"Si usted me pregunta si apoyo al Gobierno de Pedro Sánchez, le digo . ¿Si soy leal al Partido Socialista? Hasta el último día de mi vida. ¿Si voy a estar en las próximas campañas electorales? A tope". José Luis Rodríguez Zapatero anticipaba en cierta medida el pasado 2 de marzo lo que iba a ocurrir apenas unos días después. Su vuelta al ruedo. Por la puerta grande y con los suyos. En campaña, el espacio en el que su partido le ha redescubierto y le ha reentronizado como uno de sus santones indiscutibles, como el talismán para las urnas. El escenario en el que él mismo se siente cómodo y en el que se reencuentra consigo mismo. Al expresidente le gusta la carretera y en el PSOE le siguen reclamando.

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Castilla y León, la tierra del expresidente, es la que le ha devuelto el protagonismo para su partido en estas dos últimas semanas. Zapatero debutó en la campaña del 15-M el pasado viernes 6 en León —la ciudad en la que milita desde 1978— y siguió el miércoles 11 en Segovia. En ambas ciudades, con el candidato a la Junta, Carlos Martínez, y con aforos completos: unas 800 personas en la primera, 650 en la segunda. Este jueves, mitineó solo, sin el cabeza de cartel, y congregó a 400 simpatizantes y militantes en Candeleda, un pueblo de Ávila de solo 5.000 habitantes y en el que el auditorio municipal se quedó "pequeño", según la organización, para recibir al exjefe del Ejecutivo.

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Y este viernes Zapatero echa el telón de estas autonómicas en Valladolid junto con Martínez y el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, además de con el ministro Óscar Puente —exalcalde de la capital regional— y con la número uno en la lista provincial a las Cortes, Patricia Gómez. Mitin de clausura de campaña, por tanto, en el que el partido quiere mostrar músculo y evidenciar que puede quedarse muy cerca del PP. O, en el mejor de los escenarios, pero al que no ha apuntado ninguna encuesta, ganar. El PSOE echa el resto para el 15-M. Igual que hizo cuatro años atrás, en las autonómicas de Castilla y León en las que, con Luis Tudanca como candidato, también veía posible repetir la gesta de 2019 —entonces sí quedó primera fuerza, algo que no ocurría desde 1983—, pero en las que se quedó a las puertas. En febrero de 2022, Tudanca quedó a escasos 1,38 puntos de la lista del PP, encabezada por el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco.

Zapatero lleva atravesando una aparatosa tempestad desde diciembre, cuando su amigo Julio Martínez Martínez, socio mayoritario de la mercantil Análisis Relevante, fue detenido en el marco del caso Plus Ultra, que investiga si la aerolínea pudo haber utilizado los 53 millones de euros del rescate del Estado para lavar dinero procedente de Venezuela. La causa ahora está en manos de la Audiencia Nacional y lo que sospecha el PP es que el expresidente pudo cobrar ayudas públicas a través de facturas ficticias que giraba a la compañía de Martínez Martínez.

El expresidente pasó por la comisión Koldo del Senado el pasado 2 de marzo —llamado por los populares, que controlan la Cámara con su mayoría absoluta—, en el arranque de la campaña de Castilla y León, y reconoció que había percibido de Análisis Relevante en torno a medio millón de euros en seis años (de 2020 a 2025), a razón de 70.000 euros brutos al año, siempre "contra factura". Recibió esa cantidad por la elaboración de informes, algunos de ellos verbales, y acordó con su amigo que Whathefav, la agencia de publicidad de sus hijas, Laura y Alba Rodríguez Espinosa, hiciera "las tareas de marketing, comunicación, apoyo a la sociedad y al consultor", a él mismo. En total, el exjefe del Ejecutivo y sus hijas ingresaron unos 660.000 euros de la compañía.

En todo momento, Zapatero ha negado irregularidades. Todos los pagos, que ha cobrado como autónomo, han sido declarados a Hacienda, insistió en el Senado. Y su partido le cree. Está convencido de que la investigación judicial, todavía bajo secreto de sumario y por la que no está imputado, se quedará "en nada". El apoyo de Ferraz y del propio Sánchez no tiene fisuras. Es más, los socialistas sostienen que si el PP busca erosionar tanto a su exlíder es porque sabe que es "un activo electoral al que hay que destrozar".

