"Andalucía tiene su propio marco". Pasados los comicios en Castilla y León, la tercera meta volante de la intensa yincana electoral de este semestre, y con relativo éxito, el PSOE empieza a afrontar la siguiente competición, la más trascendente de todas: las autonómicas andaluzas, aún sin fecha pero que llegarán en mayo o junio como máximo. Y en la dirección federal y regional del partido asumen que aunque el ánimo ha cambiado, y para bien, no es suficiente, ni el buen resultado de Carlos Martínez este domingo preludia por sí mismo un cambio de ciclo y un viraje brusco en Andalucía, en donde el PP de Juanma Moreno Bonilla parte la carrera muy afianzado y con casi el único riesgo de perder su cómoda mayoría absoluta. Andalucía, pues, es "otro marco", remarcan distintos dirigentes de primer nivel en el Ejecutivo, en Ferraz y en el PSOE-A. Son otras elecciones, otras urnas que se jugarán en un contexto distinto, con candidatos distintos, con un clima seguramente también distinto.

La prudencia impera. Y nadie, ni en la cúpula federal ni en la dirección autonómica, se llama a engaño. Todos saben que la batalla será dura, durísima, y que la cabeza de cartel, María Jesús Montero, la vicepresidenta primera del Gobierno y líder del PSOE-A desde enero de 2025, tiene muy complicado erosionar a Moreno Bonilla. Por eso su equipo ya está empezando a dibujar una precampaña y campaña en la que pretende echar el resto. Estará muy presente el presidente, Pedro Sánchez, también el otro ministro andaluz del Ejecutivo, Luis Planas, titular de Agricultura, Pesca y Alimentación, un sector clave en una comunidad con un fuerte componente agrario. Pero también el comité electoral quiere contar con dos pesos pesados en la historia de Andalucía y del partido: los expresidentes de la Junta Susana Díaz y Manuel Chaves. Con un doble objetivo, ayudar a reconquistar a los votantes socialistas en un antiguo feudo y proyectar una imagen de unidad interna. Especialmente relevante es la rehabilitación de Díaz, jefa de Montero en la Junta hasta la marcha de esta a Madrid en 2018 y rival de Sánchez en las primarias de 2017 y, con muchos matices, uno de sus referentes críticos.

La hoy senadora ya echó una mano a la vicepresidenta en su ascenso a la cúspide del PSOE-A y desde entonces ha mostrado su "disposición" a ayudar en lo que le pida. Y ahora la dirección regional prevé darle espacio cuando se convoquen los comicios, quiere que participe en mítines, que recorra la comunidad. Ferraz no se opone y espera poder contar "con todos" según se vaya planificando la campaña.

El 15-M ha insuflado energías en un partido que venía de sufrir un monstruoso descalabro en Extremadura el 21 de diciembre —10 escaños menos, hasta 18— y un desfondamiento en Aragón el 8 de febrero —cinco diputados menos, hasta 18—. Las elecciones en Castilla y León depararon la sorpresa. El PSOE, con Carlos Martínez como candidato, ganó dos procuradores más y avanzó 0,72 puntos. Un resultado que ni siquiera habían augurado los sondeos. El PP, que acumula ya 39 años al frente de la Junta, seguirá al mando, pero necesariamente con el concurso de Vox. Los socialistas no logran arrebatar el poder a Alfonso Fernández Mañueco pero "no bajan los brazos", tienen "hambre de gobierno", en palabras de Martínez ayer tras la reunión de su ejecutiva regional, y esperan a la segunda vuelta, a los siguientes comicios autonómicos. El barón regional ratificaba este lunes que no facilitará la investidura del líder PP, porque el PSOE es su "alternativa" y además él mismo "ha mordido la mano que de forma generosa" le tendió "en muchas ocasiones", cuando le ofreció un pacto para que gobernase la lista más votada si ambas fuerzas se comprometían antes de la apertura de las urnas.

