En la madrugada del 21 de julio la Unión Europea hizo un esfuerzo titánico para limar diferencias y crear consensos. El resultado fue la puesta en marcha del Fondo de Recuperación que, con unos recursos de 750.000 millones de euros, no sólo va a a facilitar la recuperación de las economías de los países miembros, sino, lo que es más importante aún, salva el escollo que podría haber implicado la consolidación de una Europa de dos velocidades.

El Banco Central Europeo (BCE) ha cumplido su misión desde el primer momento, al facilitar liquidez al sistema para que, en medio de la pandemia, no faltara el crédito y los estados pudieran seguir financiándose. Desde el BCE se ha empujado de manera decisiva para que el acuerdo fuera posible.

Su vicepresidente, Luis de Guindos, concedió, unas horas después de que se consumara el pacto, esta entrevista en exclusiva a El Independiente. Su optimismo es evidente… y justificado.

Pregunta.- ¿Cuál es su valoración del acuerdo alcanzado en la madrugada del martes para poner en marcha un Fondo de Recuperación europeo?

Respuesta.- Es, sin duda, un buen acuerdo. Manda una señal adecuada para la salida de la crisis. Esta es la primera vez que se va a financiar un plan de estas características con deuda mutualizada. Ese aspecto hay que ponerlo en valor porque es muy importante. Demuestra que hay una voluntad para llegar a un acuerdo. Los mercados, aunque en parte lo tenían descontado, lo han recibido con alivio.

P.- ¿Será suficiente esa cantidad de 750.000 millones de euros para hacer frente a una recesión económica tan aguda como la generada por el Covid-19?

R.- Hay que tener en cuenta que este Fondo se superpone a los planes que ha puesto en funcionamiento cada país. Es un suplemento, aunque sea relevante. El cálculo que ha hecho la propia Comisión Europea es que los estímulos nacionales por sí solos representan ya un 8% del PIB europeo.

En las políticas de solidaridad europeas siempre ha habido condiciones»

P.- El acuerdo implica una indudable condicionalidad. ¿Cómo va a afectar a los países que pretendan tener acceso al paquete de subvenciones?

R.- El debate sobre la condicionalidad yo nunca lo he entendido. En las políticas de solidaridad europeas siempre ha habido condiciones. Los países que quieran recibir esas ayudas tendrán que presentar planes de inversión a la Comisión Europea, que les dará o no su visto bueno. Hay dos vectores prioritarios establecidos previamente: el cambio climático y la digitalización de la economía. No habrá capacidad de veto de un solo país, pero sí la supervisión de la Comisión y, en última instancia, del Consejo Europeo, para que el dinero se destine a inversiones que mejoren la competitividad.

P.- ¿El acuerdo supondrá para España frenar la derogación de la reforma laboral del gobierno de Mariano Rajoy?

La Comisión valoró muy positivamente la reforma laboral de 2012″

R.- Es la Comisión la que tiene que pronunciarse sobre ese asunto, no el BCE. Lo que sí puedo decirle es que la Comisión valoró muy positivamente la reforma laboral de 2012, con la que se crearon casi 500.000 empleos anuales durante seis años consecutivos.

P.- La crisis del Covid-19 ha puesto a prueba a las instituciones europeas. ¿Qué destacaría de la actuación del BCE?

R.- El BCE ha actuado con contundencia. En un triple sentido: por un lado, ha proporcionado liquidez a los bancos en condiciones favorables para evitar una contracción del crédito a empresas y familias; además, ha puesto en marcha un programa de compra de activos, fundamentalmente de deuda pública, que se prolongará hasta al menos mediados de 2021 y que supone un total de 1,35 billones de euros. Además, se han favorecido medidas para mejorar el ratio de capital y la liquidez del sector bancario.

El resultado de esas políticas ha sido positivo. Sobre todo si miramos la evolución de los tipos de la deuda pública y de los diferenciales de la prima de riesgo de los países. Y esta política de acción contundente ha estado acompañada por las políticas que han puesto en marcha los gobiernos nacionales, tanto para facilitar la liquidez y la fluidez del crédito como para que, a través de los ERTE, se evitaran despidos masivos.

