"Cuando lleguen las elecciones generales". Cinco palabras. El presidente del Gobierno concluyó su respuesta con ellas y algunos dirigentes de su partido sintieron un cierto latigazo. No les gustó. No se esperaban que fuera tan explícito, que dejara traslucir tanto sus pensamientos. Otros, sin embargo, las encajaron con normalidad, sin más ruido.
Esas cinco palabras encerraban un debate que circula en el PSOE y que apunta al calendario que tiene en la cabeza el secretario general y jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y sobre todo a su estrategia. Porque solo él tiene en su mano elegir la fecha de las generales y, hasta el momento, mantiene que serán en julio de 2027. Esto es, después de las autonómicas y municipales de mayo, en una jugada de ajedrez simétrica a la que valió en 2023 para preservar la Moncloa. La fecha, julio de 2027, la anticipó el pasado 11 de febrero en el pleno del Congreso. Pero fue el pasado miércoles, en su comparecencia ante los medios en Nueva Delhi, en su primera jornada de trabajo durante su viaje oficial en India, cuando dijo algo más.
Cuando empleó esas cinco palabras. Los periodistas le habían preguntado qué creía que explicaba la caída del PSOE, porque aquella era la primera rueda de prensa que él daba desde las elecciones de Aragón del pasado 8 de febrero, en las que su partido perdió cinco escaños y 5,26 puntos —habían sido 10 diputados y 14,14 puntos en los comicios de Extremadura del 21 de diciembre—. Qué reflexión hacía. Qué autocrítica. "Nuestro electorado se está quedando en la abstención y creo que tenemos que analizar exactamente por qué no acuden a votar. Entiendo que puede haber elementos que hayan significado argumentos para quedarse en la abstención. Pero, en todo caso, lo que sí que les digo es que trabajaremos precisamente para que todo ese electorado se movilice cuando lleguen las elecciones generales".
Si previamente llevas al atolladero a todo tu poler territorial, que hoy fundalmentalmente son los ayuntamientos... no puedes esperar que luego se muevan por ti", analiza un mando local
Sánchez parecía deslizar que su prioridad son únicamente las generales. Que solo en ellas buscará despertar al electorado progresista, muy retraído. Así lo decodificaron varios mandos de su partido, que ya desde antes no escondían su malestar por el hecho de que las municipales y las autonómicas lleguen, previsiblemente, antes, con el riesgo de que sean los candidatos en esos comicios los que sufran el castigo ciudadano, los que paguen el descontento con el Gobierno.
"Sin comentarios", expresa un mando municipal que conoce bien la organización, muy molesto por las palabras del presidente. "El poder local", sigue, "tiene claro que si Pedro lleva las generales a julio de 2027 va a hacer la campaña su tía. Si previamente llevas al atolladero a todo tu poder territorial, que hoy fundalmentalmente son los ayuntamientos... no puedes esperar que luego se muevan por ti". "Quiero pensar que el presidente se confundió. No estuvo acertado. No me gustó. Es que si salen mal los territorios, las generales también irán mal. Todo va unido", apunta por su parte uno de los jefes de un aparato territorial más veteranos y alineado con Ferraz.
Claro que los alcaldes queremos ir después de las generales a las urnas", expresa una regidora socialista, "nosotros estamos 'a full'. Damos la cara y se debería mirar por nosotros más"
"Es algo demoledor que lo diga así, sí, que se volcará en la movilización de las generales", coincide otro dirigente que sabe perfectamente cómo funciona el engranaje del partido. "Claro que los alcaldes queremos ir después de las generales a las urnas —expresa una regidora socialista—. Nosotros estamos a full. Damos la cara y trabajamos 24/7 y se debería mirar por nosotros más".
Un presidente de una diputación provincial estalla:
—Impresentables declaraciones. Parece que él no tiene culpa de nada, parece que no le importa nada de nada ni las autonómicas ni las municipales. Las generales deben ser antes que las municipales.
El funesto recuerdo del 28-M
El PSOE se sabe débil. El mazazo de las elecciones del 28 de mayo de 2023 no se ha curado, ni mucho menos. En aquel momento, el partido estaba convencido de que salvaría mejor aquel examen. Gobernaba un grandísimo número de municipios, tenía nueve presidentes autonómicos. Los socialistas eran conscientes de que no se hallaban en el momentum de 2019, cuando la división de la derecha —entre un muy marchito PP, un pujante Ciudadanos y un naciente Vox— y la ola muy favorable por el primer Gobierno bonito de Sánchez impulsó a sus candidatos.
