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La convención "liberal" de Ciudadanos no aplaca las críticas: "Fue pura endogamia"

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante el acto de clausura de la convención política del partido.

La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, durante el acto de clausura de la convención política del partido. EUROPA PRESS

Dos días de una convención «política» convertida en una oda a la supervivencia de un partido con 15 años de historia. La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas, fue la encargada de poner el broche de oro a un congreso que nació como punto de inflexión para relanzar el proyecto naranja y garantizar su supervivencia a nivel nacional y territorial en el largo plazo de nuevo como partido ‘bisagra’, es decir, con la capacidad de condicionar gobiernos a uno y otro espectro ideológico con políticas netamente «liberales». «No se puede vencer a quien nunca se rinde», zanjaba la presidenta de Ciudadanos, en un mensaje claro y directo tanto al PP -en respuesta a su opa ‘hostil’, que ha terminado con un importante desembarco de cargos naranjas a las filas populares– como a todos los que han dado por finiquitado al partido.

La convención reunió en el Palacio de los Duques de Pastrana a unas 300 personas entre invitados, cargos y afiliados de Ciudadanos. Al cónclave acudió presencialmente algún miembro del denominado como sector ‘crítico’, como es el caso del vicepresidente de Castilla y León, Francisco Igea, que compitió con Arrimadas en primarias por el liderazgo del partido. Y, al menos durante 48 horas, las grietas internas parecieron sellar. «Debemos salir con un proyecto independiente reforzado de la convención», avanzó el barón naranja, coincidiendo con el discurso de Arrimadas, quien subrayó la necesidad de reconstruir un espacio político ajeno al PP, cerrando todas las puertas a cualquier posibilidad de fusión con el partido de Pablo Casado.

Pero cuando se apagaron las luces, todo volvió a la normalidad. «La sensación es que no se ha hecho nada por cambiar el rumbo. Así que todo seguirá por la misma dirección», censura un importante cargo territorial, que traslada el ambiente de «frialdad» con que parte de la militancia ha recibido los discursos de una convención que «no servirá para cambiar las cosas». Importante en este punto subrayar que cargos de las mermadas capas intermedias del partido liberal aguardaban a las conclusiones de la convención bien para tomar su propio camino -en Madrid y en Andalucía gana adeptos el impulso de una «plataforma liberal independiente» para las próximas municipales al margen de Ciudadanos- o bien para pelear por un proyecto malherido por las últimas balas electorales.

«Los actos han sido interesantes, pero no han ido más allá de la publicidad propia y de una escenificación de pura endogamia», comenta un dirigente del partido liberal con asiento en un parlamento autonómico. «Ha quedado claro que hay un hueco por cubrir en el centro político, pero lo que no ha quedado claro es que Ciudadanos pueda hacerlo», sentencia. A su juicio, los puntos que se han defendido durante la convención naranja -reforzamiento de la etiqueta ‘liberal’; diferenciación del PP y defensa de un programa a medio camino entre socialdemócratas y conservadores- no tendrá un efecto sobre sus potenciales electores. «No hemos convencido a los que nos están abandonando para que vuelvan», analiza.

Uno de los puntos de la convención que más fricción ha generado entre la corriente no oficialista del partido es el de la ausencia de autocrítica en un cónclave que, a su juicio, debía servir para asumir los «errores» estratégicos y organizativos de los últimos meses que han llevado al partido a perder casi toda su representación en Cataluña y a desaparecer en Madrid. Sí reconoció Arrimadas haber cometido una serie de «errores» que «pagamos en las urnas», haciendo alusión de nuevo a los desaciertos a nivel comunicativo, por ejemplo a la hora de trasladar públicamente su decisión de aliarse con el PSOE y presentar una moción de censura contra el PP en Murcia, una acción unilateral de la cúpula nacional -pactada con parte de la dirección regional- que precipitó el adelanto electoral en Madrid y dejó casi en coma a Ciudadanos.

«Éste sigue siendo un partido faraónico. Los demás somos el decorado», sentencia otra fuente que conserva aún el carné naranja, que insiste en la necesidad de convocar una Asamblea General para que la militancia decida con voz y voto sobre el modelo del partido y sobre sus mandatarios para afrontar el período que resta hasta los próximos comicios: las autonómicas en Andalucía. Allí, según las últimas encuestas, Ciudadanos no se librará de una pronunciada caída en número de escaños, aunque podrían salvar su supervivencia. Y la convención ha servido para marcar la línea política a la que se aferrarán desde la dirección nacional: ‘colaboración’ – que no absorción- con el PP para desbancar al PSOE y «acabar con el sanchismo» donde quiera que se abran las urnas.

Por el momento, y sin horizontes electorales a la vista, el PP ha echado el freno al fichaje de cargos de Ciudadanos, un partido al que las altas esferas populares ya dan por finiquitado. Pero la convención nacional de los liberales no ha logrado echar el freno a un goteo de bajas de cargos y afiliados que podría acelerarse aún más en las próximas semanas.

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