España

"En 'Cuéntame' estamos cerca del final, de que nos corten la cabeza"

El actor vasco repasa su vida personal y artística en la que reconoce que es "incapaz de hacer del dinero una gran oportunidad", que la televisión pública "es del Gobierno" o que los términos de la libertad artistica deben regularse con un nuevo estatuto.

Español universal, por los cuatro costados, pero muy italiano, en mi opinión, que algo entiendo de esto. Además, desde cuando le conozco, siempre me entretiene con algún recuerdo de sus experiencias profesionales en Italia.  Imanol Arias es mucho más que Antonio Alcántara, por supuesto, aunque sea un personaje que le haya marcado de por vida. Es, sencillamente, además de un maravilloso actor, un tipo deslumbrante. De apasionante conversación, en las que las horas se convierten en minutos, es capaz de narrar los sucesos más extraordinarios y las anécdotas, propias o ajenas, con una sencillez y un poso de sensatez fuera de lo común. Todo sin alterar ni un músculo de su rostro… sólo los justos, que para eso es uno de nuestros mejores actores.

En mi conversación con él trenza retazos de su intensa biografía con el pulso vital, social y político de un país que conoce como pocos, porque ha tenido una atalaya privilegiada para ello. Padre de dos hijos actores, actor, vividor en el mejor sentido de la palabra, y hoy, desde sus seis décadas largas de vida, atento y tranquilo espectador, escéptico también, de todo lo que le rodea.  Tengo especial placer es presentarles mi café de hoy con Imanol Arias.

Pregunta.- Pocos saben que es usted es uno de los actores españoles que más ha actuado en Italia y de los pocos actores muy conocidos en mi país, permítame que comience esta entrevista barriendo para casa.

Respuesta.- Massimo Ghini dice que yo soy un actor español que tiene nombre y apellido en Italia.

P.- Yo le sigo desde hace más de tres décadas, desde que estoy en España y desde antes, y debo reconocer que me parece un personaje, no solo profesionalmente sino desde el punto de vista personal, muy italiano. Hablando de personajes, está usted representando desde hace algunos meses, en el Teatro Infanta Isabel, ‘Muerte de un viajante’, de Arthur Miller. Todo un antihéroe, la antítesis del sueño americano. ¿Qué significa esta obra en este momento de su vida? ¿En qué momento se encuentra ahora Imanol Arias?

R.- Es algo que me ronda por la cabeza hace mucho tiempo. Esta obra me impacto tanto como ‘Todos eran mis hijos’. Hay algo en el teatro de Miller que impacta mucho, sobre todo cuando eres joven. El padre corrupto que vende armas de guerra en mal estado, sabiendo que con ellas morirán muchos jóvenes de la misma edad que su hijo. Es una historia humana muy poderosa. Con el paso del tiempo, con la repetición cíclica de las cosas, Miller construye una gran partitura. Las palabras están colocadas de una manera tal que hacen que sea una función muy contemporánea. Es la primera en la historia que tiene ‘flashbacks’ dentro de los ‘flashbacks’, que es una técnica que utiliza hoy Netflix, por ejemplo, para contar historias. Incluso tiene partes distópicas que también se utilizan ahora. El hombre ya estaba en Hollywood, ya conocía a Marilyn, y tenía la preocupación de que el cine pudiera con el teatro.

Es además un texto sobre la paternidad y un retrato sobre el sueño americano. Pero es que el sueño americano, setenta años después, es el sueño de la globalización. Por lo tanto, podía ser un retrato de determinados anhelos. La única diferencia es que entonces, la gente vencida, la gente que no era capaz ni siquiera de llegar a contemplar esta problemática porque no tenía ningún futuro, porque no participaba del sueño, era menor de la que hay ahora. Hoy, hay una parte de la sociedad que está mucho más apartada del futuro. A esa parte, la función les afecta en el sentido del abandono de los mayores, que es algo que también nos pasa ahora.

P.- Usted dice que esta obra va de la paternidad, y aquí actúa con su hijo. ¿Cómo es esa experiencia? ¿Es en el escenario, además de su hijo, su compañero, su colega?

R.- Es la primera vez que se da, en todas las representaciones importantes de ‘Muerte de un viajante’. Tiene que darse la característica de que haya un actor de una cierta edad que sea el padre y otro que haga de su hijo que quiera, que tenga esa situación profesional para hacerlo. Es un balance complicado, pero cuando sale es lo que le da coherencia. Esta obra tiene un impacto doble, por el brillante trabajo de Jon y porque hay una genética que atrae. El teatro se mueve por figuras y hasta la forma del teatro influye en la representación. Pues en este caso hasta la genética y el parecido influyen, porque sin ser un calco mío, es mi hijo, y está funcionando muy bien. Está siendo para mí una experiencia maravillosa.

