España

Diez años de Botsuana, el elefante que inició el fin del juancarlismo

Collage del rey emérito con un mapa de Botsuana y un elefante para representar el décimo aniversario de la cacería del rey

Carmen Vivas

«Don Juan Carlos ingresó anoche en el hospital USP de Madrid a su regreso de un viaje privado a Botsuana, donde se dañó la cadera en una caída accidental», informó el Palacio de la Zarzuela en un comunicado el 14 de abril de 2012, aniversario de la Segunda República, a las 9.30 horas.

Aquella comunicación, en la que se especificó que el jefe del Estado se hizo una fractura de cadera la madrugada anterior, hace hoy justo diez años, durante un viaje a Botsuana que pasará a la historia por su imagen con un elefante cazado como trofeo, marcó el inicio de una etapa de decadencia de la reputación del entonces rey de España, del que poco a poco se fue alejando su hijo, el príncipe Felipe, en quien abdicaría dos años después. Se iniciaba así el fin del juancarlismo, de las alabanzas mediáticas hacia un rey «campechano», facilitador de la Transición democrática, que paró un golpe de Estado militar, fraguó importantes relaciones internacionales y defendió a España y a sus presidentes allá donde fue. Ejemplo histórico de esa defensa fue el «Por qué no te callas» que lanzó en 2007 al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien no dejaba de interrumpir al presidente español José Luis Rodríguez Zapatero para lanzar insultos contra su antecesor, José María Aznar, en la Cumbre Iberoamericana que se celebraba en Chile.

El grave accidente de Juan Carlos I sacó a la luz su viaje de lujo privado a más de 7.000 kilómetros de España -del que no informó la Casa Real y disfrutó cuando el país vivía el peor momento de la crisis económica, al borde del rescate y mientras no se hablaba de otra cosa que de la prima de riesgo disparada- así como su relación extramatrimonial con la empresaria alemana Corinna Larsen, ya conocida por su círculo más próximo y algunos periodistas.

La etapa que arrancó aquél día ha culminado con su salida forzosa de España a Emiratos Árabes, donde continúa viviendo, tras abrirle la Fiscalía una investigación por su fortuna oculta en el extranjero durante los años de reinado y posteriores. Finalmente, la fiscal general Dolores Delgado no ha presentado querella contra el rey emérito por la inmunidad que le protegía y por la prescripción de los delitos, pero ha quedado acreditado que ocultó a Hacienda entre 2008 y 2012 «cuotas que superan con creces el importe de 120.000 euros del umbral del delito», como recogió el Ministerio Público en el decreto de archivo de sus diligencias el pasado 2 de marzo. En 2020, tras publicarse detalles de las dos fundaciones con cuentas en Suiza que permitieron a Juan Carlos I disfrutar de fondos millonarios, Felipe VI renunció por carta a la herencia que «personalmente le pudiera corresponder» de su padre y le retiró la asignación anual de casi 190.000 euros del presupuesto de la Casa Real.

«Los niños te pegan sustos»

Juan Carlos I se encontraba en el Delta del Okavango cuando su nieto mayor y más travieso, Felipe Juan Froilán de Marichalar y Borbón, hijo de la infanta Elena, se pegó un tiro en el pie también «cuando estaba de caza», según explicó la reina Sofía a los medios de comunicación que se agolparon a las puertas del hospital Quirón de Madrid donde fue ingresado. Su madre, que se encontraba con la reina Sofía, afirmó aquél 10 de abril de 2012: «Los niños te pegan sustos». Dos días más tarde, en el penúltimo país más meridional de África, Don Juan Carlos también sufría una caída «mientras se desplazaba de la cama al baño» en el campamento donde se alojó durante su viaje para cazar elefantes, según informaron distintos medios el día 14.

Los detalles de la investigación de la Fiscalía española alrededor de la fortuna del emérito dan algunas claves sobre hechos que ocurrieron en aquellas fechas y anteriores una década después de conocerse el accidente.

Sufragada por un asesor del rey saudí

La fatídica cacería africana por la que Don Juan Carlos pidió perdón públicamente con aquella breve declaración «lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir» fue sufragada, según publicó El Mundo, por el amigo del emérito Eyad Kayali, asesor privado del difunto rey saudí Eyad Fadh, afincado en España.

Su hijo y heredero en el trono, Abdul Aziz Al Saud, fue quien ingresó 64,8 millones de euros (100 millones de dólares) el 8 de agosto de 2008 en la fundación Lucum de la que Juan Carlos de Borbón era titular.

