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Depredadores del grooming al otro lado de la pantalla de tu hijo: “Jugaba al Fornite con un niño con voz de mayor”

Helena tiene 10 años y acaba de recibir un mensaje en su perfil de una conocida red social. Es de Sergio, que tiene 11 años y estudia en el instituto de al lado. Sergio le ha contado que tiene un grupo de música con sus amigos y que ensaya todos los jueves en un garaje del barrio que comparten. Como tienen seguidores en común, Sergio logró encontrar el perfil de Helena. Helena no lo sabe, pero Sergio no existe. Detrás de ese nombre se encuentra Carlos, un hombre de 52 años que vive en la casa de enfrente de Helena y que coge todos los días el ascensor a la misma hora que ella.

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La historia de Helena es ficticia, no ha ocurrido, pero quien sí existe es Carlos. Esta situación que viven cada vez más menores en internet es conocida como grooming. UNICEF lo define como la práctica por la cual "un adulto establece una relación de confianza con un niño, niña o adolescente con el propósito final de abusar sexualmente de ellos".

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Basta un dato para comprender la dimensión del problema: el 4 % de los niños matriculados en Primaria —de 6 a 12 años— declaran "haber recibido alguna vez mensajes de contenido sexual no solicitados a través de internet". Son cifras de un estudio realizado por la fundaciónSOL en colaboración con la Guardia Civil, bajo el nombre Percepciones de la infancia y la adolescencia sobre los riesgos del Grooming, que fue presentado el pasado miércoles en la Asociación Pro Huérfanos de la Guardia Civil.

A diferencia de otras formas de abuso, el grooming se basa en la manipulación y captación previa de menores a través de internet. Aunque este término se refiere específicamente al contacto que un adulto adquiere con un menor por medios digitales con fines abusivos, en algunos casos la relación trasciende el entorno virtual y llega a materializarse en encuentros físicos entre víctima y autor.

El jefe del Servicio de Psiquiatría Infantil del madrileño Hospital de La Paz, Celso Arango, lo tiene claro: "El grooming es embaucamiento, y ha existido toda la vida; lo que no ha existido toda la vida son las herramientas que tenemos ahora". En este sentido, la red ofrece un entorno especialmente favorable para estas prácticas, donde los jóvenes se sienten protegidos por la distancia que impone el vidrio de la pantalla. La diferencia entre ambos entornos es evidente: el 30 % de los encuestados confiesan tener conversaciones en internet que no se atreverían a mantener de manera presencial.

Las víctimas

La mayoría de los padres con los que se pudo hablar para la elaboración del estudio aseguraron que nunca creyeron que sus hijos pudieran verse expuestos a una situación de este tipo: prácticamente todos coincidían en afirmar que a su hijo "no le pasaría". Lo cierto es que se ha demostrado que no se puede hablar de un perfil de víctima concreto, pero los datos apuntan a que los niños están más expuestos que las niñas, que suelen mostrar conductas más cautas.

Acaban siendo vidas totalmente traumatizadas

El grooming no entiende de género, aunque sí aprovecharía determinadas condiciones psíquicas, sociales o personales para actuar: "a veces son niños que buscan relacionarse y solo son capaces de hacerlo a través de internet. Es una pena. Esa búsqueda les hace muchísimo daño porque lo que buscaban era precisamente lo contrario. Acaban siendo vidas totalmente traumatizadas", asegura Celso Arango.

El doctor también señala que este tipo de prácticas presenta una mayor incidencia entre menores que reúnen determinadas características: "Nos encontramos con perfiles de soledad no deseada, personas con algún tipo de trastorno, como el autismo, menores que se sienten solos o con problemas de inteligencia emocional".

Tampoco existe un perfil único de agresor: no siempre buscan una satisfacción sexual en sí misma. A pesar de que la mayoría de estos comportamientos se asocian a expectativas de naturaleza sexual, no es raro encontrarse con quienes tienen aspiraciones económicas. Beatriz Izquierdo, jurista experta en criminología, afirma que, si bien tener un trastorno pedófilo es un factor de riesgo, "a veces existe un interés económico y hay quien quisiera obtener esas imágenes absolutamente sexualizadas de nuestros menores para poder intercambiarlas por otro tipo de contenido". La especialista apunta que los autores no solo son hombres; "también hay mujeres e incluso otros menores detrás de los depredadores".