Esa mejora de expectativas ha reverberado en todas las esquinas del PSOE. Y, especialmente, en Andalucía, la siguiente comunidad en ir a las urnas, si es que no hay más sorpresas. "Si para algo ha servido el resultado en Castilla y León es para dar un soplo de aire nuevo a la militancia. Y ya sabemos que el ánimo de los militantes es lo más importante para empujar. En mucha gente está ya la idea de que los gobiernos del PP con Vox nos van a dar tardes de gloria. Y por lo que vemos van a ser unos cuantos", apunta un parlamentario nacional del PSOE-A. "Después de lo del 15-M estamos con los ánimos más arriba. Hay partido", opina una baronesa provincial. "Ahora hay mejor ambiente, sobre todo con el No a la guerra, más que por el respiro de Castilla y León", tercia un jefe de un aparato de una provincia. "La gente está más animada, aunque se hace también la lectura de que un candidato unido a Sánchez perjudica", opina otro responsable de Organización de peso.

En la cúpula de Sánchez son conscientes de que los buenos datos de Martínez conceden un importante respiro en un momento muy delicado. Pero también piden cautela y recuerdan, como ya dijeron tras los batacazos de Extremadura y Aragón, que "cada elección es distinta". "Se ha trabajado bien. Ahora, a seguir. Cada territorio es un mundo. Eso de llevar los resultados de unas comunidades a otras... no es así", apuntan en el corazón de Ferraz a este diario. Es decir, que el alivio del 15-M no tiene por qué significar un cambio de ciclo, un alza sostenida del PSOE en el resto de territorios. Se irá viendo, advierten.

Y es que en el partido pesan las encuestas recientes sobre Andalucía, que indican que Moreno podría revalidar su mayoría absoluta (55 escaños) —en los comicios de junio de 2022 consiguió 58— o perderla por poco, con un PSOE a una distancia sideral y con el peligro de ser alcanzado por Vox. El sondeo de GESOP para El Correo de Andalucía (Prensa Ibérica) del pasado 28 de febrero, Día de Andalucía, concedía 50-53 diputados al PP, por 23-27 a los socialistas de Montero y 23-27 a la ultraderecha. Por Andalucía, la coalición de IU-Sumar, sumaría 4-5 actas y los anticapitalistas de Adelante, 2-3. Y el estudio de Sigma Dos para El Mundo publicado ese mismo 28-F vaticinaba 53-55 actas para Moreno, 24-27 para Montero, 20-21 para Vox, 5-7 para Por Andalucía y 4 para Adelante. Ambas encuestas dibujan un PSOE en el suelo histórico del 20%, unos 20 puntos por detrás del PP. El objetivo de la dirección es intentar superar la marca de Juan Espadas de 2022: 30 diputados. Lejos de recuperar la Junta, pero al menos lanzaría la señal de recuperación de las siglas en un contexto muy adverso.

"Es verdad que las elecciones en Castilla y León ha venido bien para nuestra gente —sentencian en el cogollo del PSOE-A—, pero en tres meses, lo que pueda quedar hasta las autonómicas, puede pasar de todo. Para empezar, a ver cómo evoluciona la guerra de Irán. El ánimo ha cambiado, es verdad, pero Andalucía es otro marco. En cada elección, en cada territorio, influyen unos factores y no otros. Además, la semana que viene puede salir algo negativo y nuestra gente se hunde". De nuevo, la alusión a la ciclotimia del partido, un elemento que siempre cuenta y que lo define. Y es que asoma ya, por ejemplo, una potencial mina: el arranque, a primeros de abril, justo después de Semana Santa, del juicio en el Supremo al exministro José Luis Ábalos por el caso mascarillas, para quien la Fiscalía pide 24 años de prisión. Moreno tiene que firmar el decreto de convocatoria de los comicios en abril si quiere que las urnas se abran en junio. Descartado muy probablemente el domingo 7 de junio, porque pillaría en mitad del viaje del papa León XIV a España, se barajan el 14, el 21 o, como tarde, el 28. Otra opción sería el 31 de mayo, justo después de otra fecha importante en el calendario de festividades de primavera de Andalucía, el Rocío.