La Fiscalía española arrancó su investigación alrededor del emérito en junio de 2020 con el objetivo de aclarar un posible delito de corrupción en los negocios por la forma en que se produjo la adjudicación, en octubre de 2011, de las obras de construcción de la línea de ferrocarril de alta velocidad que une las ciudades de Medina y La Meca en Arabia Saudí al consorcio Al-Shoula, formado por doce empresas españolas y dos saudíes, y su posible relación con el ingreso de los 64,8 millones ordenado por el rey Abdul Aziz Al Saud en la cuenta de la fundación Lucum de la que Don Juan Carlos era titular. Finalmente, el Ministerio Fiscal ha concluido que «la investigación no ha podido establecer, siquiera de modo indiciario, vinculación alguna entre el referido ingreso de 64,8 millones de euros y la adjudicación del proyecto de construcción de la línea de ferrocarril de alta velocidad en Arabia Saudí ni, por lo tanto, que dicha cantidad guarde relación con el pago de comisión alguna». Para los investigadores «se trataría, pues, de un regalo que pudiera haber sido recibido en consideración a la condición de Jefe del Estado que S.M.D. Juan Carlos de Borbón desempeñaba en 2008 y, por tanto, susceptible de integrar el delito de cohecho del artículo 422 del Código Penal. Sin embargo, este delito estaría claramente prescrito», se justificó en el decreto de archivo.

Dos meses después del accidente de Botsuana, en junio de 2012, Don Juan Carlos transfirió los casi 65 millones de euros que había en el fondo Lucum a una sociedad de Larsen en el paraíso fiscal de Las Bahamas. La empresaria defendió que fue un gesto de gratitud hacia ella y su hijo por el cuidado que habían dado al emérito y el cariño que les tenía y, aunque el fiscal suizo Yves Bertossa abrió unas diligencias de investigación por presunto blanqueo agravado tanto a ella como a los gestores de fortunas Dante Canonica y Arturo Fasana, finalmente las archivó.

Sin embargo, la primavera de 2015, durante la conversación que mantuvo la ex amante del emérito con el comisario José Manuel Villarejo en Londres que motivó la apertura de la investigación de la Fiscalía Anticorrupción en relación con el AVE a la Meca y la de la Fiscalía suiza, dijo que si el emérito puso bienes a su nombre «no lo ha hecho porque me quiera mucho, sino porque resido en Mónaco», insinuando una estrategia del ex jefe del Estado español para evadir impuestos.

Viajes de lujo entre 2014 y 2018

Una vez abdicó en su hijo, la agenda del rey emérito se redujo a la mínima expresión. Ya no era él, sino Felipe VI, quien participaba en los eventos anuales más importantes, como la apertura del curso judicial, las entregas de despachos a los nuevos jueces o la Pascua Militar. También dejó de acudir a los encuentros con empresarios.

A finales de mayo de 2019, la Casa Real comunicó que Don Juan Carlos abandonaba la vida pública desde el 2 de junio. Su último acto público fue la entrega del Premio Órdenes españolas 2019 al historiador Miguel Ángel Landero.

Lo que han destapado las investigaciones de la Fiscalía suiza y española es que entre las dos fechas tanto él como allegados y algunos miembros de la Familia Real (entre quienes no se encontraban Felipe VI, la reina Letizia ni sus hijas) hicieron viajes en aviones privados que se sufragaron con los fondos de una cuenta adscrita a la Fundación Zagatka, creada por su primo lejano Álvaro de Orleans sin poder determinar la Fiscalía «con precisión la procedencia y la cuantía de los fondos consignados en las cuentas» de dicha fundación.

También entre 2016 y 2019, el empresario mexicano Allen de Jesús Sanginés Krause hizo transferencias por valor de más de medio millón de euros, a través del coronel y ayudante de campo del emérito, Nicolás Murga Mendoza, para gastos extra de Don Juan Carlos y otros miembros de la Casa Real. El abogado del emérito presentó dos liquidaciones complementarias del IRPF, pagando cinco millones de euros «sin requerimiento previo de la Administración Tributaria», según la Fiscalía, y así evitó que fuera investigado por delitos fiscales posteriores a su abdicación. Pudo reunir la cantidad gracias a que algunos amigos muy próximos le hicieron donaciones.

Don Juan Carlos ya tiene el camino judicial despejado en España, pero se le ha complicado el de Reino Unido, donde el juez Mathew Nicklin ha admitido una demanda de Corinna Larsen contra él por presunto hostigamiento y amenazas. Considera que la inmunidad no puede protegerle por los hechos de su intimidad. Desde Emiratos, donde vive «cómodamente pero sin lujos», según ha explicado el periodista Carlos Herrera que le visitó, recibirá las noticias del Tribunal inglés.

«Prefiero, en este momento, por razones que pertenecen a mi ámbito privado y que solo a mí me afectan, continuar residiendo de forma permanente y estable en Abu Dabi, donde he encontrado tranquilidad, especialmente para este período de mi vida. Aunque, como es natural, volveré con frecuencia a España, a la que siempre llevo en el corazón, para visitar a la familia y amigos», comunicó a su hijo Felipe VI por carta el pasado 7 de marzo, dos meses después de cumplir 84 años.

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