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España

Derecha e izquierda se culpan de la crispación, que rechazan los ciudadanos

¿Existe un grave deterioro del debate político, de la vida parlamentaria, que divorcia a los representantes de sus representados en una situación de crisis sanitaria, económica y social? ¿Es una situación inédita? y ¿quién o quiénes son los responsables? De todas las preguntas la última es la que más unanimidades suscita: los que crispan son los otros. Nadie se reconoce en la autoría de un ambiente cada vez más degradado, a lo sumo, sólo, y un poco, como un acto en defensa propia.

El pasado miércoles se vivió una sesión parlamentaria digna de olvidar. A los gritos de “corruptos”, “dictadores”, “machistas” se unían las alusiones personales a “matonismos políticos” y hasta al moño del vicepresidente segundo, Pablo Iglesias. Para una veterana parlamentaria como la canaria Ana Oramas el problema, reside en que el debate político está en manos de «pirómanos», en referencia a expertos en comunicación y estrategia electoral «como Iván Redondo y Miguel Ángel Rodríguez”, los directores de gabinete de Pedro Sánchez y de Isabel Díaz Ayuso, respectivamente.

La política está en manos de pirómanos, de Iván Redondo y Miguel Ángel Rodríguez»

ana oramas

A ese cóctel añade la, a su juicio, distorsión que genera la entrada al Parlamento de Vox y Podemos y, por último la implantación de un discurso sostenido «en el insulto, la descalificación y el ataque personal. Nunca había sucedido. Rubalcaba mataba en un debate, pero no atentaba al respeto a la institución ni a los presidentes del Congreso». Tampoco se rompían los puentes entre el PSOE y el PP y ahora, en mitad de una pandemia, «Sánchez se pasa dos, tres o cuatro meses sin llamar a Casado».

Pero las sesiones de alto voltaje no son patrimonio de esta legislatura. El Palacio de la Carrera de San Jerónimo alcanzó una temperatura irrespirable con motivo de la intervención de España en la Guerra de Irak, en 2003 gobernando José María Aznar. En aquellos tiempos los diputados populares eran recibidos al grito de “asesinos” y muchos de ellos llegaron a recibir ese mensaje en sus móviles. También se oyó más de un “cabrón” desde los escaños populares dirigido al entonces líder de la oposición, José Luis Rodríguez Zapatero.

Si alguien que esté en un ERTE ha visto la sesión parlamentaria del miércoles, seguramente no le ha gustado”

Pablo Montesinos

Zapatero también conocía las ventajas de mantener tensionada la política. Así se lo confesó al periodista Iñaki Gabilondo, cuando, tras una entrevista, ya fuera de cámara, y a la pregunta sobre cómo les iban las encuestas de las generales de 2008 replicó: “Bien sin problemas, lo que pasa es que nos conviene que haya tensión”.

Y eso que entonces las redes sociales carecían del ascendente actual sobre el tono del debate político. Retroalimentan el discurso de la confrontación, actúan a modo de caja de resonancia de las posiciones más hiperventiladas y arremeten contra el adversario, muchas veces amparados en el anonimato. Todo ello con un lenguaje reduccionista que simplifica la complejidad del discurso y facilita a la clase política jibarizar sus mensajes a 140 caracteres.

La gran cuestión a dilucidar es si el nivel del debate se empobrece en la misma medida que crecen los problemas ciudadanos por la pandemia del Covid. En este sentido el vicesecretario de Comunicación del PP, Pablo Montesinos, admite que la imagen de la clase política “no es reconfortante”. “Si alguien que esté en un ERTE ha visto la sesión parlamentaria del miércoles, seguramente no le ha gustado”, aunque niega en redondo estar siendo arrastrados por la larga sombra de Vox.

Cuando te quitas el complejo de que Franco no era un dictador se oyen cosas en la tribuna como que este es un gobierno criminal»

josé zaragoza

El dirigente popular dirige su dedo acusador hacia Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, “a los que les interesa el ruido y generar esa imagen parlamentaria porque no contestan a nada”. Alude, por ejemplo, a las veces que desde los escaños populares se le ha preguntado al vicepresidente segundo “por su situación judicial y no dice nada” en alusión a la imputación de Podemos por presunta financiación irregular y, más en concreto, al caso Dina, para la que el juez pide que declare ante el Supremo.

