La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha puesto patas arriba el tablero geopolítico y amenaza con tener unas repercusiones económicas aún de calibre desconocido. Pero el sector turístico ya teme que la esperada recuperación tras la pandemia se vea frenada por el alza de precios y la inestabilidad. En el caso de España, cunde el temor a perder definitivamente al turista ruso. Un visitante extranjero no muy abundante, pero con un poder adquisitivo y de gasto por encima de la media.

En 2019, el último año no afectado por la pandemia, llegaron a España 1,3 millones de visitantes rusos (1,6% del total), que dejaron un gasto turístico de 1.349 millones de euros. En total, dejaron 5,36 millones de pernoctaciones en establecimientos hoteleros reglados.

En el caso de que dentro de las sanciones que tome la Unión Europea con Rusia esté una limitación de visados o barreras para el transporte, el destino más afectado sería Cataluña, que concentró 2,92 millones de pernoctaciones (el 60% del total). Especialmente se verían golpeados destinos de la Costa Dorada y la Costa Brava o el Maresme, así como Barcelona capital.

Por su parte, Baleares tuvo 776.000; Canarias, 496.000; Andalucía, 263.000; Comunidad Valenciana 234.000; y la Comunidad de Madrid, 204.000. Aunque en la Comunidad Valenciana en su conjunto apenas representa el 2% del total, en el ámbito del turismo residencial sí tienen más importancia debido a la importante colonia de residentes rusos que se sitúa sobre todo en la provincia de Alicante y en las comarcas de La Marina Baixa y La Marina Alta. No en vano, en la localidad de Altea se encuentra la primera iglesia ortodoxa que se construyó en España.

De hecho, los empresarios turísticos de esta región dicen llevar una década trabajando por ampliar este mercado con una estrategia a medio y largo plazo. Se trata, explican, de un país en crecimiento con un mercado potencial de entre 40 y 50 millones de habitantes (de los 146 millones de rusos) que cuenta con una clase media y media alta cada vez más cosmopolita y numerosa.

De momento no se pueden cuantificar ni cancelaciones ni anulaciones, pero "los efectos de este conflicto, si se prolonga en el tiempo, se harán notar tarde o temprano. Tanto en una contracción de reservas como en un nuevo encarecimiento de todos los costes", dicen desde Hosbec.

Alza de costes y de precios

Sin embargo, la recuperación de los turistas rusos tras el golpe de la pandemia aún estaba en niveles muy bajos, que no llegan ni al 10% de las cifras pre-covid. "Notamos una recuperación muy fuerte de alemanes, ingleses o noruegos, pero debido al coronavirus ahora mismo no había rusos. Los turoperadores no habían vuelto y puede que no vuelvan", dice Toni Raurich, consejero delegado de la plataforma de reservas por internet eBooking.com.

"Tenían el problema de que la vacuna Sputnik no estaba reconocida y la devaluación del rublo que les había hecho perder parte de su capacidad adquisitiva", añade José Luis Zoreda, vicepresidente de la Alianza para la Excelencia Turística Exceltur.

Sobre las consecuencias a nivel global, aún reina la incertidumbre. "Si es algo rápido que no genera inestabilidad a lo largo de los países europeos, pudiera ser que tuviera un impacto relativo sobre la movilidad turística", sentencia Zoreda.

El resto, es echar una moneda al aire. Pero está claro que las compañías aéreas, las hoteleras y los negocios de restauración van a tener que decidir entre repercutir el alza de costes operativos en sus clientes o asumirlo con sus márgenes empresariales. "La repercusión de costes de las aerolíneas sobre el billete puede ser disuasorio para aquellos segmentos más sensibles al precio", avisa Zoreda.