La herida de las primarias de 2021

Cuando Moreno convoque las elecciones, el PSOE-A empezará a componer con Ferraz el calendario de actos. La voluntad de la dirección regional es que arropen a la candidata el propio Sánchez y el ministro Planas. También se quiere contar, como sucedió en Castilla y León, con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. La novedad es que la cúpula de Montero desea tirar de Susana Díaz y de Manuel Chaves. La expresidenta no se había implicado en ninguna campaña desde su salida de la secretaría general del PSOE-A, en junio de 2021, cuando fue batida en primarias por el entonces alcalde de Sevilla, Juan Espadas, el hombre aupado por Ferraz para relevarla. La relación entre Díaz y Espadas no solo no se reconstruyó tras aquella contienda: se hizo explosiva. La exbaronesa socialista le acusó de haberla arrinconado a ella y de haber laminado a su gente. Cuando Montero ganó el liderazgo del PSOE-A, después de que los cuadros de la federación acudiesen a Sánchez para que la postulara y evitara así una nueva guerra civil que desangrara al partido, Díaz se alineó con ella. Sus dirigentes más cercanos se integraron otra vez en los círculos de poder, aunque en un segundo plano.

"Susana ayudó a que aquí hubiera tranquilidad en el congreso regional del año pasado. Empujó para que saliera bien. Y es indudable que llega a una parte de nuestro electorado, también por su proyección mediática", dada su presencia en numerosas tertulias de televisión, justifican en el aparato regional. "Ella ha mostrado su disposición, y hay que aprovecharla. Sabe que vamos a contar con ella", continúan las mismas fuentes. La dirección explica que en precampaña y campaña se necesitarán muchas manos, dada la dimensión de la comunidad y su población de ocho millones de habitantes.

La idea que tiene la cúpula es que ella participe no en los actos del lado de Montero —no tendría mucha lógica, dado que no es candidata ni mando orgánico ya—, sino en mítines en todas las provincias, en una especie de circuito alternativo, para ayudar a la movilización. Lo mismo ocurriría con Chaves, expresidente condenado en el caso ERE pero al que el Tribunal Constitucional anuló en julio de 2024 la pena de nueve años de inhabilitación por prevaricación. El partido ya había restituido internamente a Chaves, pero esta sería la primera vez en que participara en una campaña de nuevo. Él dirigió la Junta durante 19 años (1990-2009) y Díaz, durante poco más de cinco (2013-2019). José Antonio Griñán, su predecesor en la Junta (2009-2013), también exonerado por el Constitucional de la pena de seis años de prisión y 15 de inhabilitación por malversación y prevaricación, permanece ajeno a la vida del partido. Rafael Escuredo (1982-1984), presidente de honor de la ejecutiva del PSOE-A, tiene una salud algo más delicada, aunque apoya plenamente a Montero. Muy crítico con Ferraz y con Sánchez es su sucesor en la Junta, José Pepote Rodríguez de la Borbolla, jefe del Ejecutivo autonómico entre 1984 y 1990.

En Ferraz aseguran que todavía es pronto para tener diseñada la campaña al milímetro, aunque lógicamente haya habido conversaciones entre la secretaria de Organización federal, Rebeca Torró, y su homólogo regional, Paco Rodríguez, mano derecha de Montero y alcalde de Dos Hermanas. "Todos están a disposición y se irá contando con todos conforme se vaya organizando la campaña", explican en la dirección de Sánchez, donde recalcan, no obstante, que aún no se les han consultado nombres de los participantes de los mítines. No se ha profundizado, agregan, se ha hablado "en términos genéricos", porque "nada está cerrado". Y es lo normal: "Zapatero no sabía que iba a participar en el cierre de Castilla y León, en Valladolid, antes de la campaña. Ya se irá configurando el calendario de actos, diseñándolo según momento, oportunidad, sitio, mensaje...". La ejecutiva federal no objeta ningún nombre porque "todo el mundo está a disposición".

Desde el entorno de Díaz sostienen que ella "siempre ha mostrado su disposición de ayudar en todo lo que le pidan". "Lo ha hecho en cada proceso electoral, porque ella defenderá al PSOE siempre. Con Espadas se ofreció igual y él no quiso. Es verdad que con María Jesús tiene buena relación y suele hablar con su equipo", pero aún no tiene "información" sobre su participación en la campaña de las próximas andaluzas. Distintos dirigentes andaluces consultados, de distintos niveles, aplauden la decisión de contar con la expresidenta, porque la imagen de unidad interna "ayuda siempre".

