España

El cisma entre "yolandistas" y "pablistas" se traslada al Congreso

El Grupo Parlamentario se divide y responde a dos liderazgos diferentes; Pablo Echenique trata con Ione Belarra y Jaume Asens con Yolanda Díaz

Yolanda Díaz llega al Espacio Rastro en Madrid.

Yolanda Díaz llega al Espacio Rastro en Madrid.

El Grupo Confederal de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados vive las mismas tensiones y el mismo cisma que sus «hermanos mayores» de la cuota morada del Gobierno. Que de un lado están los ministros Yolanda Díaz, Alberto Garzón y Joan Subirats y, del otro, Ione Belarra e Irene Montero es una realidad que a nadie se le escapa ni niega. Y eso se traslada también al Grupo Parlamentario, donde, poco a poco, se han ido generando dos frentes que responden a distintos liderazgos.

Tras la decisión de Pablo Iglesias de dejar la política y pasar el testigo a Yolanda Díaz, un sector del grupo Parlamentario dio por hecho que incorporaría cambios en la dirección del mismo, empezando por su cabeza más visible, esto es, la de Pablo Echenique, significado dirigente de Podemos.

Para sorpresa de muchos, no tocó al portavoz ni a ningún otro miembro de esa dirección y optó por apoyarse en el presidente del Grupo Confederal, el catalán Jaume Asens. Así, mientras Echenique trabaja mano a mano con Belarra, Díaz traslada sus mensajes al dirigente de los comunes.

Echenique trata con Belarra y Asens con Díaz

Así fue, por ejemplo, cuando Moncloa reveló que los móviles de Pedro Sánchez y de Margarita Robles habían sido intervenidos con la tecnología Pegasus. La vicepresidenta telefoneó a Asens antes de la rueda de prensa en Moncloa de Félix Bolaños e Isabel Rodríguez, el pasado día 2, para comentárselo, tal y como informaron fuentes próximas al diputado. En cambio, el grueso de la interlocución con Echenique lo lleva su jefa de filas, esto es, la líder de Podemos, Ione Belarra.

El caso del espionaje ejemplifica muy bien las diferencias de tono y de mensaje que hubo esos días entre Echenique y Asens. Mientras el primero hablaba de la necesidad de que «rodasen cabezas» y espetó a Robles que ya sabía lo que tenía que hacer para salvaguardar su dignidad y la del Gobierno, Asens hablaba de la necesidad de asunción de «responsabilidades políticas», aunque se cuidaba muy mucho de apuntar directamente a la ministra de Defensa.

Las constantes injerencias de Iglesias van envenenando las relaciones internas

Pero fue con el envío de armas a Ucrania donde se pusieron más de manifiesto las diferencias internas en el Grupo, casi al punto de la ruptura. Tanto, que la titular de Trabajo llegó afear a sus ministros que «la cohesión del Gobierno no puede estar en cuestión por parte de nosotros».

Iglesias, que no ha dejado de usar sus altavoces mediáticos para marcar el paso y la estrategia a Podemos, fue especialmente beligerante con este asunto, pero no ha perdido la ocasión de intervenir en todas y cada una de las polémicas suscitadas en los últimos meses, que no son pocas, interferencias que van envenenando aún más las relaciones internas.

Podemos controla mayoritariamente el grupo parlamentario

Pero a diferencia de lo que pasa en el Gobierno, donde se impone Díaz, el grupo parlamentario es terreno de Podemos, ahí reside su principal fuerza. De sus actuales 33 escaños -sin contar el vacante de Alberto Rodríguez y la tránsfuga Meri Pita- siete son de los Comunes, cuatro de Izquierda Unida, dos de Galicia en Común -uno, el de Díaz-, y el resto de los morados. No obstante, ha habido algunas deserciones entre ellos, como es el caso de Gloria Elizo, miembro de la Mesa del Congreso y muy enfrentada a Echenique, y de Txema Guijarro, diputado por Alicante.

La vicepresidenta se apoya principalmente en los Comunes, Izquierda Unida y gallegos, una fuerza algo exigua. Por eso es evidente que cualquier cambio en la portavocía del Grupo Parlamentario podría haber provocado una asonada.

La marcha de la diputada canaria, hoy en el grupo Mixto, Meri Pita, puso de manifiesto la profunda breca existente entre los diputados de Unidas Podemos. La tránsfuga denunció que Podemos «no es una organización ni democrática ni mucho menos plurinacional” y su parte orgánica “está ahí con sus individualidades, sus miserias, sus manipulaciones, su sectarismo, sus cobardías y, cada vez más, sus proyectos biográficos mucho más que políticos, lejos -muy lejos- en cualquier caso, de los principios que nos trajeron a la lucha política”.

Y la dirección del Grupo Parlamentario «ha seguido la misma lógica que Podemos como partido político» con una dirección «que se colocó al margen de todo el mundo y en función de sus propios intereses”. Si bien se puede hablar de un tripartito de Gobierno, el Grupo de Unidas Podemos son dos bajo una misma denominación.

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