En 2023, el PSOE no esperaba sufrir el enorme varapalo que las urnas confirmaron. Fue el corolario de una campaña en negro. Dos meses más tarde, Sánchez pudo retener la Moncloa
Pero aquella campaña, la de 2023, se torció. En las semanas y meses anteriores el debate público estuvo colonizado por una agenda que les perjudicaba, como los fallos de la ley del sí es sí —el Ejecutivo promovió su reforma de la mano del PP y sin Podemos— y la eliminación de la sedición y la reforma de la malversación. Cuando llegó la recta final, sin embargo, todo se complicó. Las listas de Bildu con exetarras, un ambiente crispado ejemplificado en los gritos de "¡que te vote Txapote!" que recibieron los candidatos y las acusaciones de fraude electoral (que se desvanecieron pasado el escrutinio) mancharon decisivamente la campaña para el PSOE. El presidente no combatió el espantajo del antisanchismo y presumió de la gestión de su Ejecutivo, anunciando medidas mitin tras mitin que quitaban el foco a sus presidentes autonómicos y alcaldes. Resultado: el 28 de mayo, los socialistas sufrieron un verdadero naufragio. Perdieron decenas y decenas de ayuntamientos y seis de sus gobiernos regionales. Solo sobrevivieron tres barones: Emiliano García-Page en Castilla-La Mancha, el único sostenido con mayoría absoluta; Adrián Barbón en Asturias y María Chivite en Navarra. A ellos se sumaría, un año más tarde, Salvador Illa en Cataluña, la principal comunidad liderada por los socialistas.
La catástrofe, agudizada por el hundimiento de la izquierda del PSOE, fue de tal magnitud que Sánchez compareció a primera hora del 29 de mayo para anunciar la disolución de las Cortes Generales y la convocatoria de las generales para el 23 de julio, unos comicios que preveía inicialmente para diciembre de ese año. El presidente emprendió una campaña radicalmente distinta: aquí sí plantó cara al antisanchismo con múltiples entrevistas (muchas en medios hostiles), se dirigió a nuevas audiencias (como los jóvenes), y aunque patinó en el cara a cara con Alberto Núñez Feijóo supo rehacerse y sacudir el desánimo de su partido. El líder logró dar la vuelta a la campaña, agitó el miedo a la ultraderecha y aprovechó los errores del contrario y su mala digestión de las autonómicas y municipales y los posteriores pactos con Vox. Resultado: el 23-J Sánchez cosechó un millón de votos más, un diputado más (hasta 121) respecto a cuatro años antes y, sobre todo, retuvo la Moncloa. Esta vez tras un doloroso pacto con Junts que incluyó aceptar una ley de amnistía que antes de las urnas rechazaba.
El presidente programó para el 29 y 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2024 el 41º Congreso Federal del PSOE, en Sevilla, con la idea de propiciar la renovación de los liderazgos territoriales y recuperar parte del poder perdido un año antes. Pero el PP quiso jugar a crear un clima adverso para los socialistas, poniendo por delante dos urnas antes de las que tocaban, por agotamiento del mandato, en marzo de 2026 (Castilla y León) y en la primavera (Andalucía): anticipó los comicios en Extremadura y Aragón. El PSOE se hundió por completo en la primera y repitió su mínimo histórico en la segunda. Los ánimos en el partido están bajos, justo lo que pretendía la dirección de Feijóo.
Y aunque las perspectivas para las elecciones de Castilla y León del 15 de marzo no son tan negativas —los socialistas aún confían en quedar primeros, y el CIS dibujó este viernes un empate técnico con el PP, aunque con unas horquillas enormes—, sí lo son para Andalucía. Y lo son también para el resto de autonómicas y las municipales de mayo de 2027. Eso explica el rechazo de muchos alcaldes al calendario que tiene en la mente Sánchez. Temen que los ciudadanos les endose su malestar con el Gobierno, como ocurrió en 2023.
No estoy de acuerdo con la estrategia de hundir al PSOE en los territorios para intentar salvar las generales. Estoy muy preocupado: el PSOE hay que preservarlo como organización, y se hace tratando de resistir en las municipales", expresa un barón
La confesión del presidente en Nueva Delhi, insistiendo en que buscará la movilización para las generales, ha ahondado en algunos dirigentes esa sensación de desamparo. Quien lo ha explicitado es García-Page, el barón más crítico —la dirección federal, señaló, es "también responsable de los candidatos y de las candidaturas y de los alcaldes actuales, y se tiene que responsable de sus resultados, y lo que no puede ser es que aquí termine hundiéndose en la trinchera toda la infantería para que simple y llanamente siga existiendo cuartel general"—, pero en esta cuestión no es una voz minoritaria ni aislada. En el partido late desde hace años el malestar contra el presidente de la Junta de Castilla-La Mancha por sus reiterados pronunciamientos públicos contra el Gobierno, pero en esta ocasión más dirigentes se alinean con él, aunque la inmensa mayoría en privado. Sí verbalizó ese respaldo esta semana la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés.
