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De Oriente Medio a África, el yihadismo se traslada a la puerta de Europa

El anuario del OIET constata que, durante la pandemia, las organizaciones yihadistas han consolidado su implantación y actividad terrorista en países del continente africano. En 2020 estos grupos mataron en todo el mundo a 9.748 personas en 2.350 atentados.

EFE

Es más silenciosa. Hace tiempo que en Europa no irrumpe con la crueldad que lo hacía. Pero sigue ahí, con organizaciones más fragmentadas pero vivas en su amenaza. En algunos casos se recuperan de derrotas territoriales mientras reviven en otros lugares y ‘conquistan’ nuevos espacios. La amenaza no se ha diluido, sólo se ha transformado. Mientras el planeta se protegía de un virus mortal, con gobiernos que se replegaban y ejércitos que se refugiaban, ellos han sabido ocupar el espacio en el que el abandono se asentaba. En los meses en los que el planeta aguantaba la respiración, el terrorismo yihadista ha sabido fortalecerse.

En 2020 ha golpeado más veces que nunca y ha demostrado su capacidad para sobreponerse. El año pasado sus atentados aumentaron de modo significativo, hasta en un 52%. Más acciones, aunque menos mortales. Los 2.350 atentados provocaron 9.748 víctimas a lo largo de todo el mundo, según datos recogidos por el Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET).

2020 ha sido el año en el que la lucha antiterrorista ha golpeado a muchos de sus líderes, abatidos en acciones internacionales, pero en el que apenas han afectado a su operatividad. Los dirigentes han sido rápidamente sustituidos y las principales organizaciones terroristas han sabido reforzarse a través de sus agrupaciones o filiales. Según el Anuario Yihadista del OIET, de la mano del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE), el año pasado se confirmó el desplazamiento del ‘centro gravitatorio’ de estas organizaciones desde Oriente Medio hasta el África Subsahariana.

Así, países como Nigeria, Burkina Faso, Malí, Níger, Camerún o Mozambique se sitúan ya en los primero lugares de actividad yihadista, sólo superada por Afganistán, que encabeza a mucha distancia la dramática lista de atentados y víctimas. La sociedad afgana padeció el año pasado cuatro de cada diez atentados provocados por estos grupos terroristas en todo el mundo. Los 919 atentados que se registraron en Afganistán provocaron 3.959 víctimas, más del doble de las que se produjeron en Nigeria (1.463) y cuatro veces más que en Burkina Faso (799), según los datos del OIET.

17 atentados en Europa

Ese desplazamiento acentuado desde Oriente Medio hacia el continente africano supone un mayor padecimiento para un buen número de países del continente negro, pero también un incremento del riesgo para la vecina Europa, y con ella para España.

Los expertos apuntan a que la amenaza creciente es una hipótesis a medio plazo. Por ahora los datos del año pasado constatan que, en cuanto al tipo y número de acciones cometidas en Europa por el yihadismo, éste estaría menos activo y organizado. En 2020 se registraron 17 atentados y en menos de la mitad se produjeron víctimas. Francia con ocho y Reino Unido con cuatro atentados fueron los Estados más golpeados.

Sin embargo, al contrario de los ocurrido en el periodo 2015-2016, en esta ocasión se trató de acciones que no contaron con un modo de actuación coordinado o direccionado por las organizaciones, sino que se englobaron dentro del contexto de radicalización que desde las mismas se promueve y que lleva a actuar de modo unilateral a algunos grupos o individuos. En este sentido, se apunta a que la mayor parte de los autores de atentados yihadistas en países europeos se radicalizaron tras su paso por la cárcel, por lo que, como ya alertó la Unión Europea, se urge a revisar los programas de desradicalización promovidos por los distintos Estados.

En el caso de España, el año pasado descendió de modo importante el número de personas detenidas en operaciones contra el yihadismo. Frente a los 58 arrestos de 2019, se produjeron 37 detenciones en las 23 operaciones llevadas a cabo por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Los focos de mayor concentración de la actividad terrorista de signo yihadista se produjeron en Madrid, con siete operaciones policiales, seguida de Barcelona con cinco. En la mayor parte de los casos se trató de hombres, con edades comprendidas entre los 32 y los 38 años, solteros y adscritos al entorno del Daesh.

Terrorismo ‘químico’

La secretaria de Estado de Asuntos Exteriores para Iberoamérica y el Caribe, Cristina Gallach, recuerda que el terrorismo yihadista continúa siendo una de las mayores amenazas globales, y «para España en particular»: «Nos preocupa mucho la incidencia creciente que tiene el terrorismo yihadista en la zona del Magreb y del Sahel, que nos pilla muy cerca. Hay una instabilidad muy grande en el Golfo de Guinea».

El estudio del OIET subraya que, a pesar de que en los atentados cometidos en Europa se emplearon en la mayoría de los casos armas blancas, en la estructura interna de las organizaciones yihadistas va adquiriendo cada vez más peso el empleo y desarrollo de armas químicas. Se destaca cómo el Daesh ha logrado mejorar la fabricación de sus propios agentes químicos. El OIET recuerda que en 2013 el autodenominado Estado Islámico llevó a cabo ataques químicos sobre ciudades de Siria e Irak, «poniendo de relieve que el terrorismo químico es una amenaza potencial sin precedentes». Un riesgo que, desde la Unión Europea, se ha priorizado desplegando programas específicos de lucha contra la amenaza química en sus fronteras.

El anuario concluye que los conflictos armados en distintos países están siendo aprovechados por grupos terroristas extranjeros para infiltrarse en algunos países, y con ellos poder establecer nuevas bases operativas y logísticas en dichos. Lo hacen actuando, bien de apoyo a grupos de insurgencia locales, o incluso de modo independiente. La técnica de involucrarse en guerras de otros países ha sido una vía de entrada empleada tanto por Daesh como por Al Qaeda, lo que en muchos casos les ha permitido establecer bases territoriales y reforzar su carácter trasnacional.

El OIET destaca otro fenómeno cada vez más común, como es la retroalimentación entre grupos radicalizados de la extrema derecha y el yihadismo. «Se alimentan de la retórica y las acciones del otro para justificar un aumento de la violencia», señala. En el caso de la extrema derecha se trata de una violencia descentralizada, que no cuenta con organizaciones terroristas organizadas que puedan guiar y dirigir su actividad. El estudio analiza la evolución de acciones violentas de unos y otros grupos, y demuestra que entre 2010 y 2019 las acciones del yihadismo sufrieron un incremento muy acentuado, especialmente entre 2013 y 2016. Desde entonces, han descendido de modo acentuado. En cambio, en el caso de los grupos violentos afines a la extrema derecha, su actividad registra un repunte importante que no deja de crecer desde 2016.

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