P.- ¿Será suficiente con lo que se ha hecho hasta ahora?

R.- Estamos viviendo una situación sin precedentes. En dos meses y medio, con el confinamiento, se ha producido una caída de la actividad muy importante. La economía no estaba preparada para el confinamiento, pero creemos que no se han producido daños estructurales en la economía. Habrá una capacidad de rebote, pero, según nuestros cálculos, tardaremos dos años en recuperar el nivel de PIB que había antes del Covid-19.

El Fondo de Recuperación reduce el peligro de una Europa de dos velocidades»

P.- Algunos países, como España o Italia, han sufrido más que otros las consecuencias de la pandemia, tanto a nivel sanitario como económico, y parece que les costará más recuperarse. ¿Esa brecha puede crear una Europa de dos velocidades?

R.- El shock ha sido común, pero sus consecuencias han sido dispares. Las diferencias se deben a factores objetivos, como el peso del turismo en la economía, la intensidad del confinamiento o la capacidad de respuesta fiscal de cada país. Por eso el plan aprobado el pasado martes es tan importante, ya que intenta reequilibrar esas diferencias para que ningún país se quede atrás. En ese sentido, el Fondo de Recuperación reduce el peligro de una Europa de dos velocidades. Naturalmente, la recuperación no será idéntica, pero el plan lima las divergencias entre unas economías y otras.

P.- ¿Existe algún riesgo de que la caída de la actividad afecte a la solvencia de algún gran banco?

El ratio de capital de la banca europea es del 15%. Suficiente como para aguantar caídas de PIB del 9% y resistir dos años hasta que se produzca la recuperación»

R.- En unos días el BCE va a publicar el Análisis de Vulnerabilidad de las entidades financieras, que sustituye a los tests de estrés. Como media, el ratio de capital de la banca europea es del 15%. Todo indica que con ese elevado nivel de solvencia, la mayoría de bancos europeos puede hacer frente a una caída del PIB del 9% y resistir esos dos años hasta que se produzca la recuperación del nivel de riqueza anterior al Covid-19.

P.- ¿Cree que Europa saldrá fortalecida con esta crisis?

R.- Creo que sí. El proyecto europeo saldrá fortalecido porque, como le decía antes, los países han demostrado que son capaces de alcanzar un consenso. Ha habido voluntad de acuerdo y ha sido una voluntad del conjunto de los países que conforman la Unión Europea. Es un mensaje muy potente.

P.- Algunos economistas dicen que la crisis de 2008 se solventó con recetas neoliberales y que en esta crisis se están aplicando fórmulas neokeynesianas. ¿Está de acuerdo con este análisis?

R.- El origen de la crisis es distinto. Entonces lo que se produjo fue una crisis de endeudamiento, ahora estamos hablando de una crisis sanitaria que ha llevado a un confinamiento que, a su vez, ha provocado una caída sin precedentes de la actividad económica. La respuesta, por tanto, tiene que ser diferente.

Se han puesto en marcha políticas monetarias ambiciosas y, al mismo tiempo, políticas fiscales que han priorizado la ayuda a empresas y familias. A cambio, se ha aumentado el déficit y la deuda pública. Y ese será el legado de esta crisis: un pesado nivel de deuda sobre el PIB.

Ahora había que poner en práctica una política expansiva, que es lo que se ha hecho. Pero luego, cuando la economía se recupere, habrá que reequilibrar el déficit y empezar a reducir la deuda. Esa es la única vía factible para que el estado de bienestar sea sostenible a medio y largo plazo.

Los bancos tienen que utilizar sus beneficios no para dar dividendos, sino para seguir favoreciendo el crédito»

P.- ¿Deben repartir dividendos los bancos este año?

R.- Los bancos tienen que ser muy prudentes a la hora de repartir dividendos. El objetivo de las medidas que se han adoptado desde el BCE era garantizar que no se iba a producir una contracción del crédito. La recomendación de suspender el pago de dividendos va también en ese sentido. Hay que utilizar el beneficio de la banca no para repartir dividendos, sino para seguir favoreciendo la concesión de créditos.