España

Feijóo intenta pasar página del fiasco del CGPJ para centrarse en economía y en las elecciones de mayo

"Hemos tenido presiones del entorno de la izquierda para sentarnos con Sánchez y del entorno de la derecha porque te decían que no te puedes sentar", admiten en Génova

Alberto Núñez Feijóo en una imagen de archivo Europa Press

“No adelgazas igual la primera semana que el quinto mes. La posibilidad de crecer en encuestas es mucho mayor cuando vienes de un 20 por ciento de intención de voto que de un 30”. Con este símil analiza un estrecho colaborador de Alberto Núñez Feijóo la marcha del PP en los sondeos después de haber frenado su tendencia ascendente y llevado a pensar que el llamado «efecto Feijóo» se diluye conforme pasa el tiempo.

Rebate así el sabor agridulce del fracaso de la negociación para la renovación del CGPJ. Si uno de los objetivos de la nueva dirección popular era evitar las comparaciones con la fallida etapa de Pablo Casado y presentar a Feijóo como el prototipo de político centrado capaz de alcanzar acuerdos de Estado, no se ha cumplido, pero, sensu contrario, no faltan en su entorno los que arguyen que eran conscientes de que un acuerdo con el Gobierno “también nos podía haber costado un precio” a efectos de opinión pública.

La decisión de Feijóo de dar por “suspendidas” las negociaciones para el órgano de gobierno de los jueces estuvo avalada por el grueso de sus barones territoriales, no sólo por Isabel Díaz Ayuso –a pesar de los videos del PSOE al respecto explotando esta idea– sino también, entre otros, por el andaluz Juan Manuel Moreno, con un perfil mucho más moderado que el de la presidenta de la Comunidad de Madrid.

Es práctica habitual de Núñez Feijóo mantener una línea de comunicación constante con sus dirigentes regionales para las grandes cuestiones que afectan a la estrategia partidaria. “Fue uno de ellos”, justifican en el cuartel general de los populares en alusión a sus 13 años como presidente de la Xunta gallega tras enlazar cuatro mayorías absolutas, y éste se sintió avalado una vez surgió la polémica en torno a la reforma del delito de sedición.

Se extiende en su equipo la idea de que hubiera sido infinitamente peor pactar la renovación del CGPJ y conocer después el alcance de las conversaciones con ERC para suavizar las penas del delito por el que fueron condenados los cabecillas del procés. Una reforma que puede abrir la puerta al regreso de la fugada Marta Rovira; «rehabilitar» para la política a Oriol Junqueras y facilitar el camino hacia el Supremo de Carles Puigdemont, al que le caería una pena mucho más baja, sin olvidar el posterior indulto. Porque si bien es cierto que la cuestión de la sedición se suscitó durante las conversaciones entre el Gobierno y el PP, el mensaje que transmitió el Gobierno «es que no había voluntad real de abordar esta reforma».

Génova admite presiones a derecha e izquierda

“Lo que hemos conseguido con el CGPJ es estar en el punto medio exacto”, explican las fuentes consultadas. “La izquierda no le puede decir a Feijóo que no lo ha intentado y la derecha no puede decirnos que nos han engañado». Admiten que el fuego ha sido cruzado, de modo que «hemos tenido presiones del entorno de la izquierda para sentarnos con Sánchez y del entorno de la derecha porque te decían que no te puedes sentar».

Ante este dilema, arguyen, «hemos sabido coger nuestro camino sin interferencias mediáticas de unos y de otros». El PP se sentó a negociar el órgano de gobierno de los jueces «por el bien del país», dicen en Génova. Y otro alto dirigente apunta a que Feijóo «entiende que debe tomar decisiones que, a veces, no gusten al electorado. ¿Puede haber pecado de ingenuidad? pues quizá sí», admiten para agregar a continuación que el gallego «intenta marcar el discurso de medio y largo plazo, nunca juega al corto».

Génova intenta pasar página. Este jueves el líder popular se embarcó rumbo a Hispanoamérica con Uruguay, Argentina. Chile y Ecuador como destinos, donde mantendrá encuentros con los presidentes Luis Lacalle y Guillermo Lasso, y los ex mandatarios Mauricio Macri y Sebastián Piñeira. No resulta un territorio desconocido para el gallego puesto que en calidad de presidente de la Xunta se empleó a fondo en el continente americano en búsqueda del voto de la importante colonia española que vive en estos países.

Economía y maquinaria electoral

A la vuelta, mucha economía, muchas propuestas sobre agua y sobre educación, entre otros asuntos, y la maquinaria electoral en marcha para tener al partido engrasado y a todos los candidatos designados para las elecciones locales y autonómicas de mayo antes de que acabe este año.

El presidente nacional del PP no se mueve bien en las batallas culturales, aunque ese es un frente que no pueden abandonar ante un año electoral a cara de perro. En su gira iberoamericana se presenta como el líder del partido «más moderado, centrado y reformista», deseoso de «recuperar los grandes pactos», aunque después del fiasco del Consejo y de la escasa interlocución con el Gobierno no parece muy probable, salvo que llegue «otro PSOE», dijo recientemente convencido de que Sánchez no seguirá en política nacional si dentro de poco más de un año pierde las elecciones.

Este viernes la secretaria general popular, Cuca Gamarra, convocó junto al vicesecretario de Organización Territorial, Miguel Tellado, a los secretarios autonómicos y provinciales del partido con dos mensajes claros. En primer lugar que las locales y autonómicas, deben ser la antesala del triunfo de las generales, tal y como pasó, por ejemplo, en 1995 antes de la victoria electoral de José María Aznar, y en 2011 con Mariano Rajoy y, dos, la necesidad de «ensanchar el partido. Vamos a hacer que los españoles nos elijan convencidos de que este partido les representa», les dijo Gamarra. Y para ello, «los programas electorales deben dar las respuestas a los problemas que tienen hoy los españoles».

Sin embargo, el CGPJ seguirá siendo el gran elefante blanco en la habitación. Génova confía en que el interés del PSOE decaiga una vez se renueve el Constitucional y el Gobierno pase a controlar el tribunal de garantías, «que es lo que realmente les importa».

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