El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, conoce bien el espionaje del país vecino. Fue víctima de Pegasus. En su móvil quedó una huella que le vincula, tal y como avanzó en su día El Independiente, con un alcalde francés, la esposa de un preso político saharaui y un diplomático saharaui. Con ese historial previo, este martes Grande-Marlaska ha impuesto la Gran Cruz de la Orden del Mérito de la Guardia Civil a Abdellatif Hammouchi, máximo responsable de la seguridad marroquí y figura clave en los aparatos de inteligencia de Rabat. Precisamenre el hombre que ordenó el uso del software espía de fabricación israelí.
Hammouchi dirige simultáneamente la Dirección General de Seguridad Nacional y la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), el corazón del sistema de contrainteligencia del reino y la institución desde la que se ha espiado a activistas y opositores locales así como mandatarios extranjeros, entre ellos, Sánchez y varios de sus ministros y Emmanuel Macron y parte de su gabinete.
El reconocimiento se justifica oficialmente por la colaboración “ejemplar” en materia de seguridad y lucha antiterrorista entre España y Marruecos. La relación, sin embargo, no está exenta de polémica. Organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales han señalado repetidamente a Hammouchi como responsable de estructuras acusadas de detenciones arbitrarias y prácticas de tortura.
Al acto de condecoración, celebrado apenas unos días después del aniversario de la Marcha Verde y la ocupación ilegal del Sáhara Occidental, han asistido la directora general de la Guardia Civil española, Mercedes González Fernández, el general de brigada Luis Peláez Piñero, del servicio de Inteligencia de la Guardia Civil, así como de varios altos responsables de seguridad marroquíes y españoles. También la embajadora de Marruecos en España, Karima Benyaich.
El cerebro de Pegasus en Marruecos
La ceremonia añade una capa de ironía política: Marlaska figura entre los miembros del Gobierno español cuyos móviles fueron infectados con el software Pegasus, fabricado por la empresa israelí NSO y empleado —según investigaciones judiciales y revelaciones periodísticas— por los servicios marroquíes. Pese a ello, el vínculo estratégico se mantiene intacto. Desde el giro de La Moncloa en el conflicto del Sáhara Occidental en 2022, España ha reforzado vínculos con Marruecos a cambio de una supuesta estabilidad fronteriza y cooperación en seguridad, aunque las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla están lejos de cualquier normalización.
Hammouchi es el principal y temido rostro de los servicios secretos de Marruecos, la bestia negra de intelectuales, periodistas o defensores de derechos humanos perseguidos por ejercitar la libertad de expresión en un país que no tolera la más leve disidencia.
“Hammouchi me ha encarcelado a mi hijo sobre la base estúpida de que ha fabricado mascarillas para venderlas en una clínica. Hemos traído la prueba de que la clínica no existe. Decían que mi hijo había fabricado mascarilla en una empresa y la empresa dice que nunca vio a mi hijo. Y, sin embargo, está en la cárcel por tres años y medio. Y eso es muy difícil de aguantar. Segundo, a mí un día me chantajeó con un vídeo en el cual dice que yo estoy desnudo y lo que se ve es mi espalda”, declaró a este diario Mohamed Ziane, un ex ministro marroquí de 83 años que desde 2022 cumple condena en una cárcel marroquí por instar a Mohamed VI a abdicar y denunciar la corrupción en la élite del país.
Las víctimas que Marlaska comparte y apuntan hacia Rabat
Fueron víctimas de la misma cuenta del software Pegasus que espió los móviles de los ministros Margarita Robles y Fernando Grande-Marlaska. El usuario que se llevó 6,3 gigabytes del móvil del titular de Interior también se infiltró en los teléfonos personales de un diplomático saharaui y un periodista marroquí exiliado. Ambos, rostros perseguidos por el régimen alauí, rompieron en 2024 su silencio sobre el caso en conversación con El Independiente cuando la Audiencia Nacional reabrió la investigación de Pegasus del móvil de Sánchez y sus ministros tras recibir nuevos datos de Francia.
Tal y como avanzó este diario el pasado julio, la cuenta de correo [email protected] se halló en el rastro del virus Pegasus que infectó los móviles del ministerio del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y de la ministra de Defensa, Margarita Robles. En su momento, el titular del juzgado de instrucción número 4 de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, que estaba investigando el espionaje a ambos ministros, a Sánchez y el ministro de Agricultura Luis Planas, preguntó al CNI si podía saber quién estaba detrás de los usuarios que empiezan con "linakeller" y que se habían hallado tras el rastro de 'Pegasus'.
Robles y Marlaska no fueron los únicos sujetos contagiados desde la citada cuenta. El mismo usuario también espió a la activista prosaharaui Claude Mangin, de nacionalidad francesa, un alcalde galo, un diplomático del Frente Polisario y un periodista marroquí exiliado en Francia. Mangin reconoció en julio de 2023 haber sido víctima del usuario. Dos de las otras víctimas hablaron con este diario de esa infiltración con la esperanza de aportar nuevas pruebas a la investigación española.
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