"Confío en que Pedro se explicara mal. Seguro que tiene una explicación, de lo contrario me parece una deslealtad y una falta de respeto a los territorios —manifiesta un barón regional, sin esconder un ápice su inquietud—. Llevamos un año de mandato orgánico en las federaciones y no ha habido contacto con la ejecutiva a través del consejo político federal [el órgano que reúne al secretario general con los líderes territoriales]. Estamos ante el PSOE menos federal de la historia. Y yo desde luego no estoy de acuerdo con la estrategia de hundir al PSOE en los territorios para intentar salvar las generales. Yo estoy muy preocupado porque el PSOE hay que preservarlo como organización, y eso se hace trabajando para resistir en las municipales. No se va a repetir la hazaña de 2023: mal municipales y remontar en generales". Este responsable invoca ese ADN profundamente municipalista del partido, y el que pide no olvidar. Ni sacrificar en el altar de la Moncloa.
Velar por el conjunto
El PSOE, no obstante, no es tampoco granítico en este punto. Hay alcaldes y mandos regionales que creen que tiene sentido que las generales cierren el ciclo, en julio de 2027. Es decir, que comparten la tesis de la Moncloa: el partido debe intentar poner a resguardo aquello más valioso que tiene, que es el Gobierno central, de ahí que el presidente piense en las legislativas y ponga el foco en ellas. Cuentan en el equipo del líder que es normal que los regidores y los mandos locales y autonómicos se consideren "los primeros de la pirámide", que velen por sus intereses, y que es comprensible que crean que si pierden el poder es responsabilidad de su jefe de filas. Es un razonamiento "muy humano", pero eso no quiere decir que se corresponda con la realidad. Sánchez, recuerdan en el corazón del Ejecutivo, actuará en cualquier caso no guiado por la opinión de sus alcaldes, sino por la estrategia que entienda más idónea para el partido y para el Gobierno.
Los colaboradores del presidente explican que si se adelantan las generales y se pierde el poder, el PSOE entraría en un estado de depresión que difícilmente sería remontable en las urnas autonómicas y municipales que vendrían a continuación. A la inversa, en cambio, podría ocurrir como en 2023, que el partido, tras un hipotético mal resultado en mayo de 2027, se implicaría para salvar casi la única embarcación a flote: el Ejecutivo de coalición. Aunque para eso también es condición imprescindible que la izquierda del PSOE se una y se entienda.
Un alcalde de una ciudad media prefiere que las generales vayan después: "Siempre es mejor ir a municipales con un Gobierno nuestro. La ola te arrastra más que al revés. Es legítimo que Pedro mire por sí mismo. Igual hace Page"
Para un veterano del aparato de una federación muy próxima a Ferraz, la tesis monclovita tiene fisuras porque también "todo depende de cómo se haga", porque si se da "tiempo" entre las generales y las regionales y locales posteriores habría margen para que el partido se repusiera del golpe. "Pues para mí, mejor que Pedro vaya a julio de 2027 —opone un alcalde de una ciudad media, de unos 75.000 habitantes—. Me examino yo primero y de esa manera me puedo volcar después en las legislativas. Por mal que esté, yo creo que siempre es mejor ir a municipales con el Gobierno de España en nuestras manos. Hay mucho voto, sobre todo de los mayores, que vota al que gobierna. La ola te arrastra más que al revés. Si en cambio hay Gobierno de PP y Vox antes de las locales, nuestro desgaste territorial será mayor. Es más, me parece legítimo que Pedro mire por sí mismo. A Page también le importa Castilla-La Mancha, como Jaume Collboni focaliza en Barcelona y a mí me interesa mi ciudad. A Pedro le importa el Gobierno de España y en segundo plano todo lo demás. A cada uno le importa lo suyo, otra cosa son las apariencias".
Un secretario de Organización autonómico comparte este último análisis. Cuenta que en una reunión de partido en su federación no se interpretaron las palabras de Sánchez en India como un mensaje "tan demoledor", sino como la señal de que él tiene "aguante", "lleva las riendas" y convocará las elecciones "cuando considere y no por la presión de la derecha o con quienes se alineen con sus postulados". "Es que en ningún sitio está escrito que adelantando las generales se ganen las autonómicas y municipales. Puede incluso que si estas van mal, igual el tirón de Pedro puede salvar el Gobierno de España, y no su sacrificio para salvar unas autonómicas y locales inciertas. Nada está escrito aún. Y digan lo que digan, ningún socialista quiere un adelanto electoral a las bravas para entregar España a la extrema derecha. Ni siquiera pensando egoístamente en su alcaldía o en su presidencia autonómica. Confiamos en el buen criterio de Pedro y su equipo. Él tiene la virtud de elegir bien sus tiempos".