"Estaba jugando al Fornite con un niño que tenía voz de mayor"

El modus operandi del grooming tiene mucho que ver con la manipulación del agresor, que puede verse favorecida por la falta de prevención parental o educacional. Juegos como Roblox o Fortnite propician este tipo de situaciones a través de la opción de chat entre desconocidos: "Estaba jugando con un niño que tenía voz de mayor", respondió uno de los menores cuando le preguntaron si había contactado con algún desconocido en el juego.

Al parecer, investigan a los menores para poder tener de qué hablar con ellos: se implican en conocerlos; saben cuáles son sus gustos, sus aficiones o a qué colegios van. El estudio también arroja un dato relevante y positivo: los jóvenes no son especialmente tendentes a compartir información que consideran íntima, como la ubicación de su casa o su número de teléfono.

Son como mujeres maltratadas

La recepción de contenido sexual por los abusadores suele representar el punto de ruptura entre los jóvenes, que en el 45% de los casos bloquean al emisor cuando se da esta situación. Además, saben percibirlo como algo malo o negativo, pero existen casos complejos: hay menores que acuden a consulta que no se perciben como víctimas.

Actúan como lo hacen las sectas

Arango lo compara con el perfil de las mujeres víctimas de violencia de género: "Vienen vejadas y llegan a justificar que les hayan intentado matar. No es una condición exclusiva de los niños, también encontramos ejemplos de este tipo de respuesta en adultos".

El psiquiatra de La Paz señala que en estas situaciones puede generarse una relación de dependencia, ya que los menores, desde una posición de vulnerabilidad, llegan a establecer vínculos dependientes con estas personas: "Actúan como lo hacen las sectas. Les dicen: menos mal que nos tenemos, menos mal que nos queremos, menos mal que nos hemos encontrado. Esto crea a personas dependientes, les genera una adicción. Hay ocasiones en el que los propios niños sufren mucho cortando esas relaciones porque creen que es lo único que tienen".

Cómo actuar en caso de grooming

La respuesta debe ser contundente. Teresa Gisbert, fiscal de Sala coordinadora de menores, afirma que estamos ante un problema de salud pública. "La protección en el plano físico debe ser igual a la protección en el plano digital", además, apunta que se debe retrasar todo lo posible el acceso de menores a internet y redes sociales. Por otro lado, es importante la forma en la que los padres o tutores aborden la cuestión, que debe ser lo más asertiva posible. Los niños son víctimas: "Un niño no puede tenerle más miedo a sus padres que al depredador"; en este sentido añade que "muchos niños no lo cuentan por miedo a la reacción de sus padres".

Celso Arango, por su parte, propone "cenar todos juntos y sin teléfono"; la comunicación en el hogar es fundamental para detectar posibles conductas preocupantes. En el campo educacional, también se refiere a la responsabilidad de la docencia; lo compara con algunos países nórdicos "donde los profesores y los médicos cobran sueldos similares", lo que otorga un reflejo de lo importante que es la educación desde los centros, vital para la forma en la que los menores afrontarán diferentes situaciones.

En el plano digital, los expertos insisten en que borrar las conversaciones es un error habitual que dificulta las investigaciones posteriores que permiten llegar al depredador. Y que, por supuesto, bloquearlo no es suficiente: existen multitud de recursos para emprender la denuncia pertinente y conseguir ponerle nombre al autor, como la Guardia Civil, el Instituto Nacional de Ciberseguridad o la Policía Nacional.

Además, los cambios bruscos en el comportamiento de los menores, una disminución de la comunicación en el hogar o el uso de un lenguaje con términos sexuales poco apropiados para su edad pueden ser señales de alarma.

A pesar de que actualmente el artículo 183 del Código Penal regula este tipo de comportamientos, los expertos coinciden en que debe aprobarse un proyecto de Ley Orgánica —para el buen uso y la gobernanza de la inteligencia artificial— que se encuentra en fase de tramitación parlamentaria y que comenzaría a valorar cuestiones como la incidencia de la inteligencia artificial en estas prácticas, que facilitan el embaucamiento de los menores de edad y multiplican los casos del grooming.

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