Un coche la alcanzó a 90 kilómetros por hora mientras cruzaba un paso de peatones con semáforo en verde cuando tenía 20 años. Acababa de hacer un examen de fin de curso en Talavera de la Reina (Toledo), donde estudiaba Terapia Ocupacional. Su vida cambió para siempre. La conductora se dio a la fuga, la interceptaron a dos kilómetros de distancia y su pena fue la entrega del carné de conducir. El Estado indemnizó a la víctima a través del Consorcio de Compensación de Seguros.

Ocurrió en 1998 y más de dos décadas después, las secuelas del accidente complican la vida ahora más que nunca a Gema Sánchez (43 años), con una pierna prácticamente inutilizada, lesión neurológica y graves problemas de coagulación que le provocan mareos, dolores de cabeza y pérdida de memoria.

Este jueves, el fiscal de Sala Coordinador de Seguridad Vial, Bartolomé Vargas, anunció el envío de una circular a todas las Policías de Tráfico en la que se indica en qué accidentes deben levantar atestados y dar traslado a la jurisdicción penal con la intención de que el Ministerio Público pueda actuar contra los infractores en interés de las víctimas y éstas sean resarcidas justamente. La Fiscalía da este paso considerando que «el mayor colectivo de víctimas de este país, que es el de los accidentes de tráfico, está desamparado», como explicó el fiscal Vargas. Todos los años se dictan alrededor de 80.000 sentencias condenatorias por delitos de Seguridad Vial en nuestro país. Pero en los casos en los que no se dan los agravantes para encajar la infracción en los delitos del Código Penal (consumo de alcohol, drogas, velocidad por encima de la permitida o conducción temeraria) los infractores no son castigados y las víctimas no reciben una compensación económica a pesar de que en algunas ocasiones sufren daños muy graves o fallecen.

La Fiscalía acota las situaciones imprudentes por las que poder acusar por homicidio o lesiones

Por eso, la Fiscalía ha enviado a las Policías de Tráfico la mencionada circular en la que acota las situaciones imprudentes por las que insta a levantar atestado, comunicarlo y poder así acusar por homicidio imprudente o lesiones. Entre las infracciones contempladas están las colisiones por alcance, adelantamientos arriesgados, saltarse señales de Stop, ceda el paso o un semáforo en rojo, cambios de dirección indebidos, distracciones por fatiga o sueño y atropellos en pasos de cebra o arcenes para ciclistas. Un paso adelante para que víctimas como Gema Sánchez, que cuenta su experiencia a El Independiente, puedan recibir un resarcimiento.

-¿Dónde y cómo ocurrió el accidente?

-En Talavera de la Reina (Toledo). Estudiaba Terapia Ocupacional, compartía piso, la vida de una universitaria de aquella época, año 1998. Salía de un examen de final de curso, era junio. Un coche se me echó encima a 90 kilómetros por hora. No pude reaccionar. Estaba pasando por el paso de peatones, verde para mi. Se saltó el semáforo en rojo y se dio a la fuga.

-¿Se identificó al conductor?

-Si, la pillaron a un kilómetro y medio o dos del lugar del siniestro.

-¿Hubo juicio?

-Esta persona jamás preguntó por mi, ni se interesó. Hasta el punto de que recibí un burofax en el que me denunciaba porque le había roto el coche. Fue muy poco empática con el daño. Fuimos a juicio, si, pero no le pasó absolutamente nada. Le retiraron el permiso de conducir, entonces no había carné por puntos. La compañía de seguros que tenía fue a la quiebra y el Consorcio de Compensación de Seguros, que es el Estado, me indemnizó.

-¿Cuánto tiempo pasó hasta que recibiste la indemnización?

-Casi cuatro años y medio.

-¿Qué secuelas físicas te dejó el accidente?

