España ENTREVISTA | EX MINISTRO DE EXTERIORES Y EURODIPUTADO DEL PP

García-Margallo: "España se verá más afectada por el terrorismo y la inmigración que el resto de Europa"

Ex ministro de Asuntos Exteriores con Mariano Rajoy y ahora eurodiputado del Partido Popular, José Manuel García-Margallo (Madrid, 1944) esboza sin ninguna dificultad los motivos por los que el conflicto afgano amenaza la estabilidad de Occidente, pero «sobre todo» la de España. En conversación con El Independiente, advierte de los desafíos inmediatos que deberá atajar la Unión Europea cuando comience la «persecución» política y religiosa en Afganistán, que se traducirá en una oleada de refugiados ante la que no se puede mirar hacia otro lado. Recuerda cómo la crisis de Siria llevó a Europa prácticamente al colapso político, pero advierte que «no podemos desentendernos de la suerte de una población que ha confiado en nosotros, y que ahora se siente profundamente engañada».

El veterano dirigente político aboga por el entendimiento del mundo occidental con los talibanes por medio de una gran coalición internacional, porque «no hay más remedio» si lo que se pretende es evitar tanto que Afganistán se convierta en una «plataforma de exportación de terroristas» como el éxodo masivo de inmigrantes afganos. Y subraya la diferencia entre el derecho a asilo por persecución política y la inmigración por motivos económicos para enfrentar la tesis de Vox, que pide evitar la acogida de refugiados de Afganistán en Europa. «Es nuestra obligación ética y moral», zanja.

P.- ¿Podría haber evitado Occidente la victoria de los talibanes en Afganistán?

R.- Se podría haber gestionado de otro modo. La hipótesis de evitar el triunfo de los talibanes hubiese exigido un esfuerzo previo en la construcción de un país con un Gobierno eficaz y no corrupto, que debería haber demostrado un valor añadido para los ciudadanos proporcionándoles seguridad y garantizando los derechos básicos de las mujeres. Y eso nunca se hizo. Los talibanes han llegado a Kabul sin pegar un tiro, lo cual quiere decir que estaban dentro de la sociedad, encubiertos por la sociedad y comprendidos por la sociedad.

P.- ¿En qué momento comienza a gestarse la reconquista de los talibanes?

R.- Desde hace algún tiempo se sabía que Occidente había renunciado a permanecer en Afganistán, y comenzaron a rearmarse. Ya en 2014, el secretario general de la OTAN anunció que las fuerzas armadas aliadas no participarían en conflictos bélicos, sino que se limitarían a formar y a ayudar a las fuerzas afganas. Y un momento clave se produce en febrero de 2020, cuando el presidente Trump anuncia un acuerdo con los talibanes en Doha por el que se compromete a retirar al ejército estadounidense del país a cambio de que ellos no volviesen a hacer de Afganistán una plataforma de exportación de yihadismo radical que volviese a poner en peligro la seguridad de EE.UU. No fue un acuerdo de paz, sino pura y simplemente una rendición. Y Biden sólo ratifico que la retirada de sus fuerzas se produciría antes de la fecha emblemática del 11-S, pero se ha producido mucho antes por un error de diagnóstico de los servicios de seguridad. Todas nuestras informaciones sobre la entrada en Kabul de los talibanes eran erróneas.

P.- En palabras del Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior, Josep Borrell, «los talibanes han ganado la guerra». ¿A qué desafíos se enfrenta ahora Europa y cómo ha de responder a los mismos?

El pacto de Doha entre Trump y los talibanes no fue un acuerdo de paz, sino pura y simplemente una rendición

R.- Ahora mismo hay cuatro objetivos que se deben cumplir de forma inmediata. En primer lugar, completar la repatriación de nuestros nacionales y de todos los afganos que han colaborado con nuestras fuerzas los últimos 20 años, porque si no se les repatria inmediatamente, su destino es simplemente la muerte; en segundo lugar, hay que evitar que Afganistán se convierta en un refugio seguro para los terroristas islámicos de todo el mundo; en tercer lugar, hay que evitar que la entrada de los talibanes se traduzca en un éxodo masivo de afganos hacia otros países, como ha sucedido cada vez que se ha producido una escalada de tensión en Afganistán; y en cuarto lugar, hay que estar muy vigilantes para denunciar lo que allí suceda. No estoy hablando del sueño de establecer una democracia representativa. La democracia no se exporta como el café soluble. Hablo de un cambio radical en los parámetros educativos y culturales y del respeto a los derechos fundamentales, que hagan de Afganistán un país atractivo para la población. Debemos exigir a los talibanes que esto se cumpla.

P.- ¿Lo que sugiere es que Europa debe sentarse a negociar con los talibanes?

R.- Es que no hay más remedio que hablar con ellos. Han ganado la guerra, y van a controlar la situación en el país durante un tiempo indeterminado. Cuando sucedió el conflicto sirio, yo fui de los primeros en decir que debíamos hablar con Bashar al-Asad nos gustase o no. A Churchill no le gustaba Stalin, pero sabía que tenía que hablar con él si quería derrotar al enemigo de aquel momento, que era la Alemania nazi. Si Europa quiere conseguir sus objetivos, debe entenderse con los talibanes sin que eso nos lleve a engaño. Los líderes ahora son los mismos que estaban antes de la intervención occidental, no han cambiado su filosofía y siguen perpetuados en un pensamiento absolutamente medieval.