Defensa de los ministros candidatos

En Ferraz y en la dirección del PSOE-A se niegan a hacer el análisis de que el éxito de Martínez se deba a su condición de candidato no sanchista. Es cierto que él no apoyó a Sánchez en las primarias de 2014 —respaldó a Edu Madina—, ni en las de 2017 —se alineó con Susana Díaz, como por cierto hicieron la propia María Jesús Montero o la exministra y hoy líder del PSOE aragonés, Pilar Alegría—. Pero el año pasado fue el ungido por Ferraz para relevar a Luis Tudanca al frente de la federación castellanoleonesa.

En el equipo de Sánchez conceden que tiene un perfil propio, muy apegado a la tierra (es alcalde de Soria desde 2007 y ha atesorado cuatro mayorías absolutas en su ciudad), que ha podido sorprender por su autenticidad, que se ha deslindado en cuestiones como la reforma de la financiación autonómica —él no comparte la propuesta de Montero pactada con ERC—, pero insisten en que sintoniza con ellos. "Hemos hecho mucha más campaña nosotros en Castilla y León que en Aragón, porque Pilar no quiso que fuéramos tanto y Carlos sí. Y nosotros nos adaptamos al territorio. Nos hemos coordinado muy bien con Carlos y su equipo: todo les ha ido bien, todo lo que les hemos planteado y aconsejado", cuentan en la sala de máquinas federal, donde resaltan que el gran activo del partido, el gran agente movilizador, "sigue siendo el presidente Sánchez".

La dirección federal no reniega así de la arriesgada estrategia de lanzar ministros como candidatos en sus territorios. La portavoz de la ejecutiva, Montse Mínguez, recordó que Montero y Alegría fueron elegidas por sus federaciones —no hubo urnas porque sus rivales no lograron avales suficientes—, y Ferraz lo respeta: "Cada territorio tiene su particularidad y su singularidad. Pero lo que sí que les puedo decir es que el PSOE es una organización seria, una organización que deja que los liderazgos los elija al propio territorio".

Montero dejará el Gobierno cuando Moreno convoque los comicios, pero no antes. Su tesis, defendida por su equipo, es que ayuda más a su federación y a Andalucía desde el Ejecutivo que fuera de él, porque perdería todo el foco que le otorga el cargo, y además "tendría poco sentido irse ahora o dentro de tres semanas". "Es la mejor candidata que podíamos tener. Ella polariza como polariza Pedro. Y eso, igual que te quita, te aporta, porque tiene capacidad para movilizar al electorado progresista", valoran en el puente de mando del PSOE-A.

El objetivo de la dirección continúa siendo alcanzar la máxima movilización, cosechar el aproximadamente medio millón de votos que sí pudieron atraer en las generales de 2023 y que se quedaron en casa en las autonómicas de un año antes. Montero utilizará sobre todo, como eje de su campaña, su crítica a la erosión de los servicios públicos y, en especial, de la sanidad, como probó la crisis de los cribados del cáncer de mama. "Hay que aproximarnos a la participación de 2023. Se puede pelear, y Moreno está más tocado de lo que intentan convencer", indica una máxima responsable provincial. Otro elemento que creen los socialistas que puede jugar a su favor son los pactos PP y Vox: la letra pequeña de las cesiones que los populares tengan que hacer a la ultraderecha en Extremadura, Aragón y Castilla y León, dado que las negociaciones van a rodear la fecha de la convocatoria.

"Hay partido", se conjuran en el PSOE-A. Pero todos saben que la batalla será durísima, que no hay nada asegurado, que los datos de Castilla y León de Martínez animan pero no tienen por qué repetirse, que el desgaste de un PP de 39 años en el poder no es el mismo que el de un Moreno que lleva algo más de siete. Los socialistas emprenden ruta con mejores ánimos, algo capital, pero también con mucha, mucha cautela.