-Me fracturó muchísimos huesos. Me fragmentó vértebras de la columna vertebral y tengo placas y tornillos por todo el cuerpo. Pero la lesión más fuerte es la de la pierna izquierda, que la trituró a nivel óseo y muscular, arteria femoral y nervio ciático. Aún con muchísimas operaciones (15), clavos y tornillos la pierna no fue bien y un año después estuvieron a punto de amputármela. Tuve que ir a un médico privado que consiguió salvarla y reconstruirla, con unos gastos tremendos para mi familia, pero quedó prácticamente inservible. El pie lo tengo incapacitado por completo. En el post operatorio sufrí una trombosis profunda y ese coágulo se subió al pulmón y provocó una embolia pulmonar. Ahora no respiro bien, tengo las venas como cañerías atascadas y debo tomar anticoagulantes. Esto me provoca mareos, pérdida de visión y de memoria. La situación se agravó en 2017, cuando me dio una especie de microictus.

-¿Y las secuelas psicológicas?

-Imagínate una chavala con 20 años, con toda la vida por delante, tu futuro, tus ilusiones…En ese paso de peatones se quedó todo, se quedó parte de mi juventud. Pero lo más importante es que se quedó mi salud que no he vuelto a recuperar. Ahora estoy en un proceso degenerativo. Un mes antes de sufrir el accidente estaba haciendo las prácticas de la carrera en el Hospital de Parapléjicos de Toledo. Cuando lo sufrí, sabía perfectamente lo que traía entre manos. Bueno, cuando me desperté, porque estuve inconsciente en la UCI.

Creo que estoy en el proceso de aceptar y perdonar, pero me ha costado mucho, han pasado 23 años. Al principio era rabia, indignación, no aceptaba lo que me había pasado.

-23 años después, ¿podrías decir que lo has superado?

-He tenido que hacer muchísima terapia para aceptar mi situación. Años después del accidente retomé los estudios, acabé mi carrera, me puse a trabajar y construí una familia. Pero para tener un hijo tuve que retirarme toda la medicación, exponerme mucho, los médicos estaban en contra pero me antepuse a la medicina. Dije: ‘Quiero ser madre, la vida ya me ha privado de muchísimas cosas’. El post parto fue horrible porque había mucha probabilidad de trombos. Fue un embarazo de alto riesgo, con ecografías cada cuatro o cinco días. Por un lado era la emoción de querer ser madre y por otro la tristeza del deterioro físico que sufría. No me arrepiento, pero es así. He aprendido a vivir con ello e intento por todos los medios que no afecte a mi marido, a mi hijo, a mi familia y a mis amigos. Hubo muchas víctimas a mi alrededor por ese accidente. Ahora tengo días de todos porque sufro dolor crónico persistente. Vives con la incertidumbre de si estarás bien o tendrás que quedarte en casa. Soy la delegada de Stop Accidentes en Madrid e intento sensibilizar y ayudar a otras víctimas. Creo que estoy en el proceso de aceptar y perdonar, pero me ha costado mucho, han pasado 23 años. Al principio era rabia, indignación, no aceptaba lo que me había pasado.

-¿Te has imaginado cómo habría sido tu vida sin el accidente?

-Lo he pensado muchas veces. Quería viajar, estudiar fuera, tenía muchas expectativas a las que tuve que renunciar. He pensado que mi vida habría sido diferente. No se si mejor, pero distinta. Me gustaría haber tenido más hijos. He construido una familia, tengo una pareja que me apoya al 100% y me ayuda muchísimo, pero tenía entonces un novio y salió corriendo. A nivel autoestima y a nivel emoción fue muy difícil.

Que maten a tu hijo, salgas a la calle y de pronto veas que quien lo ha hecho ni ingresa en prisión, a las familias les destroza el alma

-¿Cómo valoras el anuncio de la Fiscalía?

-Las asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico también buscamos la incidencia política, como llamamos a la lucha por los derechos de las víctimas. Queremos que haya una justicia reparadora. No tenemos un especial interés en que la gente vaya a la cárcel, sino en que se cumplan las penas y haya una rehabilitación para que quienes provocan el accidente no vuelvan a conducir de una manera tan agresiva. En muchos casos hay adicciones. A la velocidad, a las drogas, al alcohol… y tenemos que perseguir que haya una reparación para las víctimas. No puede ser que en España salga tan barato matar. Que maten a tu hijo, salgas a la calle y de pronto veas que quien lo ha hecho ni ingresa en prisión, a las familias les destroza el alma.