Perder el Gobierno es más peligroso. Pedro va a lo suyo, pero también cuando nos fue bien. Sí que podría hacer más equipo", indica un candidato". Una veterana: "No se ha escuchado algo así jamás"
Coincide otro responsable regional de un aparato autonómico muy potente: "Cuando él considere, antes o después". Y otro jefe de Organización también quita hierro a las declaraciones de Sánchez: "Desde luego, a mí no me molestaron. Y cada elección es diferente". Un aspirante a una alcaldía muy relevante cree que deben destriparse sus palabras "más en clave de 2026, de que aguanta". "Y yo sí defiendo que perder el Gobierno en manos de los ultras es más peligroso. Que Pedro va a lo suyo... sí, pero también cuando nos fue bien. Es cierto que él podría hacer más equipo, pero es cierto que le pegan por todas partes, y a veces el partido también hace de cierta oposición. Yo puedo entender su postura".
Una dirigente con mucho oficio interno y muy alejada de Ferraz discrepa. Y reconoce que no dio "crédito" cuando oyó las manifestaciones del presidente en India. "Sabíamos que le importa poco el territorio, ¿pero hasta ese punto? No se ha escuchado algo así jamás. Al partido le duele comprobar lo poco que le importa a Pedro. A él no le importa el partido, solo es su medio para llegar a la Moncloa".
La dificultad de implicar en autonómicas
"El presidente se refería a las elecciones que son su responsabilidad. Yo no le daría mayor valor", justifica un responsable muy conectado con Sánchez. "No creo que quiera sacrificar ningún territorio", añade un ministro de mucho relieve. "Es que las cosas no son blancas o negras. Y vivimos tiempos tan imprevisibles... a saber qué escenario tenemos en unos meses. Lo que sí tenemos que hacer es generar ganas de pelea en nuestra gente y recuperar credibilidad entre nuestros potenciales votantes —observa un miembro de la dirección federal—. Y si las generales van antes y los resultados son malos... eso sí que deprime a nuestra gente".
Un ministro niega que Sánchez quiera "sacrificar" los territorios. "A saber qué escenario tenemos en unos meses. Sí tenemos que generar ganas de pelea en nuestra gente", apuntan desde Ferraz
Otra integrante de la cúpula de Sánchez apunta una razón que se ha escuchado mucho en Ferraz desde los comicios aragoneses del 8-F: que el partido tiene severas dificultades para movilizar a su electorado en las autonómicas, porque buena parte de sus votantes no se sienten "interpelados" por ellas o porque se refugian en una formación regionalista, mientras que sí se mueven en las locales y en las legislativas.
—Su reflexión iba más por aquí —prosigue esta responsable federal—. Pero no se puede interpretar que no hará nada para las regionales y locales. Él en las autonómicas hace campaña y se deja la vida yendo de un lado a otro. Su implicación es máxima. En comunidades como Extremadura o Aragón también hay que tener en cuenta que no había dado tiempo a que hubiera cansancio de sus gobiernos, porque María Guardiola y Jorge Azcón llevan apenas dos años. Otra cosa puede ser, por ejemplo, Comunidad Valenciana. Esta es una partida de ajedrez muy larga. Queda mucho para entonces. La estrategia del PP es a corto plazo: ganar las autonómicas para generar sensación de hartazgo con Pedro Sánchez, pero la gente vota en otra clave en las autonómicas. Ahora hay que movilizar a la gente que está en casa. No solo a los del PSOE. La izquierda entera tiene que salir.
Otra integrante de la ejecutiva recuerda que Sánchez siempre se ha implicado en todas las campañas. Y advierte de que esta es "una partida de ajedrez muy larga" y cada elección es un mundo
Una federación que siempre repite que la participación máxima clave es Andalucía. La cúpula regional encabezada por la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, no esconde que le beneficiaría una doble convocatoria (autonómicas y generales), porque tiraría de la movilización e históricamente ha funcionado al partido —con Manuel Chaves en 1996, 2004 y 2008—, pero esa decisión está en manos de Sánchez. Y, aunque hay miembros de su entorno más cercano que no ven mal esa alternativa, el presidente ha trasladado hasta ahora que agotará su mandato. Hasta el final. Bajo ningún concepto, reiteran, tirará la toalla antes de tiempo. "Ni regalará el Gobierno a PP y Vox".
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