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El Gobierno calcula que el precio del petróleo bajará más de un 15% en 2022

Los analistas llevan la contraria a las previsiones del Ejecutivo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. europa press

El Gobierno de Pedro Sánchez espera que el precio de los carburantes se desplome el año que viene un 16% en contra de lo que afirman los analistas del mercado. Además de la crisis eléctrica y gasista, el petróleo sigue escalando semana a semana y durante este miércoles se ha alcanzado un nuevo récord. En concreto, el barril de Brent, de referencia en Europa, avanza hasta los 83 dólares, ahondando en la caos energético en el que está sumido España.

El encarecimiento de la materia prima ha provocado que la gasolina y el diésel se sitúen también en máximos históricos y el litro ronda los 1,54 euros y los 1,47 euros respectivamente. Para aliviar dicha situación el Gobierno se encomienda a una drástica reducción del precio y espera que el barril de Brent caiga hasta un 30%.

Desde que se tocaran mínimos de casi ocho años en abril de 2020, coincidiendo con el confinamiento total en un tercio del planeta, los precios de los carburantes se han incrementado más de un 25%, pasando de los 1,10 euros por litro de gasolina hasta los 1,54 y 1,47 que marcan las gasolineras españolas en estos momentos.

En concreto, el Ejecutivo de Pedro Sánchez recalca en el Libro Amarillo de los Presupuestos Generales del Estado que el barril de Brent finalizará el próximo año en torno a los 60,4 euros por barril (-16%), diez euros por debajo de las previsiones que maneja el Gobierno para finales de este año dado que cifra el coste del barril en 71,6 euros.

En los presupuestos se remarca que se espera que el repunte de los precios derivados del petróleo sea temporal “y vaya diluyéndose hacia finales de 2021 e inicios de 2022, como consecuencia de la estabilización de los precios de la energía, la desaparición de los efectos base y la relajación de los cuellos de botella en la oferta”.

Para justificar el incremento de hasta el 25% el litro de gasolina, el Gobierno se parapeta en “la progresiva recuperación de la demanda mundial y la reactivación de los viajes y el turismo, a lo que se han sumado las restricciones de oferta mantenidas por la OPEP en los últimos meses”.

Los analistas llevan la contraria al Gobierno

Pero la visión del Gobierno de Pedro Sánchez dista mucho de lo que esperan los principales analistas del petróleo. Los expertos del banco de inversión JP Morgan creen que el crudo oscilará entre los 70 y 75 dólares, por lo que el coste por barril será prácticamente el mismo que el precio medio de este año. 

Sobre la posibilidad de ver un petróleo en 100 dólares a medio plazo, JP Morgan comenta que «el superciclo del petróleo está en marcha, ya que el endurecimiento de la oferta/demanda aumenta la probabilidad de escenarios alcistas por encima de 100 dólares por barril«.

Por su parte, UBS, en un reciente informe, también atisba la misma espiral alcista en la que el petróleo entró el pasado verano y esperan que durante 2022 el precio de barril de Brent oscile entre los 70 y los 75 dólares. 

Paolo Zanghieri, Economista Senior de Generali Investment, tampoco comparte las previsiones del Gobierno y espera que “el Brent alcance los 85 dólares por barril a finales de año y que se mantenga por encima de los 75 hasta mediados de 2022, pero los recientes acontecimientos añaden un importante riesgo al alza”.

El marco regulatorio en el que se mueve el petróleo tampoco invita al optimismo de cara al año que viene. El precio por emitir emisiones de dióxido de carbono en Europa se encuentra en máximos históricos, y está cerca de sobrepasar la cota de los 60 euros por tonelada. 

Arianna Fox, analista de renta variable europea de Schroders, explicaba recientemente en un informe que “la subida de los precios del carbono encarece la energía procedente de los combustibles fósiles. Al mismo tiempo, hace que la energía verde -como la eólica o la solar- sea más competitiva, lo que debería fomentar un cambio en el comportamiento de los consumidores y de los proveedores”.

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