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Las familias de JxCat que marcarán el diálogo de Sánchez con el independentismo

Imagen del inicio de campaña de JxCat efe

Pedro Sánchez se va este año de vacaciones estivales pudiendo decir que ha encaminado el diálogo con el independentismo en el ámbito autonómico: Comisión Bilateral, Consejo de Política Fiscal y Financiera y ampliación del Aeropuerto de El Prat han sustituido en el debate a la exigencia de autodeterminación y amnistía. Pero este septiembre la mesa de diálogo volverá a tensar las cuerdas de ese diálogo.

No solo por las advertencias del presidente catalán, Pere Aragonès, quien ha dejado claro que estos acuerdos no son «moneda de cambio» para abandonar las aspiraciones independentistas. Sino también, sobre todo, por las diferentes familias que en JxCat luchan por el poder en el espacio heredero de Convergencia y utilizarán ese diálogo para marcar diferentes posiciones.

Oficialmente el poder orgánico en el partido lo ostenta Jordi Sánchez, secretario general de la nueva formación, mientras Carles Puigdemont sigue ejerciendo el liderazgo político desde la presidencia de JxCat. Pero la sintonía entre ambos dirigentes dista de ser la de otros tiempos. Y otros grupos dentro de la ejecutiva buscan afianzar su poder y marcar la estrategia de futuro.

La corte de Puigdemont

Jordi Sánchez ejerció su poder en la negociación del acuerdo de gobierno con ERC, pero eso provocó la ruptura con Puigdemont y Elsa Artadi, que se negó a entrar en el Govern. El acuerdo fue cuestionado por los cuadros del partido, debilitando la posición de Sánchez. Mientras, Artadi, portavoz, se hace fuerte en el Ayuntamiento de Barcelona, llevándose a fontaneros de peso como Jaume Clotet.

En torno a Puigdemont, además de la «corte en el exilio» integrada por los también fugados Toni Comin, Lluís Puig y Clara Ponsatí, destaca el ex vicepresidente del Parlament Josep Costa. Parte integrante del «equipo jurídico» de Puigdemont, que lidera Gonzalo Boye, es uno de los fijos en el entorno del ex president, al que ha regresado Elsa Artadi, portavoz del partido.

El Consejo por la República (CxR) es la plataforma a partir de la cual Puigdemont quiere mantener el poder político sobre el independentismo catalán. De ahí las presiones para incluir esta entidad privada en los pactos de legislatura que condujo Jordi Sánchez. La marginación de este ente y las supuestas cesiones ante Esquerra condujeron a la renuncia de Artadi a entrar en el Govern y convirtieron a Jordi Puigneró en vicepresidente y el hombre de Puigdemont en el ejecutivo catalán.

La paella de Rahola

Un papel al que el vicepresidente catalán no quiere renunciar, como demostró acudiendo a la tradicional paella organizada cada verano por la periodista Pilar Rahola. Puigneró fue a Francia para participar en el encuentro y se fotografió junto a Puigdemont, una imagen que le ha valido fuertes críticas de socios y compañeros de partido por saltarse las recomendaciones anti Covid del Govern del que es número dos.

Puigneró no se ha sumado, sin embargo, a la campaña de advertencias contra la mesa de diálogo lanzada por el propio Puigdemont días antes de que se reuniera la Bilateral. El ex presidente afirmó que «la independencia no se hará desde los despachos» unas declaraciones a las que rápidamente se sumó Elsa Artadi.

Vilaweb, la voz oficiosa del entorno de Puigdemont, denuncia esta semana que el Gobierno de Pedro Sánchez ha conseguido aplazar una década el debate sobre la independencia con los proyectos que ligan a la Generalitat con los futuros gobiernos españoles: la ampliación de El Prat y la candidatura olímpica Pirineos-Barcelona. Jordi Sánchez no se ha sumado a las críticas al diálogo, pero sí Laura Borràs.

El «independentismo mágico» de Borràs

La presidenta del Parlament no era la candidata de Puigdemont ni del sector oficialista, heredero de CDC. Pero se impuso en las primarias afianzando otro núcleo de poder en JxCat con el apoyo total de Quim Torra. Un grupo integrado en primera línea por los diputados Francesc de Dalmases y Aurora Madaula, además del ex director de CatDem Agustí Colominas. Y que cuenta en su entorno también con la portavoz en el Congreso, Miriam Nogueras.

Representan el discurso más ortodoxo del secesionismo, esa apuesta por el «independentismo mágico» que llevó a Borràs a ganar las primarias y quedarse a dos diputados de arrebatarle la presidencia a Pere Aragonès. Cuestionan la mesa de diálogo y los dos años de plazo que se han otorgado los republicanos para explorar la vía de la negociación con el PSOE.

Tanto Borràs como Torra han cuestionado además el acuerdo para la ampliación de El Prat. «Los compromisos en inversión del Gobierno ya los conocemos. Volvemos a la zanahoria. Menos euforia y más memoria» respondía la presidenta del Parlament ante el anuncio de acuerdo. Para Torra, sería un grave error que el independentismo «no apoye las reivindicaciones del movimiento ecologista».

La victoria de Borràs desactivó aparentemente otro de los núcleos de poder en Junts, el de los presos. Dirigentes formados en CDC. Jordi Turull, Josep Rull y Joaquim Forn pasaban por conservar el poder que otorgan las viejas estructuras de Convergencia y su implantación territorial. Pero el fracaso de la candidatura de Damià Calvet en las primarias puso en cuestión su peso en el nuevo partido.

Giró y el nuevo «sector negocios»

Pero esa derrota no ha acabado con la tradición pactista de Convergencia y su ala más liberal, agrupada de nuevo en el seno del gobierno catalán. Y dentro del Ejecutivo, el nuevo consejero de Economía, Jaume Giró, se erige como nuevo polo de poder con el que nadie contaba hace apenas dos meses, cuando se formó el ejecutivo catalán.

Giró no se está solo en ese intento por recuperar el papel tradicionalmente ejercido por CiU, que JxCat parecía haber cedido a Esquerra. Jordi Puigneró ha dado muestras también de querer recuperar ese papel con el debate sobre la ampliación del aeropuerto. Ambos consejeros batallan soterradamente por liderar ese papel y llevarse el protagonismo de JxCat en el ejecutivo autonómico.

Giró tomó delantera con los avales ante el Tribunal de Cuentas, una operación frustrada por la falta de socios financieros, pero que ha permitido a Junts abanderar la defensa de los «perseguidos». Y después desoyó las reticencias de Aragonès participando en el CPFF, del que salió con la condonación de 1.500 millones de euros a la Generalitat.

Mientras, Puigneró hacía frente a las críticas por su participación en la famosa paella de Rahola. La ampliación de El Prat le ha servido para recuperar protagonismo y reactivar su papel en el «sector negocios». Un entorno en el que sigue muy presente, aunque lo niegue, otro histórico de CDC: David Madí. Él fue uno de los artífices de la entrada de Jordi Sánchez en Junts, y del fichaje después de Giró.

Comparte con Giró y Puigneró la desconfianza hacia el Gobierno del PSOE -al que acusa de la causa abierta contra él tras la operación Volhov- y la fe independentistas. Pero recela tanto como ellos de la deriva a la izquierda del partido y el abandono de posiciones liberales que impulsa tanto Jordi Sánchez como el sector de Puigdemont y el liderado de Borràs. El eje derecha-izquierda marca aquí la diferencia, otra más, en el seno de un partido en construcción.

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