España

La desafortunada fortuna de Juan Carlos I

El Rey Juan Carlos, en una imagen de archivo. ÁNGEL DÍAZ BRIÑAS/EP

La última noticia de las andanzas económicas de Juan Carlos I ha puesto en guardia a la Fiscalía. Según Dolores Delgado, fiscal general del Estado, se investiga por qué un grupo de empresarios y amigos, a los que en otro tiempo se hubiese llamado cortesanos, ha sido el encargado de sufragar la última regularización fiscal del rey emérito. Más de cuatro millones de euros puestos a escote, en teoría un préstamo reembolsable, con los que se intenta poner fin al episodio de los vuelos del monarca que la Fundación Zagatka con sede en Liechtenstein, -al frente de la cual se halla su primo Álvaro de Orleans- le sufragó en los últimos años por un valor de más de ocho millones de euros y que Juan Carlos no declaró.

Según como se mire, este auxilio de amigos y empresarios se puede interpretar de distintas maneras: una posible es que el rey emérito no tiene un euro y tiene que pedir favores, otra es que no se atreve a dar un paso en falso ahora que las miradas de muchos organismos andan vigilantes y, por eso mismo, también recurre a amigos.

Sea como fuere el caso es que ahora como antes la presunta fortuna del rey Juan Carlos ha sido un misterio desde el principio de la Transición, al menos para la mayoría de los españoles. Entonces se tenía la convicción de que el rey las había pasado canutas en el exilio y que había llegado a la Zarzuela con una mano delante y otra detrás. Pero a juzgar por la herencia dejada por su padre Don Juan, en 1993, de más de seis millones de euros en una cuenta en Suiza, esa idea de exilio pobre cambió sustancialmente. A Juan Carlos I le correspondieron algo más de dos millones de euros. Claro que lo de la herencia tardó veinte años en saberse. No fue hasta 2013 cuando se publicó la noticia y la Zarzuela aseguró que ese dinero había servido para pagar deudas. Pero sin duda ya eran otros tiempos. Para entonces ya se había roto esa férrea protección de los servicios de inteligencia sobre todo lo que concernía tanto a la presunta fortuna del rey emérito como a su vida privada y los medios de comunicación se empezaban también a sacudir de un letargo de décadas que impedía informar sobre las cuestiones más delicadas de la Casa Real.

Aires del desierto

La ligazón del rey emérito con los países árabes y especialmente con Arabia Saudí se remonta a los inicios de su reinado. Sorprende que ya en el año 1977 el entonces príncipe Fasi Bin Abdulaziz diera -o prestara según otras fuentes- a la monarquía española 100 millones de dólares. Un dinero que en manos de su hombre de confianza en aquellos momentos Diego Prado y Colón de Carvajal se echó a perder en inversiones ruinosas, según cuenta el periodista José García Abad, en su libro La Soledad del Rey. Pudo ser el inicio de una fortuna porque nada se sabe de lo que pasó con esos cien millones ni a qué se destinaron, o si se devolvieron.

Los peligrosos años 90

Después vendrían amistades y relaciones un tanto más peligrosas con algunos empresarios y banqueros que protagonizaron escándalos sonados a finales de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado. Los Albertos, Javier de la Rosa, Mario Conde, Pujol. El nombre del monarca aparece siempre como un telón de fondo difuso en escándalos financieros y económicos, algunos de cuyos protagonistas han terminado en la cárcel. Y cuando no aparece su nombre, lo hace el de algún familiar como el de su hermana ya fallecida Pilar de Borbón, que figuraba como presidenta de la urbanización Marbella Sierra Blanca, hecho que llamó la atención del entonces juez Santiago Torres, instructor de la causa contra Jesús Gil, expresidente del Atlético de Madrid, a finales de los 90. Extrañas conexiones que nunca pudieron ser del todo aclaradas por la imposibilidad de ahondar en aquellos años en todo lo relacionado con el monarca.

Nunca le faltaron al rey emérito compañeros de viaje, presuntos testaferros, familiares, monarcas huérfanos de trono, exiliados y vacilantes dispuestos a echar una mano, a participar en algún negocio. Tampoco nunca han faltado rumores e informaciones sobre cuantiosos fondos reservados destinados a la Casa Real, unos para tapar o callar escándalos amorosos, inasumibles en los 90, como el de Bárbara Rey, que la actriz niega haber recibido.

El inicio de la decadencia del reinado de Juan Carlos I lo marcó su desgraciado accidente en Botsuana en 2012. A partir de ahí todo se precipitó cuesta abajo

A lo largo de los años, distintas revistas y periódicos extranjeros han cifrado en 2000 millones de dólares la fortuna del rey, si bien es cierto que tampoco aclaraban de dónde salía esa cifra. La poca transparencia de la propia Casa Real a la hora de aceptar regalos que han ido desde casas hasta coches, pasando por yates como el Fortuna, ha contribuido a la confusión. El presupuesto de la Zarzuela ha sido más o menos el mismo desde los años 80: ocho millones de euros anuales al que hay que añadir otras partidas presupuestarias de distintos ministerios.

