Ni el récord de empleo ni la acelerada implantación de la inteligencia artificial (IA) han conseguido mejorar la productividad por trabajador en España. En 2025, el mercado laboral superó por primera vez los 22 millones de afiliados a la Seguridad Social, registrando un máximo histórico de ocupación, mientras la adopción de sistemas de IA entre las empresas pasó del 12,4% en 2023 al 21,1% en el primer trimestre de 2025, según la Encuesta sobre el uso de TIC y del comercio electrónico en las empresas que elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Sin embargo, tras dos años consecutivos de retroceso, vuelve a ampliarse la brecha de productividad media anual por trabajador que separa a España de la media de la Unión Europea.
Los últimos datos de Eurostat reflejan que España cerró 2025 con una productividad por trabajador del 97,6, tomando como referencia la media europea fijada en 100. Aunque en 2023 el indicador llegó a situarse en el 98,6 y logró superar ligeramente el nivel prepandemia —en 2019 se encontraba en el 98—, los últimos dos ejercicios han revertido esta recuperación en plena fase expansiva del mercado laboral: en 2024 bajó al 98,5 y en 2025 profundizó la caída hasta el 97,6, consolidando así una tendencia a la baja.
Un problema de fondo
Además, la serie evidencia un problema estructural de fondo y con largo recorrido. El punto más alto se registró en 2009, con un 104,9, en pleno impacto de la crisis financiera de 2008. Sin embargo, aquel repunte no respondió a una mejora real de la eficiencia económica, sino al efecto estadístico provocado por la intensa destrucción de empleo, especialmente en sectores de menor valor añadido. Es decir, al caer más rápido el número de trabajadores que la producción, la productividad aparente aumentó de forma coyuntural.
Tras el repunte registrado en 2009, la productividad por trabajador fue corrigiéndose de forma progresiva y ajustándose a la realidad económica, iniciando una senda descendente durante la siguiente década. Y, aunque durante esos años todavía se mantenía ligeramente por encima de la media europea, a partir de 2018 España pasó a situarse por debajo del promedio de la UE.
A ello se sumó en 2020 el impacto de la pandemia, que provocó el efecto opuesto al de la crisis financiera de 2008. Mientras en 2009 la destrucción de empleo elevó de forma artificial la productividad por trabajador, el parón de actividad económica durante el Covid hundió el indicador hasta su mínimo histórico de toda la serie, un 92,7.
Aunque el impacto de la pandemia afectó al conjunto de la Unión Europea, en el caso de España, el deterioro fue más intenso y amplió todavía más la brecha con el promedio comunitario. La recuperación posterior permitió recuperar los niveles previos al Covid e incluso superar en 2023 el registro de 2019, pero desde entonces la tendencia ha vuelto a invertirse. Es decir, el 97,6 registrado en 2025 según Eurostat evidencia que España vuelve a ampliar la brecha de productividad que mantiene con la media europea y confirma que ésta sigue siendo una de las principales debilidades estructurales de su modelo económico, incluso en una fase de expansión en la que el país destaca como una de las economías desarrolladas que más crece del mundo.
Más empleo, pero no más productividad
Precisamente, una de las principales explicaciones de esta debilidad estructural está en el propio motor de crecimiento económico de los últimos años. Durante una rueda de prensa celebrada el pasado jueves sobre la situación económica de España, el vicesecretario de Economía del Partido Popular, Alberto Nadal, resumió esta idea con una advertencia clara: "Una gran parte del crecimiento español se debe, exclusivamente, al crecimiento poblacional de medio millón de personas que entran en la economía española todos los años; este medio millón trabaja, consume y aumenta la demanda de la economía, pero la productividad media no sube; de hecho, desciende".
En esta misma línea, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, destacó que "llevamos cuatro ejercicios seguidos sumando medio millón de afiliados al año". Los últimos datos del Ministerio reflejan que, en abril de 2026, el número de afiliados medios a la Seguridad Social superó por primera vez los 22,1 millones de ocupados, hasta alcanzar los 22.105.831 trabajadores, con 517.192 cotizantes más que un año antes. Además, la afiliación de extranjeros continúa en máximos y se acerca ya a los 3,25 millones.
Sin embargo, sostener el crecimiento económico sobre el aumento del empleo y de la población permite engordar el PIB, pero no garantiza una mejora real de la renta ni del bienestar de los ciudadanos. En otras palabras, la economía crece en volumen, pero no necesariamente en productividad ni en capacidad adquisitiva. De hecho, según los datos de BBVA Research, desde 2019 el PIB ha crecido un 11,3%, pero el PIB per cápita lo ha hecho la mitad (un 6%), y el PIB por ocupado solo ha recuperado los niveles prepandemia en el primer trimestre de 2026. "Somos más gente viviendo en España, pero no producimos más por persona y, por lo tanto, por eso no sube el salario real", resumió Alberto Nadal.
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