P.- Y un éxito de público.

R.- Sí, un éxito porque cuando lo destacan ayudan a que yo complete mi trabajo. Esto para mi es una maravilla.

P.- Usted tiene dos hijos y los dos actores.

R.- Sí, los dos inoculados.

P.- ¿Está feliz de tener dos hijos que se han contagiado de su arte, de su pasión por el espectáculo? ¿Le hubiera gustado que se dedicaran a otra cosa?

R.- Estoy feliz porque tengo muy buena relación con mis hijos. He estado sobre ellos y he tenido suerte. No han tenido ninguna etapa depresiva, han soportado el pequeño ‘bulling’ de ser ‘hijo de’. El mayor de una forma muy deportiva porque estaba en un colegio inglés y si eres capitán del equipo de futbol, y llegas a ser ‘honour’, todas las gilipolleces se te quitan. Incluso sus compañeros se olvidan de quién es tu padre. Todo se normaliza. El segundo ha vivido diez años con su madre, que es una protectora natural. Han vivido en un ambiente profesional en el que la madre ha ocupado mucho tiempo en su educación, siendo también una actriz, pero el padre no ha parado nunca.

Yo creo que la televisión pública es la televisión del Gobierno»

El temor, cuando empezaban a despuntar en los deseos, era el de si creerían que esto era siempre así. El 90 por ciento de los profesionales de esto no viven sólo del teatro o de la televisión. Hay una carestía y ellos se han dado cuenta rápidamente, cada uno con su propia medicina. Los dos han arrancado muy rápido. El mayor, y no debo hablar de ellos más que con la boca pequeña porque son entes independientes ya, hizo tres series seguidas con mucho éxito, un papel en una pieza teatral en Barcelona y rodaba aquí o allí, pero descubrió que su felicidad no sólo está en el trabajo sino fuera. Su familia, su chica. Nosotros somos muy ‘omertá’. No nos fiamos de nadie que no sea de la familia. Recuerdo historias muy bonitas que me contaba un joyero de Palermo, de un robo de un anillo de pedida de una familia por la de enfrente sólo por los celos, bueno, esas cosas. Mi hijo pequeño igual; le contratan en ‘El Internado’ y había hecho ya una cosita en una película, le contratan las dos primeras temporadas, pero no entra en la tercera. Y eso a mí me tranquiliza porque les hace realistas, conocen muy bien este jardín que pisan y han elegido.

P.- Usted ha sido protagonista de ese éxito monumental de TVE, más de 20 años ya, que es ‘Cuéntame’. Todo un ciclo que usted ha cerrado con su personaje, con Antonio Alcántara. Cómo es su relación con él, después de tantos años. ¿Ama a Antonio Alcántara? ¿Le odia?

R.- El origen de Antonio Alcántara es mi padre. Por tanto, yo tengo un aprecio hacia él muy grande. Mi padre sólo vivió los siete primeros años de la serie y tutelaba y me ayudaba mucho, se reía mucho con el personaje. A partir de ahí, lo que tiene Antonio Alcántara son todas las contradicciones posibles y por lo tanto yo le amo. Lo que me ha enseñado es a ser un hombre que entienda a los demás. Es un poco conflictivo porque abarca tanto, recibe tanto amor… un hombre que es gritón, posesivo, mandón, cabezota, chulo…  un hombre muy de: ‘lo tuyo es tuyo y lo tuyo es casi mío porque lo genero yo’. Tiene ese corte. No llega a ser siciliano pero un poco milanés del extrarradio sí, sin llegar tampoco a una banda pero que todo el barrio, la parte de abajo, son locales que son suyos y que, cuando le pasa algo, mira a los locales y luego mira hacia arriba, porque el enemigo está arriba y parece que piensa: ‘que mirarán estos cabrones’. Le tengo mucho cariño, sí.

Y ahora ya que, por primera vez percibo, en la cadena y en todo, que estamos muy cerquita del final… creo que a alguien ya no le gusta el rumbo que ha tomado esto. Tocan años muy complicados para la memoria y me parece que casi es mejor que te vayan olvidando en el ostracismo a que alguien te corte la cabeza. Esto que te digo es muy serio porque creo estamos muy cerca de que alguien nos corte la cabeza. Otra escena parecida a la del otro día, a la del etarra que se tira por el balcón y al otro que le da un infarto, cuando venga lo de Roldán, bueno, yo creo que la televisión pública es la televisión del gobierno.

