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Salsas, galletas y conservas: drama en la industria ante la falta de aceite de girasol

Las empresas de alimentación ven cómo se agotan sus reservas y reformulan sus recetas para incorporar otras grasas vegetales

Un expositor casi vacío de botellas de aceite de girasol en un supermercado.

Un expositor casi vacío de botellas de aceite de girasol en un supermercado. EFE / Diego Fernández

«La situación es crítica. El tiempo depende de cada empresa, pero en ningún caso el stock da para seguir produciendo con normalidad más de dos o cuatro semanas». Es la alerta que lanza Rubén Moreno, director general de la patronal Produlce, que agrupa a empresas como Nestlé, Lindt, Gullón o Bimbo.

Cada vez es más complicado encontrar botellas de aceite de girasol en las estanterías de los supermercados pese a las limitaciones de compra que han establecido algunas cadenas. Sin embargo, esa es sólo la punta del iceberg del problema al que se enfrenta este producto tras la guerra de Ucrania, de donde España importaba casi el 70% de su consumo.

La industria alimentaria que emplea esta grasa para sus miles de elaboraciones ha puesto a sus equipos de I+D a trabajar a contrarreloj para adaptar sus recetas a grasas alternativas como la palma, la colza o la soja. Pero el margen es realmente ajustado.

Entre el 60% y el 70% del volumen de los productos de la industria del dulce sufre la escasez. «Están afectadas prácticamente todas las galletas, los productos de bollería y pastelería, e incluso productos de panificación envasados como los panes de molde, que llevan una pequeña fracción grasa para su conservación», explica Moreno. Pero tampoco se libran de los problemas las coberturas o los rellenos de chocolate.

En el mundo de los platos preparados y las salsas (kétchup, mayonesas o salsas para pasta) la situación es muy similar. Fuentes de uno de los grandes proveedores españoles de aceite de girasol asegura a El Independiente que en uno de los grandes fabricantes de pasta alimenticia la sensación es de «auténtica desesperación» ante la falta de un ingrediente clave para muchos de sus productos.

«Estamos en una situación muy complicada y no sabemos lo que va a durar esto», añade Antonio Sampalo, director de Exportaciones de Aceites Abril, otro de los grandes productores de aceite de girasol en España. La compañía orensana ve cómo su stock se agota con el paso de los días. Y cerca del 30% de su producción va directamente al suministro de las conserveras gallegas.

Más de la mitad de las conservas

Precisamente, el secretario general de la Asociación Nacional de Fabricantes de Conservas de Pescados (Anfaco-Cecopesca), Juan Vieites, expresaba el pasado lunes su «preocupación máxima» ante la escasez de aceite de girasol. De las 98.000 toneladas de aceites vegetales que usan cada año las conserveras españolas, el 44% es de oliva, mientras que otro 56% es de girasol. Ahora, están explorando alternativas con la soja.

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, admitía este miércoles ante el Congreso que el desabastecimiento de aceite de girasol «pudiera producirse en el supuesto de que no se efectúen compras en otros mercados».

Pero según los expertos consultados, la opción de suplir el cierre del mercado ucraniano con las producciones de otros países como Argentina, Moldavia, Bulgaria o Brasil es insuficiente ante al baja cantidad que proporcionan respecto a la producción que tenía el país atacado por Rusia. Por ejemplo, el primero apenas produce un 15% del volumen de Ucrania y, además, no cuenta con la homologación requerida por la Unión Europea.

Competencia feroz

«La alternativa es la colza, la palma y la soja, pero tampoco hay porque vienen de fuera y sus precios se van a disparar», añade Sampalo. Estas últimas proceden fundamentalmente de mercados internacionales donde la competencia va a ser feroz. Y eso se traduce de manera directa en los precios.

«La colza está subiendo y el aceite de orujo de oliva se va a acabar entero. Además, la palma se va a ver muy beneficiada a pesar de que últimamente se estaba retirando de las composiciones por temas de salud», agrega Manuel Alfonso Torres, director agroindustrial olivícola del grupo portugués Sovena.

Por su parte, elevar las plantaciones en España tampoco resolvería el problema a corto plazo ni serviría para cubrir la demanda. Además, todavía se tardará mucho tiempo en poder volver a importar desde Ucrania, donde las cosechas se van a perder definitivamente.

Durante un período de tiempo no va a haber más aceite de girasol que el que tenemos»

Pedro Barato (presidente de asaja)

«Las desgracias no son buenas y vamos a ver cómo se pueden ir sustituyendo las necesidades. Pero, de momento, no va a haber más aceite de girasol en un período de tiempo que el que tenemos«, confirma el presidente de la Asociación de Jóvenes Agricultores (Asaja), Pedro Barato.

Esto tendrá irremediablemente un empuje para el mercado del aceite de oliva, del que España es el mayor productor mundial. El problema es que en la industria alimentaria, sobre todo en la del dulce, no es una alternativa viable dado su efecto sobre el sabor original de los productos.

En cualquier caso, añade Moreno, «es probable que ya no tengamos un único tipo de aceite con el que hacer todos los productos, sino que dada la altísima volatilidad del mercado y los problemas de aprovisionamiento, un día tengamos que hacer la receta con aceite y otro día con otro».

Esto tiene como contrapartida la necesidad de llevar a cabo un proceso de rediseño de los etiquetados de cientos de miles de productos. Por eso, desde la industria alimentaria piden que la Administración flexibilice los requisitos actualmente vigentes. «Estamos en una situación tan crítica que la alternativa son lineales vacíos«, concluye el presidente de Produlce.

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