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Imagen de un bitcoin. Pixabay

Economía | Finanzas

Bitcoin, de valor especulativo a refugio gracias a la pandemia

Aquellos tiempos en los que el concepto del bitcoin iba ligado a la especulación están empezando a quedar atrás. La percepción de los inversores sobre este valor ha cambiado a lo largo de sus pocos años de vida y empieza a ser considerado como un activo más a tener en cartera, también por algunos grandes actores de la industria de la inversión. La tendencia se ha acentuado a lo largo de la pandemia, durante la que las entradas en bitcoin se han disparado, al igual que el precio de esta criptomoneda, que se sitúa ya en los 31.000 dólares, casi el triple que hace apenas cinco meses.

Su evolución a lo largo de 2020 ha sido de infarto. Comenzó con un precio en torno a 8.700 dólares y llegó a tocar los 10.317 en febrero, tras lo cual en tan solo un mes se desplomó hasta los 4.826 dólares. Cerró a este precio el 12 de marzo, en vísperas de los confinamientos más estrictos, cuando la asunción de que venía por delante una fuerte crisis, que había obligado días antes a los bancos centrales a poner en marcha planes de emergencia (el Banco Central Europeo se reunió ese mismo día, pero su respuesta fue tibia), hundió el precio de la criptomoneda más famosa del mundo más de un 39%.

Lo que parecía un revés para los inversores de bitcoin tardó poco en despejarse. Tras aquel hundimiento, la moneda comenzó un ascenso que le ha llevado a superar los 40.500 dólares hace unos días. Este récord tuvo lugar el 8 de enero, cuando el bitcoin valía un 403% más que el mismo día de un año antes, una estelar evolución que pocos valores han experimentado en uno de los años más duros para los mercados. Ahora su precio se encuentra cercano a los 31.000 dólares y los expertos auguran aún un buen margen de subida.

Detrás de este ascenso meteórico se esconden varios factores. Cierto es que muchos ahorradores se han estrenado a la hora de invertir durante la pandemia aprovechando el desplome de los mercados y el tiempo en casa impuesto por el confinamiento y, en este contexto, se ha producido una demanda muy fuerte por activos tecnológicos y similares. Un claro ejemplo ha sido el interés por acciones de empresas de este sector (como Zoom), especialmente entre los jóvenes, pero también por las criptomonedas, que anteriormente solo resultaban atractivas para los usuarios más expertos.

Esta confianza en el bitcoin por parte de los inversores ha venido facilitada por «el fuerte apoyo de los institucionales para considerar las criptomonedas como un activo», como explica Alejandro Zala, director de Bitpanda en España, en una entrevista con El Independiente. «Hasta hace uno o dos años era un activo muy centrado en el pequeño inversor y ahora ha dejado de ser solo para pequeños inversores y se ha convertido en un activo para institucionales», añade este experto.

En distintos ámbitos, los grandes de la industria financiera están abriendo sus puertas al bitcoin y a considerarlo un activo como los demás. Hace algunas semanas, PayPal anunció a sus usuarios que ya permite comprar y vender en varias criptomonedas, mientras que BlackRock ha facilitado la inversión en divisas virtuales en dos de sus fondos.

¿Valor refugio?

En las crisis los inversores suelen recurrir a los llamados «valores refugio», que son aquellos que aumentan o, al menos, mantienen su valor a pesar de las turbulencias. El valor refugio por excelencia es el oro, que durante la pandemia ha incrementado un 22% su precio. Mucho menos que el del bitcoin, cuyo ascenso meteórico en los últimos meses ha dado pie a considerarlo el «oro digital», como explica Zala, lo que, a su vez, ha aumentado el interés en esta criptomoneda de los inversores.

El experto no tiene dudas a la hora de considerar al bitcoin como un nuevo valor refugio. «Lo vemos por dos motivos: cuando hay incertidumbre la gente busca inversiones con poca oferta porque son las que mejor aguantan la situación adversa y la tecnología de blockchain hace que sea mucho más eficiente, transparente y fácil la operativa y la transaccionalidad del activo», apunta.