P.- Usted ha crecido en Ermua y me habla de acontecimientos terribles de la historia reciente de este país. Sin meternos mucho en la arena política´, pero usted, que es un hombre de teatro y que ahora ha vuelto a las tablas y mira a los ojos al público, ¿cómo percibe lo que está ocurriendo, desde su posición?

R.- Soy una persona que no participa del sistema político en ninguna de las instancias, ni en la última y definitiva. Antes sí porque tenía una edad en la que me desarrollé como actor y como ciudadano en la Transición. Yo llegué a Madrid en el año en el que muere Franco. Tenía 19 años, y participé. Ahora eso está muy criticado, además por ambas facciones nuevas, en los dos extremos. Detestan todos los pactos que se tuvieron que hacer. De alguna manera, a toda la gente que participamos: yo fui presidente de la propiedad intelectual, presenté la ley de Copia Privada en el parlamento español, me fui al parlamento europeo con Mónica Vitti, tuve la posibilidad de participar en hechos políticos, apoyé en algún momento a Felipe González y por mi identidad vasca, yo que siempre he tenido un enorme problema con el terrorismo, iba de ‘telonero’ de los mítines de Euskadiko Ezkerra, con Juan María Bandrés. También intervine en política en Valencia, de la mano de la ministra de Cultura a la que todos amábamos, Carmen Alborch. Hoy todo es más difuso y los titulares son muy engañosos, hay que tener cuidado. Me he retirado de esto. Recibo las noticias por la oreja, que es donde no me engaña nadie, proceso y cuando habla sé si miente o no.

Parece que soy un evasor como su Majestad, no, aunque me gustaría tener su fiscal»

P.- ¿Televisión, teatro o cine? ¿Le gustan los tres o se siente más cómodo en alguno en particular?

R.- El teatro es lo más primario, tu pequeño jardín y tu lugar más personal. El cine es lo más grande, el elemento mágico, con el paisaje, el viaje, las gentes. La televisión, en épocas pandémicas más, lo que da es la posibilidad de homologar a la gente que no tiene acceso a lo demás. En eso, las plataformas empiezan a parecerse al cine. En ellas hay de todo. Yo, que conozco bien América Latina, le puedo decir que, en Sao Paulo, por ejemplo, si eres un periodista que vive a las afuera y tiene tres niños, es muy complicado ir al cine. Tienes que contratar seguridad por si hay un atraco, salir, volver… todo cuesta mucho dinero ¿No es más fácil meterles en una habitación Netflix, por 9,90, o 11 euros, tener acceso a todo?

Determinado entretenimiento, y no solo de consumo, se ha demostrado que ha calmado mucho la pandemia. La cabeza también sufre de pandemia y ver buenas películas, ver buenas historias, ayuda. Creo que HBO, Netflix, forman parte de esa vacuna.

P.- ¿Hay algún personaje, que no haya representado en el cine, que le gustaría que le ofrecieran?

R.- Hay muchos y cada vez más complicados. El teatro siempre ha sido determinado por la obra, por la arquitectura, pero ahora también por la producción. Mire, ‘Muerte de un viajante’, por ejemplo, tiene un límite de siete actores para que alguien lo compre porque si no eres el ‘caro’. Del quinteto de los Cinco Reyes de Shakespeare, hay dos o tres que me gustaría hacer, en teatro, en circo, donde sea. Me gustaría hacer también algún clásico español, en cuanto tenga oportunidad.

P.- Usted ha ganado dinero, sin duda. ¿Qué es el dinero en la vida?

R.- Me ha demostrado que soy un hombre incapaz de hacer del dinero una gran oportunidad. Me ha permitido vivir tranquilo y ayudar. Parte de mi conflicto en Hacienda es por la reiteración en causas, no es por ocultación, como se verá. No aparezco en la lista de morosos, yo no debo nada, ni he tenido dinero fuera. Fue en 1998 y estaba permitido. Todo lo que tengo es dinero ‘A’. Mi problema era que se optó en un momento por una fórmula que era la de optar por sociedades limitadas. ¿Para qué? Para prepararnos para lo que vino, como está ocurriendo ahora con los derechos de propiedad intelectual. Esta no se da individualmente sino a una sociedad de gestión. Es mejor que tus derechos los tenga tu sociedad cincuenta años más que tú. Mi delito, en todo caso, ha sido creer a un señor y pensar que éramos tan listos que, teniendo empleados, yo tenía nueve, podía sacar una parte de los emolumentos al Estado para invertirlos en cultura. Yo producía todos los años un corto de setenta mil euros, que me los desgravaba de Hacienda, por ejemplo. Si cuando me viene esa primera inspección, y pierdo y pongo un dinero por delante como aval pues ya está, pero el asesor me insiste y vamos a otra instancia… y se fueron acumulando. A la segunda que pierdo me retiro, en 2015. No sé, hay empresarios que soportan esa tensión. Yo no sé.

