El accidente ferroviario del pasado domingo 18 de enero en Adamuz, que ya ha dejado 42 muertos, según los últimos datos oficiales, ha situado en primer plano una tendencia que los datos oficiales han ido reflejando desde hace años. Las estadísticas de la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) publicadas por el Ministerio de Transportes muestran que la siniestralidad en la red ferroviaria española inició una escalada sostenida a partir de 2018, con un aumento continuado de accidentes, descarrilamientos y colisiones.
El siniestro de Adamuz, que ha dejado por el momento 42 muertos y 159 heridos, es el episodio más grave de una serie de incidentes que han ido creciendo en número y gravedad durante la última década.
2018, el inicio del cambio de tendencia
Hasta 2017, los niveles de siniestralidad se mantenían relativamente estables, con registros que rara vez superaban los 50 accidentes significativos anuales y los graves no superaban la treintena en ningún caso. Sin embargo, 2018 marcó un punto de inflexión. Ese año se contabilizaron 61 accidentes, cifra que sirvió de base para una escalada posterior que no se ha detenido.
Transportes, que desde 2018 hasta 2021 lo dirigía el ahora ex ministro imputado por corrupción José Luis Ábalos, divide los accidentes y los descarrilamientos según si son "significativos" o "graves", siendo los primeros "cualquier accidente en que esté implicado como mínimo un vehículo ferroviario en movimiento, con al menos un muerto o herido grave, o se produzcan graves daños en el material, la vía férrea u otras instalaciones o entornos, o interrupciones prolongadas del tráfico".
Los accidentes graves se consideran "cualquier colisión o descarrilamiento de trenes con el resultado de al menos una víctima mortal o de cinco o más heridos graves o grandes daños al material rodante, a la infraestructura o al medio ambiente, y cualquier otro accidente similar, con un efecto evidente en la normativa de seguridad ferroviaria o en la gestión de seguridad".
Los accidentes en datos
En 2019 se registraron 70 accidente, bajando en 2020 hasta los 63. A partir de 2021 la tendencia vuelve al alza, con 65 accidentes, y en 2022 se contabilizaron un total de 81. El máximo se alcanzó en 2023, con 95 accidentes. En 2024 hubo 75, lo que supone un incremento del 23% respecto a 2018. Los datos reflejan una pérdida progresiva de estabilidad en el sistema ferroviario, que durante la década anterior había logrado contener la siniestralidad.
Con estas cifras de accidentes y descarrilamientos, el ministro Óscar Puente dijo el pasado mes de noviembre que quien no quiera ver que el ferrocarril en España vive el mejor momento de su historia, simplemente no está mirando con suficiente amplitud de miras".
Adamuz, la materialización de la estadística
El accidente de Adamuz ejemplifica de forma extrema esa tendencia. A las 19:47 horas, un tren de la compañía Iryo que realizaba el trayecto Córdoba-Madrid descarriló con cerca de 300 pasajeros a bordo. Veinte segundos después, un tren Alvia con destino a Huelva y 187 viajeros colisionó contra los vagones que habían quedado atravesados en la vía.
Ambos convoyes circulaban a velocidades de entre 205 y 210 kilómetros por hora, dentro de los límites autorizados para ese tramo, dotado además del sistema de señalización LZB. El siniestro reúne las dos tipologías de accidentes que más han aumentado desde 2018: descarrilamientos y colisiones.
Descarrilamientos y colisiones, en máximos
Los registros de la AESF confirman el deterioro en estas categorías clave. En 2018 se produjeron ocho descarrilamientos; en 2023, la cifra creció un 50% hasta los 16, el máximo de la serie. Las colisiones, por su parte, pasaron de 15 en 2018 con una colisión grave a un récord de 19 en 2024. También los accidentes graves han experimentado un repunte. De los 14 registrados en 2018 se pasó a 22 en 2022, con cifras que se mantienen en 18 tanto en 2023 como 2024.
La investigación en Adamuz se centra ahora en el vagón 6 del tren Iryo, considerado una pieza clave por la Guardia Civil. Su retirada de la vía ha sido paralizada para permitir un análisis exhaustivo. Según ha explicado el ministro de Transportes, Óscar Puente, ese coche fue el primero en descarrilar.
Las primeras inspecciones han confirmado la rotura de un tramo de carril en el punto del accidente. Los investigadores tratan de determinar si el fallo de la infraestructura provocó el descarrilamiento o si fue el propio tren el que, al salirse de la vía, fracturó el carril. Por su parte el Ministerio del Interior ha descartado de forma expresa la hipótesis de un sabotaje.
13 descarrilamientos, "el mejor momento" del tren
El impacto humano del accidente ha sido especialmente duro en la provincia de Huelva, de donde procedían al menos 15 de las víctimas mortales. El operativo de emergencia movilizó a más de 220 efectivos, incluidos especialistas en identificación genética y drones de búsqueda.
El año 2024 registró 13 descarrilamientos, incluyendo uno grave. La línea Madrid-Andalucía permanecerá cortada durante varios días por los daños en la infraestructura, pero el impacto va más allá del servicio ferroviario. Los datos de la propia AESF apuntan a una tendencia estructural al alza que, hasta ahora, no ha sido revertida. El accidente de Adamuz no es solo un episodio aislado, sino la expresión más grave de una siniestralidad que se disparó hace siete años y que mantiene bajo escrutinio a toda la red ferroviaria española.
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