Para José Zaragoza, miembro de la dirección del Grupo Socialista, una de las cosas que distingue el actual clima de crispación de episodios anteriores es el modo en que el debate ha bajado al campo de lo personal. Zaragoza, que no es precisamente un blando y al que muchos ven como un provocador, matiza que «distingo las relaciones políticas de las personales. Nunca insulto a nadie». Sin embargo, acude a la definición de «energúmenos» al recordar que en 2011, cuando accedió por primera vez al Congreso con su acta de diputado «había 187 energúmenos gritando», en alusión a los diputados de la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

Además cree que en el discurso político «se han roto los consensos básicos», así como el tabú del franquismo «y cuando te quitas el complejo de que Franco no era un dictador se oyen cosas en la tribuna como que este es un gobierno criminal», en alusión no tanto a Vox como al PP. La serenidad volverá cuando «los del PP se quiten de encima el aliento de Abascal».

Los extremos se retroalimentan y tratan de provocarse. El adversario se convierte en enemigo»

edmundo bal

Hay un clarificador estudio de Metroscopia que retrata a una sociedad divorciada de su clase política. Realizado a principios de este mes, define el estado anímico de los españoles de la siguiente manera: “pesimistas, desamparados y sin confianza institucional”. No son percibidos a la altura de las circunstancias ni el Gobierno central, ni los autonómicos, pero tampoco los partidos de la oposición, lo que significa que a la crisis institucional se une otra de representación política.

A la tesis de la desafección se apunta el portavoz de Ciudadanos, Edmundo Bal, que alerta respecto del “fracaso de la política” y de no responder a las necesidades ciudadanas. “Hay grupos y personas interesadas en la crispación. Se convierte al adversario en enemigo”, afirma. ¿Y quiénes son los culpables? A su juicio “los extremos se retroalimentan y tratan de provocarse los unos a los otros. Viven de tener enfrente al enemigo”. En todo caso, muestra cierto optimismo al vaticinar que “acabará imponiéndose la fuerza de los hechos. De este modo no contentas a los ciudadanos, no te ganas a los españoles”.

Ciudadanos “intenta bajar la tensión y tener un tono moderado”, frente a «la polarización y la teatralización del mensaje. Siempre nos centramos en el tono o en las palabras que se usan y lo que hay que preguntarse es el porqué».

Este escenario beneficia a la extrema derecha. La desafección es un rio revuelto, un campo abonado»

jaume asens

Para el portavoz del grupo Unidas Podemos, Jaume Asens, hay que distinguir entre la “política espectáculo” y la crispación. A la primera correspondería el cartel de Arrimadas donde cuestionaba el nivel académico de Adriana Lastra, las camisetas con que Podemos inauguró su entrada en el Parlamento o las esposas de Gabriel Rufián. La segunda se traduce “en falta de respeto al compañero e interrumpirle”. Cuando desembarcó en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo desde el ayuntamiento de Barcelona “me impactó muchísimo el ejercicio de hooliganismo desde los escaños”.

No duda en afirmar que este escenario “beneficia a la extrema derecha. La desafección es un rio revuelto, un campo abonado. Ellos buscan generar un clima de tensión, de coacción pública y de insurrección”, aunque admite que, en ese clima, “la tentación de devolver el golpe es grande y cuando haces eso, has perdido”. Niega que Unidas Podemos se alimente de la crispación y sea uno de los polos de tensión. Es más, la polarización con Vox “beneficia al PSOE, porque genera miedo y la gente se refugia en el voto útil”.

A través del concepto de la crispación se intenta eliminar cualquier tipo de disidencia»

ignacio garriga

Quien niega la mayor es el portavoz adjunto de Vox, Ignacio Garriga, el mismo que defenderá este miércoles la moción de censura de Santiago Abascal. Considera que a través del concepto de la crispación “se intenta eliminar cualquier tipo de disidencia. Por decir las verdades y denunciar todas las mentiras nos acusan de crispar”. Tras alegar que “los únicos que abanderan un clima de odio, de confrontación y de violencia es la izquierda”, se queja de “los continuos insultos. Nos llaman fascistas, machistas, homófobos, racistas… nos los colgamos como medallas”. “No son capaces de desmontar nuestras verdades ni de dar la batalla de las ideas”.

La próxima semana se debate la moción de censura de Santiago Abascal contra Pedro Sánchez. Constituirá un buen termómetro de hasta dónde es capaz de llegar el tono del debate político, con el Congreso convertido, una semana más, en una olla a presión.

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