P.- ¿Se ha sentido maltratado públicamente?

R.- Ni en la calle ni en el trabajo. Pero ha habido una hábil mezcla por parte de medios que, haciendo bien su trabajo, han pagado un dineral, supongo que en ‘A’, a un ‘hacker’ para sacar unos papeles de empresas en Panamá y eso se mezcló de forma que, a mí, teniendo un conflicto en la Audiencia Nacional, parece que soy un evasor como Su Majestad. No, aunque me gustaría tener su fiscal.

P.- ¿Qué opina de todo esto?

R.- Cualquiera que conozca las relaciones de la Casa Real, lo que se le ha pedido y lo que se le ha dejado, durante años, entenderá gran parte del conflicto. Lo demás es todo coyuntural y circunstancial.

P.- Cómo ciudadano, ¿se siente defraudado por el Rey Emérito? Lo digo a raíz de lo que se sabe.

R.- Prevalece en mí, en lo personal, el buen trato que ha tenido siempre conmigo. Un trato especial. De lo demás supongo que se ocupará quien lo está haciendo. Una institución tan especial como la monarquía y un Sistema Autonómico como el nuestro, disgregador e identitario, es una mezcla particular. Tenemos una Monarquía Constitucional que, sin embargo, tiene condados, como las monarquías antes de la Revolución Francesa. Tenemos un sistema de impuestos, por castigo, que es igual para los siervos que para los señores. Todo igual que antes.

He sido un hombre toda mi vida. Me he comprometido, casado, divorciado, arruinado, vuelto a enamorar…»

P.- ¿No hemos cambiado nada?

R.- El problema de las monarquías es que el país no pueda acompañarlas, porque si nos equivocamos, nos equivocamos todos. Si hay un gran contrato para el país y un jeque te hace un regalito, ¿tiene que conocerlo el Gobierno? La política se ha llenado de mamarrachos. Miles de asesores que no hacen nada, con 260.000 coches diesel y luego no han hecho nada por los centros de salud, por el transporte público o por limpiar sus contaminaciones. Es un chiste. Yo ya no me creo nada y estoy fuera del sistema. Qué suerte tengo, poder hablar de la vida desde el arte o la literatura, porque los artistas son mejores que los políticos. Yo sólo, para lo que quiero manifestar, tengo 50.000 personas en el quinto periódico de España que es El Correo. Para lo que yo quiero, no necesito más.

P.- ¿Qué relación ha tenido en su vida con el amor y con el sexo?

R.– He sido hombre toda mi vida. Me he comprometido, me he casado, me he divorciado, me he arruinado, me he vuelto a enamorar. Yo he tenido tres administraciones. Una primera, con uno de los primeros matrimonios civiles que se hizo en España, convulsa. Y uno de los primeros divorcios civiles. Recuerdo que la jueza nos miró y nos dijo: ‘Son muy jóvenes, no tienen ustedes hijos, no tienen ganas…’ Esa fue la primera en esta trilogía de mi vida. Le falto decir, ‘Vayan ustedes en paz’, jajaja. Con la madre de mis hijos debo decir que el matrimonio me supo a poco. Siempre fue el 50 por ciento de todo lo mío porque la ‘mamma’ es una cosa que no tiene nada que ver. De las tres administraciones hay un gran período que es ese. En todas he hecho el mismo proceso: enamorarme, separarme y pensar por qué me complico tanto la vida…

P.- ¿Y el sexo? ¿Es menos complicado que el amor?

R.- He sido un hombre afortunado y tampoco tan loco como para destrozar nada. Hubo una época, cuando era joven y viajaba a América, llegaba a un país y era muy famoso… en Argentina yo hice una película que veían 20 millones de personas cada semana en todo el mundo y que estuve un año promocionando. Volví a Madrid y era la época de la movida, en la que éramos muy promiscuos, no dormíamos, teníamos relaciones muy abiertas… fue una época muy loca. La movida además se dividía entre la gente artista, que tenían dinero de familia, y nos que lampábamos, que no entrábamos al baño porque el baño costaba dinero, no teníamos espejos. En ese aspecto yo tuve una ‘movida’ tardía’, fui de los que ‘lampaban’ hasta que dejé de hacerlo porque tú no puedes ser líder en una cosa y un mierda en otra… y fui líder.

P.- ¿Ha compartido esos momentos con sus hijos?