El fin de la impunidad

El inicio de la decadencia del reinado de Juan Carlos I lo marcó su desgraciado accidente en Botsuana en 2012. A partir de ahí todo se precipitó cuesta abajo. Tan sólo dos años después, en 2014, el monarca se vio en la necesidad de abdicar. Y su encriptado mundo empezó a desmoronarse. Su relación con Corinna Larsen destapó todo un entramado societario creado en paraísos fiscales donde la fiscalía suiza investiga si acababa el dinero cobrado de supuestas comisiones. La fiscalía helvética abrió una causa penal en el año 2018 contra los abogados Dante Canónica, Arturo Fasana, la propia Corinna y la entidad bancaria Mirabaud & CIE SA, a raíz de la publicación de las grabaciones del comisario Villarejo realizadas a la ex amante del rey en las que reconocía que el monarca había percibido comisiones. Según su escrito, al que ha tenido acceso El Independiente, el rey habría cobrado esas comisiones presuntamente ilegales bajo la identidad de testaferros. El fiscal Bertossa también incluye al primo del rey Álvaro Jaime de Orleans-Borbón como testaferro de su fortuna. Éste último ha negado este extremo en varias ocasiones, incluido este mismo miércoles, a través de un comunicado en el que desmiente ser «testaferro» o «fiduciario» de Juan Carlos I y subraya que su fundación «no está siendo objeto de ningún procedimiento penal en Suiza, España o cualquier otro país».

Según el ministerio público ginebrino, a principios de 2008 Juan Carlos I se puso en contacto con Dante Canonica y Arturo Fasana para crear una estructura financiera con el fin de recibir una donación del anterior Rey de Arabia Saudí. Estos a su vez se reunieron con el embajador de este país en Estados Unidos quien les confirmó que era una simple donación a título gratuito. En su escrito la Fiscalía suiza afirma que «Dante Canonica y Arturo Fasana crearon entonces la Fundación LUCUM cuyo objetivo era recibir y administrar los fondos transferidos. El beneficiario activo de la Fundación era Juan Carlos I pero la administraban los acusados a través de la sociedad Rhone gestión. Posteriormente Canonica y Fasana abrieron una cuenta a nombre de Lucum en el banco Mirabaud«.

Finalmente el 8 de agosto de 2008 el anterior Rey de Arabia Saudí ingresó 65 millones de euros en la cuenta de la Fundación Lucum en favor del rey emérito. Algunas informaciones apuntaron como origen de ese dinero supuestas comisiones por la construcción del AVE a La Meca por empresas españolas. Pero otras fuentes lo descartan por la fecha, 2008, y lo atribuyen más bien a un pago por su labor de lobby para lavar la deteriorada imagen de la dictadura saudí.

En esa misma cuenta se ingresó en 2010 otro importe de 1.895.250 dólares correspondiente a una suma de dinero recibida por Juan Carlos I del Sultán de Bahrein. Desde esta cuenta el rey transfirió a una sociedad de Corina más de 1 millón y medio de euros en concepto de préstamo para la adquisición de dos apartamentos en la localidad suiza de Villars. El fiscal también señala que Corinna recibió una transferencia de cinco millones de dólares en 2010 del Estado de Kuwait días después de la visita que el rey Juan Carlos realizó al emir de ese país. Todo parece indicar que el tándem Corinna-Juan Carlos funcionó durante un tiempo a la perfección. Según trascendió en los medios, ambos trataron de facilitar también operaciones como el intento de compra de Repsol por parte de la rusa Lukoil, muy polémica durante el mandato de José Luis Rodríguez Zapatero, pero que no llegó a concretarse y por la que la germanodanesa por tanto no cobró, según reveló el diario El Mundo.

Finalmente, como ya es sabido, el rey acabó donando 65 millones de euros a Corina, sin que tampoco estén claras aún las razones. El escrito de la fiscalía también refleja otras operaciones de la ex amante del rey para la adquisición de inmuebles en Londres y de terrenos en Marruecos. En el punto de mira también se encuentra la Fundación ZAGATKA, la que pagó los viajes al rey, y que dirige Álvaro Jaime de Orleans-Borbón. El fiscal suizo detalla una transferencia por valor de 6.500.000 euros sin que el origen de esos fondos pudiera ser identificado. En 2009 hubo otra transferencia de más de 4.500.000 dólares fruto de una operación inmobiliaria en México. Unos años antes, en 2003, según publicó The Telegraph en febrero del año pasado, Álvaro de Orleans habría recibido 50 millones de euros por mediar en la venta al Barclays Bank del Banco Zaragozano, que tenía a Los Albertos como principales accionistas.

Jersey, la cuenta Soleado

Al margen de estas investigaciones por parte de la fiscalía suiza, el rey emérito está también bajo lupa por la utilización de tarjetas asociadas a dos personas: al coronel del ejército del Aire en la reserva Nicolás Murga y al magnate mexicano Sanginés-Kruise.

Una tercera línea de investigación apunta a una cuenta de 10 millones de euros situados en el paraíso fiscal de Jersey, con la que el monarca niega tener cualquier relación. Por último y no menos sorprendente es la famosa cuenta Soleado, que administra uno de los presuntos testaferros del Rey, Arturo Fasana, cuyo contenido y clientes siguen siendo un misterio, y cuya existencia se conoció hace unos años a raíz de un registro realizado por las autoridades suizas buscando datos sobre la trama Gürtel en el despacho del abogado.

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