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Conferencia de presidentes, el devaluado foro que sólo Urkullu rentabiliza

Al igual que hace un año, en la cita de San Millán de la Cogolla, ahora el lehendakari ha logrado el traspaso de la gestión de tres nuevos impuestos, que suponen un importe estimado en 200 millones. Hoy también se negociará el déficit y endeudamiento autorizado a Euskadi.

Homenaje de Estado a las víctimas del coronavirus: Feijóo, Torra, Moreno y Urkullu. EFE

Urkullu lo ha vuelto a hacer. La amenaza ha precedido al acuerdo, al rédito previo. La posibilidad de que el lehendakari se convirtiera en la segunda ausencia de la Conferencia de Presidentes que Pedro Sánchez -tras la confirmada del president Pere Aragonés- ha convocado para mañana en Salamanca quedó desactivada apenas unas horas antes. Sólo fue posible tras un acuerdo por el cual Euskadi negociará la gestión de nuevos impuestos. El compromiso por el cual Urkullu dijo sí a Sánchez para estar presente en el foro autonómico se materializara hoy en el seno de la Comisión Mixta del Concierto Económico que a modo de contraprestación el Ejecutivo central ha accedido a otorgar a la Administración vasca antes de la cita de presidentes.

Se trata de tres impuestos que gestionarán las diputaciones forales vascas: el IVA OSS de ventas a distancia, el impuesto sobre las transacciones financieras, también conocido como la ‘tasa Google’ y el impuesto sobre servicios digitales. El importe estimado de estos tributos ronda los 200 millones de euros. El acuerdo se venía trabajando desde el pasado mes de marzo y se ratificará en la Comisión del Concierto que se celebrará a las 11.00 horas de la mañana. En el encuentro también se abordará el déficit y endeudamiento para el próximo año de las administraciones vascas.

El planteamiento ha sido similar al que ya hiciera Urkullu hace ahora justo un año. El 31 de julio de 2020 estaba prevista una nueva Conferencia de Presidentes. Horas antes de su celebración en San Millán de la Cogolla (La Rioja) Urkullu, junto a Quin Torra, figuraba en la lista de ausencias tras más más de una docena de ediciones que durante la pandemia se habían celebrado. También entonces reivindico una relación “bilateral” Euskadi-España para alcanzar acuerdos económicos al margen del foro autonómico. Casi de madrugada, la noche anterior la Administración vasca cerró un acuerdo por el que fijaba su propio límite de déficit para este año en el 2.6%. Sólo después, Urkullu accedió a participar y hacerse la foto junto al resto de líderes autonómicos.

En realidad, la Conferencia de Presidentes no es un foro que suscite interés en el Gobierno vasco. No al menos en el socio nacionalista que lidera el propio lehendakari. En reiteradas ocasiones Urkullu ha cuestionado la utilidad de la conferencia de presidentes, su resultado, su procedimiento y su eficacia. Incluso el martes, un día antes de anunciar que sí acudiría, lo hizo. Señaló que no es un foro reconocido en la Constitución ni en los Estatutos de autonomía, que su eficacia en los resultados y acuerdos están por ver y que Sánchez no ha procedido como debiera y establece la norma de funcionamiento del foro, celebrando reuniones preparatorias previas para fijar su agenda del día.

Trato ‘bilateral’

Históricamente el PNV ha reivindicado un trato diferenciado entre el Ejecutivo vasco y el central. Los nacionalistas subrayan que ellos no son uno más en la lista de 17 presidentes y presidentas autonómicas, que su singularidad foral, su Estatuto de Autonomía y su condición de comunidad histórica le otorga derecho a una relación bilateral. Insisten en que para ello se constituyeron foros como la Comisión Mixta del Concierto Económico, las comisiones de transferencias y el resto de órganos bilaterales.

Urkullu subrayó ayer una vez más su derecho a esa relación preferente y haber condicionado su presencia a ella. “Eso es respeto a un autogobierno reconocido”, aseguró. Conseguido un nuevo avance, en este caso en forma de cesión en la gestión de nuevo tributos, el lehendakari justificó su presencia en la importancia de los temas que se abordarán en la cita: la gestión de la pandemia, el reto demográfico y la gestión de los fondos europeos para la recuperación económica.

En la XXI conferencia de presidentes de julio del año pasado en San Millán de la Cogolla, Urkullu tuvo que salir al paso de quienes le acusaron de haber generado un “agravio” con el resto de comunidades autónomas al pactar su presencia tras un acuerdo de financiación. Entonces el lehendakari negó ningún trato de favor, recordó que Euskadi es una nación histórica reconocida como tal en la Constitución y que por ello tienen derecho a “una relación financiera bilateral” que no se da en el resto de regiones: “Nosotros nos financiamos a nosotros mismos, es un riesgo unilateral que asumimos”, recordó.

El plantón a Rajoy

A Urkullu no siempre le ha salido bien tensar la cuerda en víspera de una cumbre autonómica para forzar acuerdos. En enero de 2017 Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, convoco una Conferencia de Presidentes, la quinta -y segunda en su mandato-. Para entonces las relaciones entre el PNV y el PP, entre el Gobierno vasco y el español, comenzaban a debilitarse. En aquella ocasión el lehendakari rechazo la invitación para participar en aquel encuentro que tuvo lugar en el Senado. Lo hizo reivindicando la “bilateralidad” a la que tenían derecho en razón de la singularidad vasca.

La ausencia de Urkullu de la cita de presidentes y presidentas autonómicas hubiera tensionado aún más la relación entre ambos Ejecutivos y entre el PNV y el PSOE. Además hubiera agravado la imagen de fractura no sólo en el mapa autonómico sino también entre los ‘socios preferentes’ de Gobierno.

Por el momento el agua no ha llegado al río y el apoyo de los nacionalistas parece no correr peligro. Pese a ello, la sintonía entre ambas partes parece haberse enfriado desde hace semanas. Parece que la intermediación de la nueva ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez, para retomar el entendimiento podría haber contribuido a la presencia mañana de Urkullu en Salamanca.

Apoyo debilitado pero seguro

El lehendakari hace semanas que se siente desoído por Sánchez. Las reiteradas peticiones hechas para dotar a las comunidades autónomas de un marco normativo suficiente para adoptar decisiones contra la pandemia no han surtido efecto. Tampoco las relativas a la no flexibilización en el uso de la mascarilla. A ello se suma el desgaste que ya ha generado el retraso en el cumplimiento de algunos compromisos como el desarrollo del Estatuto de Gernika o las obras del Tren de Alta Velocidad.

Ahora, en el horizonte más cercano se sitúa la negociación de los presupuestos, que se antojan esenciales para la estabilidad del Gobierno de Pedro Sánchez. Para su luz verde el respaldo del PNV es necesario. En Sabin Etxea, sin embargo, han asegurado de modo reiterado que no dejarán caer al Gobierno Sánchez pero que su apoyo sí se volverá más exigente. Muestra de ello son los últimos votños de advertencia emitidos por el PNV, con abstenciones en la ratificación de varios de sus decretos.

Por el momento, el PNV sigue figurando en la lista de socios en los que apoyarse y Urkullu aparecerá en la fotografía de la XXII Conferencia de Presidentes. Y la legislatura de Sánchez habrá superado un nuevo bache.

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