En Aragón, no

El expresidente resurgió como gancho para su partido en las generales de julio de 2023, cuando la formación todavía se lamía sus heridas por la debacle de las autonómicas y municipales de mayo. Él levantó el ánimo a la tropa. Fue decisivo en la recuperación de su aliento. Y desde entonces ha participado en prácticamente todas las campañas. De forma más tibia, es verdad, en la de Extremadura del pasado 21 de diciembre, unos comicios en los que se percibía a la legua la hecatombe, descalabro que acabaron confirmando las urnas. Y no recorrió Aragón porque la candidata allí, la exministra Pilar Alegría, no quiso participación apenas de dirigentes nacionales. En Castilla y León, Zapatero ha vuelto a tener una presencia muy significativa. Cuatro mítines en total —León, Segovia, Ávila y Valladolid—, uno más incluso que Sánchez. El presidente arrancó campaña el 26 de febrero en Burgos, luego pasó por Soria el pasado 7 de marzo y cierra en Valladolid este viernes.

Como insisten varios cuadros del PSOE de Castilla y León consultados, el expresidente tira de la militancia, anima a las bases, ejerce un potente efecto movilizador entre los suyos. De ahí que resulte muy útil en las campañas. Y ahora, señalan, más. "Representa el No a la guerra", resume un barón provincial. Algo capital ahora mismo. Porque Sánchez recuperó esa consigna que tanto se gritó en las calles en 2003 contra la agresión a Irak que el Gobierno de José María Aznar apoyó activamente. Zapatero, entonces líder del PSOE en la oposición, rechazó por completo la participación en aquella guerra, una postura compartida por todo el arco parlamentario salvo el PP. Cuando llegó al poder un año más tarde, justo después del trágico atentado yihadista del 11-M, su primera decisión fue sacar las tropas de Irak, como había prometido en campaña. Para la grey socialista, el expresidente es sinónimo de "dignidad" y de "paz", mismos atributos que endosan a Sánchez.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero (c), haciendo el signo de la ceja de su campaña de 2008, junto a la cabeza de lista a las Cortes de Castilla y León del PSOE abulense, Mamen Iglesias (i), y el diputado Manuel Arribas (d), en el mitin de este 12 de marzo de 2026 en Candeleda, Ávila. | EFE / RAÚL SANCHIDRIÁN

Y él tampoco rehúye ese regreso al pasado, precisamente para elogiar la "valentía" del hoy jefe del Ejecutivo por plantarse ante Donald Trump y reivindicar la soberanía de España. Lo hizo en León, y también esta semana. En Segovia recordó que toda guerra sin cobertura del derecho internacional es "ilegal" y, como tal, "dobemente inmoral". "Qué a gusto me quedé y qué tranquila tengo la conciencia", dijo sobre su decisión de que los soldados españoles saliesen de Irak. En Candeleda aprovechó la reaparición, la víspera, de otro expresidente, de Aznar, quien insistió en que España debe alinearse con EEUU, como él hizo en 2003, y quien acompañó a su exministro Jaime Mayor Oreja en la presentación de su libro Una verdad incómoda, en la que resucita la teoría de la conspiración y afirma que los atentados del 11-M fueron diseñados para "cambiar el rumbo de España".

"A la democracia le sienta bien la paciencia", respondió este jueves Zapatero, "y creo que tenemos que tener mucha paciencia de las cosas que oímos ayer [oor este pasado miércoles] al señor Mayor Oreja de la guerra de Irak y del atentado terrible del 11 de marzo". "No quiero entrar en excesivas polémicas, pero deberían de asumir los errores que cometieron", señaló de Aznar y de su exministro, recordando que tanto George Bush como Tony Blair, los otros dos mandatarios que con el primero conformaron el trío de las Azores, sí reconocieron el error de la guerra de Irak y la mentira de que el dictador Saddah Hussein tenía armas de destrucción masiva. "Nunca" las hubo y "nos llevaron a una guerra con 300.000 muertos y la desestabilización de Oriente Medio", condenó el exlíder socialista.