Si no se repatria inmediatamente a los colaboradores afganos, su destino es simplemente la muerte

P.- Ellos aseguran que habrá más moderación en este nuevo período. Que las mujeres serán más felices y que no habrá represalias.

R.- Eso es lo que va a pasar en el corto plazo, porque lo que temen es la pérdida de reputación en Occidente. Por eso han ofrecido una especie de programa de terciopelo totalmente contrario a su filosofía. Es un poco lo que sucede con el procés catalán, hoy paciencia y mañana independencia. Hoy se moderarán, y mañana aplicarán la esencia de su doctrina porque es la razón de su existencia. Tiene que haber una enorme vigilancia, y debería empezar a trabajarse en una gran coalición internacional.

P.- ¿Quién debería participar en esa coalición que menciona? ¿Hay que abrir también la puerta a Rusia o China, pese a haber mantenido el contacto con la nueva autoridad talibán?

R.- Debería participar no sólo Occidente, sino todos los países que en estos momentos consideran que han tenido un triunfo sobre nosotros, y que hacen la lectura de que el modelo occidental ha fracasado por su incapacidad de establecer un Gobierno en Afganistán y por haber abandonado a todos los que habían creído la promesa de que un modelo similar al nuestro era posible. Se debería abrir la puerta a Rusia, China, Pakistán o Arabia Saudita, porque todos los países del mundo, y especialmente sus vecinos, están interesados en que el país no se convierta en una plataforma terrorista y que no se produzca una explosión demográfica especialmente en los países fronterizos. Y para ello hay que hablar con una sola voz para convencerles de que no pueden cruzar líneas rojas en materia de derechos humanos y que esto no va a ser ni admisible ni tolerado.

P.- ¿Podría ser comparable la crisis de refugiados de Siria que vivió Europa con la que está por venir de Afganistán?

La lectura en todos los países del mundo es que Occidente ha fracasado

R.- Es imposible hacer un cálculo exacto. Pero se requiere de un pacto global para que el esfuerzo de acogida se realice de forma solidaria. La ola migratoria se va a acelerar en cuanto pase este compás de espera y comience la persecución por motivos políticos, étnicos o religiosos. Cualquier persona en Afganistán que haya incumplido la Sharia está amenazada. Incluso una madre que haya llevado a sus hijas a la escuela está en peligro. Y eso ya es condición para solicitar el derecho de asilo, el éxodo por persecución, muy diferente a la inmigración por motivos económicos. El derecho de asilo está reconocido por los Convenios de Ginebra, y por tanto obliga a todos los países civilizados del mundo a atender esta demanda. Pero se requiere una acción global coordinada. La inmigración estuvo a punto de provocar la explosión del proyecto europeo por la crisis de Siria, pero no podemos desentendernos de la suerte de una población que ha confiado en Occidente y que ahora se siente profundamente engañada.

P.- ¿Cómo puede afectar particularmente a España la vertiente migratoria de la crisis afgana?

R.- Para empezar hay que señalar la irrelevancia del Gobierno español en la crisis de Afganistán, producto de nuestra débil posición en la Unión Europea y las dificultades en las relaciones con Estados Unidos. España se verá más afectada por el terrorismo y la inmigración que el resto de Europa, sin la menor duda. Uno de los problemas a los que se enfrenta es que Afganistán exporte terroristas islámicos a zonas que nos afectan, como el Sahel, que podría desestabilizar al Magreb. Si esto pasa, estaríamos ante un problema de primera magnitud. Lo mismo cabe decir de la inmigración. Ahora, como consecuencia de nuestra irrelevancia en el mundo, habrá una presión migratoria añadida a la que ya estamos sufriendo, sobre todo si los flujos de refugiados también se canalizan por el Sahel. El Gobierno debe restablecer todos los lazos con los países tradicionales de tránsito, como son Marruecos, Mauritania y Senegal, y pedir a la UE que utilice más recursos humanos y económicos para reforzar la frontera sur. Hay que pisar mucho más firme de lo que lo estamos haciendo en la arena internacional.

España debe restablecer todos los lazos con países de tránsito como Marruecos, y pisar más fuerte en la arena internacional

P.- ¿Cómo valora la actuación del Gobierno de España en esta crisis?

R.- Inexistente. Y no es que lo diga yo, es que España no aparece siquiera en la prensa internacional por la ausencia de propuestas. Esta pasividad es una negligencia y puede tener enormes consecuencias. Tenemos que estar presentes, porque es una crisis que afecta a Occidente, pero sobre todo a España. Siempre he creído que el tancredismo tiene consecuencias letales.

P.- Vox ha defendido que los refugiados afganos sean acogidos en los países musulmanes limítrofes, y no en el resto de Europa. ¿Qué le parece esta posición?

R.- La acogida de refugiados, además de ser una obligación internacional, es una exigencia moral y ética. El rechazo a hacer el esfuerzo que nos corresponde me parece que va en contra de lo que son los fundamentos mismos de mi pensamiento político. Si no les basta el criterio ético y la compasión humana, también sufriría el buen nombre de España, que al parecer importa a todas las fuerzas políticas. Desde luego a la mía.

P.- ¿Es real el riesgo de que los yihadistas accedan a España a través de las olas migratorias, como sugiere Vox?

R.- Ese riesgo ha existido siempre. Pero lo que no se puede hacer es crear una alarma social y expandir una desconfianza absoluta contra todos los inmigrantes. La mayoría simplemente está sufriendo y huyendo de una persecución que puede acabar con su muerte.

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