Lo que no podía ser la noche del lunes se convirtió en una realidad a la mañana siguiente cuando antes de la reunión del Consejo de Ministros Pedro Sánchez citó de urgencia en Moncloa a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz; a su hombre fuerte y ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, y a las ministras de Hacienda y Derechos Sociales, María Jesús Montero e Ione Belarra, respectivamente. Hubo dos ausencias significativas entre quienes no fueron convocados, esto es, la de la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, que se negaba en redondo a intervenir los precios del alquiler, y la de la de la titular de Transportes y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, a la que Moncloa apartó de la negociación.

El objetivo no era otro que desbloquear la ley de Vivienda, compromiso contenido en el pacto de coalición, que dificultaba el camino a los Presupuestos Generales del Estado. Y, junto a Díaz, Sánchez ordenó que se aceptara la última propuesta de Unidas Podemos, esto es, dejar fuera a los propietarios de menos de diez pisos para intervenir el arrendamiento de las viviendas de los grandes tenedores y fondos de inversión.

Tras la reunión, la secretaría de Estado para la Comunicación, con Francesc Vallés al frente, se coordinó con los responsables prensa de vicepresidencia segunda, Derechos Sociales y Podemos, para pactar la nota con la que se comunicaba el acuerdo tanto para la ley de Vivienda como para la de Presupuestos.

Sánchez a Bolaños: «¿Qué está pasando con la vivienda?»

Fuentes gubernamentales aseguran que Sánchez no había estado nunca encima de este tema a pesar de llevar coleando casi un año, hasta el punto de llegar a interrogar un día a Bolaños, ya convertido en ministro, respecto a «¿qué está pasando con lo de la vivienda?». Fue cuando decidió que se implicara en la negociación para «retirar las piedras que obstaculizan el acuerdo», según fuentes del entorno de Bolaños.

Pero éste no debía tener instrucciones precisas de su jefe de filas. Porque el lunes por la mañana se reunió con Belarra y la cita terminó en fracaso. Los intentos posteriores, hasta la noche, tampoco fructificaron. Unos días, antes el «número dos» del Gobierno se puso en contacto con la vicepresidenta segunda, pero ésta le replicó que antes de hablar de Presupuestos debía cerrar un acuerdo sobre el precio de los alquileres.

Los morados decidieron plantarse tras un año de negociaciones «en los que nos hemos movido mucho. Hemos ido dando muchos pasos para alcanzar un punto de acuerdo», pero siempre tenían «el ‘no’ por respuesta», se quejan fuentes de Unidas Podemos. El argumento no es muy distinto al del sector socialista que cedió en otros asuntos como las viviendas vacías o los desahucios.

Rufián critica a los morados por atribuirse todo el mérito

Uno de los elementos de presión que usó Belarra en su negociación con el secretario general de Agenda Urbana y Vivienda, David Lucas, en primera instancia, así como con José Luis Ábalos y más tarde con Raquel Sánchez, a la que vio dos veces antes de ser apartada, es que de ese acuerdo pendía también el respaldo de ERC y EH Bildu a los Presupuestos. De hecho, el portavoz parlamentario republicano ha criticado a los morados por atribuirse todo el mérito «ignorando a quienes le acompañan en esta presión». Y es que Unidas Podemos y ERC, junto a otros siete grupos de la oposición y sindicatos, presentaron una ley de vivienda el pasado jueves en el Congreso ante lo que entendían de parálisis socialista.

El ex vicepresidente segundo del Gobierno y ex líder de Podemos, Pablo Iglesias, también se felicitó por este acuerdo para romper una lanza a favor de los morados. Con una foto en la que se ve a las tres ministras de Unidas Podemos, destacó ayer en un tuit que «la legislación feminista, la subida del SMI, los límites a la publicidad de las casas de apuestas, el ingreso mínimo vital, la regulación de los alquileres… No es hacer la revolución, son medidas mejorables, pero nadie ha conseguido más. En política eres lo que consigues».

Iglesias dice que son medidas «mejorables, pero nadie ha conseguido más»

Los intentos del sector socialista para aprobar los Presupuestos este martes fracasaron, pero el jueves habrá Consejo de Ministros extraordinario con la intención de tener culminado el proceso parlamentario de modo que las nuevas cuentas puedan entrar en vigor a partir del 1 de enero próximos.

Pero entremedias queda una larga negociación con los Grupos de la oposición. A pesar de tratarse de la ley más importante que pasa todos los años por la Cámara, no necesita de mayorías absolutas, pero sí de más votos a favor que en contra. Por eso muchas veces se han «pagado» las abstenciones a precio de oro. Bolaños ya mantuvo una primera toma de contacto con todos los grupos de la oposición, salvo Vox, que se autoexcluyó, pero tampoco pudo dar muchos detalles de un texto que todavía no estaba elaborado.

El Gobierno negociará con PNV, ERC, Bildu, Nueva Canarias, PdeCat, Más País, Compromís, Teruel Existe y el Partido Regionalista Cántabro. A diferencia de hace un año, queda por ver qué hará Ciudadanos, que ofreció entonces sus diez votos para que Sánchez no dependiera de los independentistas catalanes y vascos.