Para Zapatero, la derecha mejor haría en "no volver a hablar de lo que supuso el atentado del 11-M", porque la sociedad española, "unida a las víctimas", sufrió mucho, y porque lo que toca es "celebrar y conjurarse de que España es un país en paz, desde que ETA decidió en 2011 abandonar las armas y la violencia terrorista", informa EFE. Un logro que conquistó con él en la Moncloa, como se encargó de reivindicar en la campaña de las generales. "Es esencial defender la paz, es la tarea principal", esgrimió el expresidente entre aplausos de los suyos. En el auditorio municipal, lleno, se escuchó de nuevo el grito de "¡No a la guerra!". El que acompaña toda esta campaña socialista. El exdirigente tiró de talante, como le gusta hacer... y de su ceja, recuperando el gesto de su propia campaña de 2008, en la que pudo repetir en el Gobierno y en la que se empeñó que reinara el optimismo.

Un ambiente en verde

Porque este camino al 15-M se presenta menos adverso para el PSOE que las dos elecciones anteriores, ambas envueltas por un contexto enormemente negativo para el partido: la primera, la de Extremadura, por la debilidad del candidato, el estallido del caso Salazar y el encarcelamiento del exministro José Luis Ábalos; la segunda, por el trauma por el accidente ferroviario de Adamuz que arrebató la vida a 46 personas. En ambas urnas, se intuía un gran bajón del PSOE, pero en Castilla y León las encuestas apuntan que podrá aguantar, aun con dificultad, sus 28 procuradores, o bajar algo, quizá hasta los 26 escaños. El umbral está en los 25 asientos, el mínimo histórico, el que se firmó en 2015, también con Tudanca como candidato y cuando Podemos penetró con fuerza, sentando de una tacada a 10 representantes.

Distintos dirigentes provinciales y regionales insisten en que tienen buenas sensaciones, aunque al final un escaño pende de muy pocos votos y puede caer de un lado o de otro. En 2022, en seis de las nueve circunscripciones el último diputado en liza lo consiguió el PP (Ávila, León, Palencia, Salamanca, Segovia y Valladolid), en dos el PSOE (Burgos y Zamora) y en una Soria ¡Ya!, que cosechó un resultado histórico al sentar a tres procuradores en las Cortes. La previsión es que Martínez arañe al menos un escaño en Soria, arrebatándoselo a la candidatura provincialista, pero pierda el último que hace cuatro años Tudanca se anotó en Burgos. También peligra el último por Zamora. La dirección cree que puede tener amarrados los 28 sillones. "Estamos todos muy motivados. Parece que el PP empieza a estar nervioso, que a nosotros las cosas pueden irnos bastante bien, el ritmo de la campaña ha sido bueno", resume un miembro del comité electoral.

Esas expectativas en positivo explican, precisamente, que la cúpula haya decidido sacar toda su artillería para el cierre de campaña y que también haya confiado en el talismán Zapatero tres días consecutivos: en Segovia —circunscripción que en estos comicios gana un procurador (de seis a siete)—, en Ávila —tierra muy conservadora, donde ha primado el reparto PP-PSOE hasta la irrupción de XAV (Por Ávila), escisión de los populares, en 2019— y en Valladolid, el distrito que reparte más diputados (15). También está programada la visita, en esta jornada de cierre, del presidente de Asturias, Adrián Barbón. Este jueves, otro barón socialista, el vasco Eneko Andueza, estuvo en Salamanca, y el martes pasó por Palencia el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. En la cúpula regional inciden en que la campaña ha sido "equilibrada". "Y los compañeros han podido ver que hay ganas y que vamos a por todas", inciden.

La jornada de Zapatero en Ávila sorprendía por varios motivos. Primero, porque mitineó sin el candidato, Carlos Martínez, que hizo campaña por la tarde junto al ministro de Industria y Turismo, Jordi Hereu, en Villablino (León), provincia feudo histórico de los socialistas y absolutamente clave —ahí la pugna, además de con el PP, la tienen con Unión del Pueblo Leonés (UPL), que aspira a conseguir un cuarto escaño—. Y dos, por el punto elegido finalmente, Ávila, una circunscripción pequeña y tradicionalmente muy conservadora, en la que el reparto en 2022 fue de tres escaños para el PP, dos para el PSOE, uno para Vox y el último para XAV. El expresidente, además, no estuvo en la capital —donde le gusta recordar que se casó con su mujer, Sonsoles Espinosa, en la ermita de Nuestra Señora de Sonsoles—, sino en un pueblito, Candeleda. "También tiene su valor ir a lugares pequeños", "hay que estar en todas partes", alegaban en la cúpula. El expresidente abarrotó el auditorio municipal. 400 personas. Otra señal, dicen en el partido, de que las cosas pintan bien.