios”, explican desde la propia compañía.

Entre las labores para la que habilita al grupo su nueva condición están todo tipo de trabajos ligados a la restauración forestal y el saneamiento atmosférico de zonas degradadas por la actividad minera, tanto de pozos subterráneos como explotaciones a cielo abierto; servicios orientados a rehabilitar el patrimonio industrial ligado a la antigua actividad minera; la recogida, eliminación y transformación de escombreras y residuos provenientes del cierre de las minas; y también el impulso de la investigación e innovación de los procesos de regeneración o recuperación de las zonas afectadas. mpleos.

“El fin de la actividad minera ha generado impactos sociales que se unen a los impactos medioambientales de minería”, subrayan fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica. En muchos casos, las labores de restauración ambiental no va a poder ser acometida por las empresas mineras que explotaban las instalaciones “por haber desaparecido o estar en vías de desaparición”, pero estos trabajos son “un elemento crucial para la reactivación de las zonas especialmente ante el nuevo desafío socioeconómico que supone el Covid-19”.

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