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Urkullu y Sánchez, dos años y medio de acuerdos y reproches

El último encuentro bilateral entre ambos presidentes se remonta a junio de 2018. Para febrero se anuncia una nueva cita en la que el reparto de fondos europeos, la gestión de la crisis, las transferencias y el autogobierno estarán sobre la mesa.

Urkullu y Sánchez, reunidos en la Moncloa.

Urkullu y Sánchez, reunidos en la Moncloa. EFE

Hace dos años y medio que no se reúnen. El último encuentro bilateral entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el lehendakari Iñigo Urkullu data de junio de 2018. Entonces ambos lideraban otros Gobiernos y la realidad que debían gestionar poco se parecía a la que ahora afrontan. Sánchez y Urkullu anuncian ahora un nuevo encuentro para este mes de febrero. En el tiempo transcurrido desde junio de 2018 hasta hoy las prioridades han cambiado radicalmente sus agendas. También las necesidades de uno y otro.

A la espera de cerrar la fecha precisa del encuentro en Moncloa y de ultimar la agenda, el cuaderno de peticiones de Urkullu se ha ido escribiendo a lo largo de estos treinta meses. A las habituales demandas de cerrar íntegramente el Estatuto de Gernika de 1979 y de abrir el debate de un nuevo modelo territorial, el Ejecutivo vasco quiere presionar para que el Gobierno de Sánchez le tenga muy en cuenta en el reparto de los fondos europeos para la recuperación económica.

Urkullu hace semanas que le remitió al presidente su larga lista de 188 proyectos con los que aspira a obtener hasta 5.700 millones de euros de financiación comunitaria. Un montante que Euskadi ya ha situado como esencial para afianzar proyectos relevantes como el Tren de Alta Velocidad o la transición energética. El lehendakari sabe que, en gran medida, el reparto de recursos puede estar condicionado por los criterios que aplique la Administración, y que aún considera poco precisos. También que el ‘favor’ del Gobierno Sánchez-Iglesias, al que el nacionalismo vasco ha dado su apoyo, puede jugar en esta cuestión un papel importante.

En los dos años y medio que separan el último encuentro y el que ahora se anuncia para febrero la relación entre ambos mandatarios ha sido irregular. Afloran los acuerdos y los reproches, en especial durante la crisis sanitaria. Entre los primeros figuran dos de los compromisos adquiridos por Sánchez a la conclusión de la reunión del 25 de junio de 2018, la última. Tras aquel encuentro el presidente del Gobierno aseguró a Urkullu que crearía una comisión bilateral para facilitar y acelerar el desarrollo completo del Estatuto de Gernika. Hoy, ambos Gobiernos tienen cerrado un calendario de transferencias, entre las que se incluye la cesión de la gestión de prisiones a Euskadi este mes de mayo. El resto de materias pendientes, incluido el estudio del régimen económico de la Seguridad Social, se incluyen en el plan de traspasos cerrado hasta junio de 2022.    

Política penitenciaria

El otro gran compromiso pactado y que también Sánchez ha cumplido fue el cambio de la política penitenciaria con los presos de ETA. Urkullu le solicitó en aquel encuentro que aplicar un cambio en la medida que desde 1989 se aplicaba a los reclusos de la banda, el alejamiento. Apenas dos meses más tarde, en agosto de 2018, el Gobierno activó un traslado progresivo de presos etarras, semanal, a cárceles cercanas al País Vasco y Navarra.

Con la llegada de la crisis la relación se complicó. La aplicación del Estado de Alarma y sobre todo del mando único no fue del agrado de Urkullu. Los reproches y críticas del lehendakari durante las sucesivas conferencias de presidentes al modo en el que Sánchez y su Gobierno gestionó la pandemia e impuso medidas al a las Comunidades Autónomas generó duros reproches de Urkullu: “Hacen falta más criterios y menos tutelas”, le recriminó. También criticó las improvisaciones, indecisiones y ausencia de medidas en muchos momentos.

Una de las más recientes, la política de vacunación, que Urkullu criticó que el Gobierno planteara sin contar con las Comunidades Autónomas. Incluso la participación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en labores de desinfección abrió un frente de críticas entre los dos Gobiernos. Fue en esos meses cuando Urkullu reclamó la “cogobernanza”, el término que el lehendakari ha logrado introducir en el discurso del presidente para que se tenga en cuenta y se escuche más a los líderes autonómicos.

En enero de este año, cuando Sánchez tomó posesión por segunda vez como presidente, Urkullu vio en él una oportunidad de iniciar un nuevo tiempo, una nueva etapa de “diálogo y acuerdo”. Los diez meses de interinidad previos fueron reconducidos con el nacionalismo vasco como uno de los asideros del primer Gobierno de coalición en Moncloa. Entonces, apenas semanas antes de que la pandemia lo transformara todo, Urkullu vio en Sánchez y su Gobierno con Unidas Podemos una oportunidad para dar pasos en otra de sus aspiraciones: el nuevo estatuto vasco.

Nuevo encaje territorial

Hasta que la recuperación económica y la lucha contra el coronavirus no se consolide, el mensaje en clave de autogobierno se ha arrinconado de las intervenciones de Urkullu. Pero no ha desaparecido. El lehendakari quiere que la segunda parte de esta legislatura permita un ambiente más propicio para emprender una nueva fase en esta cuestión que en el Parlamento Vasco tiene sobre la mesa hasta tres propuestas de nuevo Estatuto. El lehendakari ha pedido a Sánchez en más de una ocasión que ha llegado el momento de “una reflexión” en profundidad sobre el modelo de Estado y el encaje de Euskadi en él. El modelo confederal es el que Urkullu defiende y el acuerdo con el Estado, la vía que quiere negociar con Sánchez.

En diciembre de 2019, hace poco más de un año, cuando Sánchez ultimaba los apoyos para ser presidente, los dos dirigentes mantuvieron una conversación telefónica en la que Urkullu le recordó que ésta debía ser una de las materias de la legislatura, que la cuestión territorial debía ser un elemento a tratar “sin tacticismos”. Al lehendakari no le gustan los intentos de “uniformizar” que en ocasiones ha mostrado Sánchez: “Se deben respetar la singularidad vasca”, repite con frecuencia.

Al lehendakari tampoco le agrada el respaldo acrítico que el PSOE que Sánchez lidera otorga a la Monarquía. Posiciones del Ejecutivo como la negativa a que se investiguen presuntas irregularidades de la monarquía no cuentan con su simpatía. El lehendakari ha llegado a defender que sería oportuno plantear una consulta sobre el modelo constitucional en España, incluso ha acuñado la necesidad de “republicanizar la monarquía”.  

Pero entre Urkullu y Sánchez los entendimientos son casi tan frecuentes como las diferencias y las necesidades de apoyo son recíprocas. El presidente del Gobierno, sabedor de la necesidad de contar con el PNV, siempre ha evitado cuestionar al Ejecutivo vasco. Incluso ha accedido, aunque no sin demora y previa insistencia de las autoridades vascas, a muchas de sus demandas. Una de las últimas fue el acuerdo de déficit pactado entre ambas administraciones. La cuerda ha llegado a estirarse en este tiempo. En la última conferencia de presidentes Urkullu amagó con no acudir si antes no se cerraba una fecha para la celebración de la Comisión Mixta del Concierto. Horas antes de que San Millán de la Cogolla acogiera la XXI cumbre autonómica Urkullu y Sánchez cerraron el acuerdo.     

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