Entrar al supermercado y tener la sensación de que todo está más caro que antes de la pandemia no es solo una percepción. Para mantener en 2026 el mismo poder de compra, sólo en la alimentación, respecto de 2019, el sueldo medio en España debería incrementarse en 1.071 euros al año —o en 89,3 euros mensuales a lo largo del ejercicio—, una cifra calculada sobre el salario bruto medio de 2.385,6 euros mensuales en catorce pagas. Es decir, se trata de un promedio estadístico, por lo que, en función del nivel salarial y de los hábitos de consumo de cada familia, el impacto real podría ser mayor o menor.

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Así, la magnitud de este desfase ayuda a explicar por qué, según la Encuesta sobre finanzas del hogar elaborada por Funcas, el 55% de los españoles percibe que la situación económica del país es peor que antes de la pandemia, pese a que España figura entre las economías avanzadas que más crecen en los últimos años.

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En este sentido, la divergencia entre los buenos datos macroeconómicos y la experiencia cotidiana tiene varias explicaciones. Una de ellas es que el PIB per cápita avanza a la mitad de ritmo que el PIB total, ya que el crecimiento se reparte entre una población que no deja de aumentar. A ello se suma la denominada "progresividad en frío del IRPF", es decir, cuando no se actualizan los tramos del impuesto con la inflación, parte de las subidas salariales empuja a los contribuyentes a escalones superiores sin que exista una mejora real de su poder adquisitivo. Pero también influyen factores mucho más visibles en el día a día, como el coste de llenar la cesta de la compra.

Un 20% menos de poder de compra desde 2019

Tras la pandemia, la inflación se disparó por los cuellos de botella derivados del confinamiento, y, posteriormente, por el impacto de la invasión rusa en Ucrania, llevando el crecimiento anual del IPC (Índice de Precios al Consumo) a tasas de doble dígito. Por su lado, el avance de los salarios no ha conseguido seguir este ritmo y han quedado rezagados.

En concreto, desde 2019 y hasta diciembre de 2025, la inflación acumulada de los alimentos y las bebidas no alcohólicas se ha incrementado un 40,5%, según los datos del INE. En cambio, el incremento de los salarios pactados en convenios lo han hecho un 20,2% en el mismo periodo, de acuerdo con el Ministerio de Trabajo, lo que implica una pérdida del 20,3% de poder adquisitivo a la hora de hacer la compra en el supermercado.

Además, es importante puntualizar que los convenios colectivos reflejan la evolución media de las nóminas de unos diez millones de trabajadores, pero dejan fuera una parte relevante del mercado laboral: empleados sin convenio registrado, perceptores del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) o trabajadores autónomos. En estos casos, donde las subidas salariales pueden haber sido menores, el desfase frente al encarecimiento de los alimentos resulta potencialmente más acusado.

Asimismo, la inflación alimentaria media oculta incrementos mucho más intensos en productos concretos. Por ejemplo, desde 2019, el precio de los huevos se ha disparado un 91,4%, el de los zumos de frutas y vegetales, un 71,5%, y el del chocolate, un 65,2%, lo que contribuye a reforzar aún más la sensación de encarecimiento percibida por los consumidores.

Así, dado que el salario medio de los españoles en 2024 —último año disponible— fue de 2.385,6 euros brutos al mes en 14 pagas y que, según la Encuesta de Presupuestos Familiares, las familias destinaron el 15,8% de su salario en hacer la compra, esto se traduce en que al año gastan 5.277 euros. Ahora bien, dado que la inflación de los alimentos ha crecido un 20,3% más que los salarios, esto quiere decir que, en promedio, las retribuciones deberían aumentar en 1.071 euros en 2026 —89,3 euros mensuales— para que el encarecimiento de los precios no altere el coste real de una misma cesta de la compra.

35.000 millones extra para Hacienda

Pero claro, el margen de los hogares no depende solo de lo que gastan, sino también de la parte del salario que queda disponible tras pasar por Hacienda. En este sentido, la falta de actualización de los tramos del IRPF con la inflación ha elevado el peso efectivo del impuesto sobre la renta de las familias, el fenómeno conocido como "progresividad en frío": es decir, los contribuyentes pagan más sin haber ganado realmente más poder adquisitivo.

En concreto, la Contabilidad Nacional de los Hogares pone coste a este fenómeno. Si bien, antes de la pandemia, las familias destinaban el 10,8% de su renta total al pago del IRPF; en 2024, esa proporción se situaba en el 12,4% y actualmente ronda el 12,6%. Estos dos puntos de diferencia suponen alrededor de 35.000 millones de euros más que salen de los bolsillos de las familias respecto de 2019, reduciendo aún más su capacidad real de gasto en un contexto marcado por el encarecimiento de bienes básicos como los alimentos.