«Es algo que va a ocurrir en algún momento y queremos ser parte de este proceso». A Ana Botín, presidenta de Santander, el euro digital no le asusta. Así hablaba en una rueda de prensa reciente sobre esta iniciativa, que aún está en mantillas en la mesa de trabajo del Banco Central Europeo (BCE) y que puede suponer una revolución en los medios de pago, pero también para el sector financiero. Todo depende de cómo se diseñe.

El supervisor bancario de la zona euro lanzó hace algunas semanas una consulta pública sobre la puesta en marcha de la moneda única digital. Al calor del creciente interés por este tipo de divisas y del respaldo que otros bancos centrales han ido dando a la idea, el BCE se ha puesto manos a la obra con la Comisión Europea para explorar la posibilidad de emitir euros digitales, que no sustituirían al efectivo, sino que lo complementarían. «El BCE considerará iniciar un proyecto de euro digital hacia mediados de 2021», explicaron ambas instancias en un comunicado conjunto recientemente.

Christine Lagarde, presidenta del BCE, es optimista con el proyecto. Hace algunas semanas mostraba su confianza en que el euro digital se convertirá en una realidad y lo hará, además, dentro de no mucho, en «no más de cinco años». De hecho, el BCE ha abierto recientemente la puerta a realizar pruebas piloto del euro digital antes de su lanzamiento masivo en varias ciudades de Europa, aunque sin plazo, emulando así al Banco Popular de China, que ya permite el uso del yuan digital en Shenzen.

Uno de los riesgos principales es la estabilidad del sistema financiero en el sentido de que este euro digital pueda reemplazar a los depósitos»

Alejandro Neut

El objetivo es permitir el uso de un dinero digital que sea fiable y esté respaldado por un banco central (y, de hecho, depositado en sus arcas), es decir, que equivalga a los actuales billetes y monedas. No se trata de hacerlos desaparecer, sino de que sea posible utilizar este método de pago en situaciones en las que ahora es imposible.

«Puedes estar en los Alpes o en medio del desierto y utilizar el papel para el intercambio de bienes y servicios. Eso es muy útil y universal, pero esa universalidad no llega al mundo digital, donde se produce cada vez más el intercambio entre ciudadanos», explica a El Independiente el economista Alejandro Neut, de BBVA Research. En efecto, en medio del desierto se puede intercambiar una moneda, pero quizás es más difícil pillar cobertura para pagar a alguien con un euro digital.

Anónimo, como el bitcóin

Lo que está claro es que digitalizar la moneda, con los riesgos que puede conllevar, supondrá una disrupción para la forma en la que se ofrecen actualmente los servicios financieros.

Una de las primeras cosas que debe decidir el supervisor a la hora de diseñar este euro digital sería si quiere que sea anónimo, como puede ser una moneda o un bitcóin, que no están asociados a ninguna entidad física, sino solamente a su portador. El bitcóin, por ejemplo, se guarda en un monedero virtual que tiene una clave y con esa contraseña se puede utilizar.

¿Es un euro digital lo mismo que un bitcóin? Desde el Ministerio de Asuntos Económicos rechazan esta idea. Pablo de Ramón-Laca, director general del Tesoro y Política Financiera, explicaba en un encuentro organizado por Expansión que «lo único que tienen en común es la tecnología».

«A lo que aspira [el euro digital] es a ser un sustituto del billete, a que en un mundo con cada vez más transacciones el consumidor pueda formar parte del pasivo del BCE. No es participar en una criptomoneda (…) su propósito es acercar al ciudadano al BCE, no evitarlo, como pretenden muchas criptomonedas», explicaba De Ramón-Laca.

El problema de que sea anónimo es el mismo que con el dinero en efectivo: la posibilidad de utilizarlo para promover actividades criminales y que se escape al control de las autoridades. Si no es anónimo y, por tanto, es trazable, el problema está en que podría sustituir a los depósitos, algo que pondría en serio riesgo al sistema financiero tal y como se conoce hoy en día.

Es algo que va a ocurrir en algún momento y queremos ser parte de este proceso»

Ana Botín

«Uno de los riesgos principales es la estabilidad del sistema financiero en el sentido de que este euro digital pueda reemplazar a los depósitos, al dinero bancario», explica Neut. El economista subraya que el modelo de negocio de los bancos comerciales consiste en canalizar la riqueza que los consumidores depositan en sus arcas hacia la inversión.

El riesgo podría surgir si los consumidores prefieren tener su dinero atesorado en en el BCE en lugar de mantenerlo, como se hace ahora, en depósitos que los bancos pueden convertir en inversión, «igual que los billetes se quedan en el bolsillo y se pierde gran cantidad de recursos para la economía», como explica este experto.

«Toda la economía del siglo XX se sustenta en que las necesidades de liquidez nunca son simultáneas para toda la población y todo el mundo tiene acceso a la liquidez si no es al mismo tiempo. El euro digital puede poner en riesgo este paradigma», afirma Naut.

Un riesgo que, según el experto de BBVA Research, podría amplificarse en el caso de que el BCE decidiera empezar a invertir los euros digitales que los consumidores tengan atesorados en sus arcas, algo que, en todo caso, haría que la independencia del BCE empezara a tener «pies de barro», pues rozaría los límites del terreno de la política fiscal.

Los bancos centrales se plantean, además, si es necesario limitar la cantidad de divisas digitales que podría tener cada persona de forma anónima y, «sobre ese límite, que pueda ser observado o seguido por autoridades competentes para limitar las actividades criminales», explica Neut.

En definitiva, se trata de una cuestión que aún se mueve en terreno de lo conceptual y sobre la que aún hay dudas sobre el valor que puede ofrecer a las economías, y «más en los países desarrollados, donde hay innovación y las fintech y los bancos están dando soluciones», apunta Neut.

Es por eso que desde el sector financiero se espera que el euro digital se lance con su colaboración, aprovechando sus conocimientos y capacidades. Ya lo dijo Botín: «Queremos ser parte del proceso».