Sin embargo, no todos los participantes del mercado opinan lo mismo. Desde Axa Investment Managers creen que «para que los activos se consideren en una cartera de inversión a largo plazo, uno debería ser capaz de atribuirles algún valor intrínseco fundamental», como ocurre con el crecimiento de ganancias a largo plazo en la renta variable o con la prima de riesgo crediticio en relación con las tasas libres de riesgo en los bonos, pero no con este criptoactivo.

«No hay flujo de caja de bitcoin más que el que es impulsado por el cambio de precio (que puede ser ampliamente negativo o positivo)», que «no se deriva de ningún flujo de efectivo económico fundamental como los beneficios o los ingresos fiscales», apunta el experto de la gestora Chris Iggo.

Es por eso que, en su opinión, el bitcoin «es un instrumento especulativo que en última instancia carece de toda seguridad jurídica, que no puede ser realmente valorado y, por cierto, cuya producción es seriamente intensiva en carbono».

El debate no impide que el pasado año fuera, sin duda, un gran ejercicio para el bitcoin. También en España, «la gran sorpresa del 2020» para Bitpanda, como reconoce su responsable en este país. «España es uno de los países con mayor nivel de adopción y lidera en Europa junto con Irlanda. Si somos unos 50 millones de habitantes en España, el 10% invierte, ha invertido o ha tenido relación con los criptoactivos», apunta.

Otro atractivo del bitcoin es que su oferta es limitada, pues el número de bitcoins que se pueden minar está limitado a 21 millones y cada vez quedan menos disponibles, como explica Zala, pues «la gente que tiene posiciones altas en bitcoin desde hace años ya no los vende (…) hace años que no están en el componente especulativo».

No solo para arriesgados

Fruto de este nuevo interés, las criptomonedas llegan a cada vez más usuarios. «Claramente se ha perdido el miedo. Vemos personas de cincuenta, sesenta o setenta años, que era algo que no veíamos hace años», apunta Zala. El perfil, por tanto, ya no se circunscribe a jóvenes, sino que se amplía a inversores más conservadores que piensan en el largo plazo.

«Hace tres años [los inversores] eran todos muy parecidos, de entre 18 y 30 años con estudios y conocimientos en tecnología, gente que verdaderamente entendía el potencial. Realmente ya ha dejado de ser un producto de nicho», añade.

Sin embargo, un aspecto que sigue suponiendo un freno para muchos es que la regulación de estas criptomonedas avanza, pero no termina de llegar. «Las criptomonedas han cogido un tamaño muy relevante y es necesario que toda la regulación que tenga que haber llegue cuanto antes. Cuanta más regulación haya, mejor para todos, tanto para los que ya estamos como para los que quieren entrar, como los bancos», apunta Zala.

A la hora de ponerse a regular surge la disyuntiva sobre si se debe considerar al bitcoin como una moneda o como un activo, una cuestión de suma importancia para determinar qué supervisor es el encargado de vigilar su funcionamiento (un banco central o una autoridad de valores). Por el momento, desde Axa Investment Managers consideran que no puede ser una moneda, dado que «no tiene ningún respaldo fundamental legal o soberano».

La regulación tarda porque todavía puede considerarse que el bitcoin es una tendencia joven, que por el momento está «como internet en los años noventa», como lo vislumbra Zala. Pero lo cierto es que este proyecto de valor refugio forma parte de un universo cada día más grande en el que le siguen los pasos otras criptomonedas, como Ethereum, y cada vez más habitual en la vida de los ahorradores, especialmente en un momento en el que los bancos centrales ya planean cómo poner en marcha monedas digitales. Entre ellos el responsable del euro, que lo ve posible a corto plazo, en unos cinco años. Sin duda, el futuro del dinero está más presente que nunca.

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