R.- Mis hijos saben todo porque son artistas. Yo nunca me destrocé. Lo mío era cómo hacer para vivir más horas al día. Había mucha ansia de vivir, pero con respeto y permisividad. El otro día volví a escuchar que al alcalde Tierno Galván le siguen sin poner la estatua y pensaba en los líos que nos hacemos.

P.- Yo recuerdo que en Milán veía películas de Almodóvar y anhelaba esa libertad, aquella pasión de vivir. 

Le animaría al ministro Iceta que se pasara por los teatros, le van a querer. Hace falta un estatuto del artista que delimite los terminos de libertad»

R.- Sí, pero eso lo ha inventado Toma. Hasta la comida, los alimentos, la bebida, todo. La ‘quinta gama’, eso ya lo hacían los romanos.

P.- ¿Le han criticado algo sus hijos?

R: No, porque yo nunca he tenido conflicto alguno, ni he participado en ninguna ofensa. Yo nunca he tenido ningún problema. Mis hijos, lo que noto que demandan es un poco más de tolerancia con todo. Les altera mucho cualquier estupidez.

P.- ¿Qué opina de esa ola de oscurantismo con respecto a la libertad de expresión? Se señala hasta a los cómicos en cuanto a lo que deben decir y lo que no.

R.- La racanería y sus factores económicos se aprecia mucho en los medios de comunicación, que van a lo concreto y en los que ya no hay posibilidad de abrir esa página y decir: ‘A ver hoy si Umbral me a dar un vuelco por aquí…’ La clave de que el teatro no se mezcle de tuits y todo eso es no venir y desaparecer del personaje porque la gente se da cuenta. La clave de ser un buen actor, porque a la gente a veces se la hace un poco pesada la obra es que salga del teatro y diga: ‘¡Qué larga, pero qué buena es!’

P.- ¿Cuál ha sido su actor preferido? Deme una referencia, un icono.

R.- Cuando yo llegué a Madrid no había visto cine prácticamente. Vivía en un pueblo donde mis ídolos eran Clint Eastwood o Florinda Volkan porque todo lo que llegaba era ‘clase B’. Llego a Madrid y empiezo a leer ¿gritos y susurros’, veo ‘El padrino’, y empiezo a flipar. Robert de Niro, Al Pacino. En 1980, cinco años después de llegar a Madrid, me fui a hacer mi primera película importante. Me fui a Cuba y me tiré dos años porque allí todo, el rodaje cubano se paró por aquello. ¡Imagínese! Había planos con 10.220 extras que se tiraban horas con la caña. Se escribió mucho sobre mi estancia en Cuba porque yo además tuve una relación sentimental con una hija de Fidel, con Alina. Me dieron un carnet verde como artista invitado y fui el primer actor extranjero que hice cine en la Revolución cubana. Me trataron de forma increíble. Y tenían unos fondos tremendos, con todo el cine italiano, Visconti, Fellini. Venía Tomás Gutiérrez Alea y me daba una charla sobre Fellini y empecé con mis grandes ‘totems’, como Mastronianni. Siempre me he sentido muy cercano con Giancarlo Giannini.

Tuve una relación sentimental con Alina, la hija de Fidel. Fui el primer extranjero que hizo cine en la Revolución

P.- ¿Qué le pediría al ministro de Cultura de este país, a Miquel Iceta, para que la cultura vuelva a ser grande en España?

R.- Un estatuto del artista que delimite los términos de libertad y que ayude a la gente, que dinamice. El Ministerio de Cultura también tiene que pensar en la cabecita de la gente, no reírse, que abarca mucho y tiene muchas publicaciones. Debe tener, además, en Madrid, presencia en los espectáculos, y sé que Miquel no es muy aficionado a eso. Yo le animaría a que se pase por los teatros porque le van a querer. Sería estupendo. Recuerdo a Pilar Miró como directora general que dinamizó tanto el asunto que al final no había conflicto. Confiaba en el cine español y hacía cuatro semanas de cine español al año: Tokio, Nueva York, Buenos Aires, París, Roma, Montevideo.

P.- ¿Es usted feliz?

R.- Sí. Estoy relativamente tranquilo y no tengo miedo a nada. No he plantado una semilla de odio ni de resquemor en mi jardín. He aprendido que para no volverse loco hay que ser consciente, no ya del día a día sino del instante. Qué voy a hacer hoy, cada mañana, y qué necesito. No tengo conflicto. Tengo edad suficiente para que los achaques que vengan me cojan en un estado activo. Me cuido mucho la cabeza porque si hay una pequeña preocupación es que no pueda ejercitar tanto mi oficio como el cuerpo me lo permita porque mi cabeza no pueda. Me cuido la ‘testa’, jajaja.

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