"El Gobierno no tiene nada que ocultar en este asunto". Lo que Pedro Sánchez vendió como un ejercicio de "transparencia absoluta", la publicación de todos los informes y avisos que recibió el Ejecutivo en los días previos a la avalancha migratoria del 30 y 31 de julio, ha acabado mutando en una insospechada guerra entre la Moncloa y Defensa por el papel del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en Ceuta. Un combate a cara descubierta, con un insólito trasiego de comunicados que se cerró (por ahora) con una aceptación, por parte de los servicios de espionaje españoles, de la versión defendida por el presidente del Gobierno: que no supo anticipar ni la "magnitud" ni la "naturaleza" del asalto que finalmente ocurrió, con más de 70.000 personas cruzando la frontera. El solo hecho de llegar a ese punto, rematado con un largo y explicativo mensaje en redes sociales del jefe del Ejecutivo para apuntalar su relato no hacía sino destapar la entidad de una guerra fratricida dentro del Gabinete que, más que probablemente, dejará muchas heridas.
Desde que Sánchez anunciara el pasado 3 de septiembre en el pleno del Congreso que había dado orden de publicar todos los documentos que recibió el Gobierno sobre la posibilidad de una entrada de inmigrantes, el foco estaba puesto en el mismo punto. En el CNI. En si avisó o no (y de qué manera) de lo que estaba por venir. Porque el trasfondo era una pugna a plena luz del día entre la ministra de Defensa, Margarita Robles, de quien dependen los servicios de espionaje, y el titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska. La primera había esgrimido durante todo el mes de agosto, y ratificado en sede parlamentaria, que el CNI sí alertó, que sus agentes "realizaron la labor que competencialmente les era y es exigible y que compartieron y analizaron con las Fuerzas de Seguridad del Estado y con el personal de la Delegación del Gobierno" (25 de agosto). La narración de Marlaska, también desde el principio de la crisis, era bien distinta: que no hubo "ningún informe ni aviso [del CNI] de nada parecido" a lo que ocurrió (4 de agosto), que "no había ningún informe que atisbara que el día 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció" (25 de agosto). La Delegación del Gobierno en Ceuta, dirigida por el líder local del PSOE, Miguel Ángel Pérez Triano, emitió un comunicado el mismo 25 de agosto en el que negaba tajantemente haber recibido "informe alguno que advirtiera de lo que iba a suceder".
En su comparecencia de hace justo una semana, el presidente se acercó a la versión del responsable de Interior, la que por cierto habían sostenido el resto de ministros, aunque intentó no desautorizar por completo a Robles. Lo que defendió en el hemiciclo es que sí hubo avisos, pero ninguno previó ni la "escala" ni la "probabilidad" del asalto del 30 de julio. Y ya en ese momento, poniéndose la venda antes de la herida, admitió que había comunicaciones por mensajería del 29 de julio que alertaban de una convocatoria en redes sociales para intentar cruzar a Ceuta al día siguiente, y que en ella aparecía una cifra que ya había aflorado en prensa: 180.000 personas. Cifra, dijo, que "no era una previsión de cuántas personas iban a cruzar, elaborada por el CNI", sino que era "sencillamente el número de integrantes de un grupo de Facebook en el que circulaba esa convocatoria". "Ese tipo de llamamientos en redes no son excepcionales, señorías. De hecho, aparecen referencias a convocatorias similares en tres de los últimos siete informes elaborados por el CNI durante este último año".
Ese relato fue el que Sánchez reiteró en su entrevista en TVE de ayer miércoles, apenas horas antes de que la Moncloa publicara los 40 papeles y comunicaciones desclasificados por Consejo de Ministros la víspera: "Desde el punto de vista de los contenidos, de los informes de situación que se hicieron por todos [los servicios de inteligencia y de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado], sin desmerecer su profesionalidad, desde luego, no se previó en absoluto una llegada masiva de tantos migrantes".
A las 17.10, la Moncloa publicaba esos 40 archivos, fechados entre el 1 de julio y el 1 de agosto. La desclasificación de documentación sobre aquellos días permitía reconstruir con mayor precisión qué información circuló entre los organismos encargados de la seguridad de la ciudad autónoma. Y los archivos revelaron que sí hubo comunicaciones tanto del CNI como de la Guardia Civil y de la Policía Nacional relacionadas con un llamamiento en redes sociales para intentar acceder a Ceuta.
El matiz es importante. La cifra de 180.000 no era una estimación del CNI sobre el número de personas que fueran a entrar en Ceuta. Correspondía, ciertamente, al número de integrantes o seguidores de dos grupos de Facebook (Ceuta Fnideq, de 160.000 miembros, y Hraga Ceuta, con más de 22.000) en los que circulaba la convocatoria. El propio mensaje de WhatsApp del CNI al Gabinete de la Delegación del Gobierno —no se precisa quién— advertía del alcance de la difusión: había "dos grupos diferentes con un total de 180.000 seguidores".
Así que el aviso existía. En las comunicaciones manejadas antes de la crisis se advertía de un llamamiento en redes para intentar cruzar a Ceuta, tanto por la valla como por vía marítima, en una determinada franja horaria. La información apuntaba además a que los promotores pretendían aprovechar que las Fuerzas de Seguridad marroquíes podían encontrarse ocupadas con motivo de la celebración de la Fiesta del Trono, que tenía lugar precisamente el jueves 30 de julio.
Es decir, la documentación desclasificada por el Ejecutivo no acreditaba que el CNI pronosticara que 180.000 personas fueran a entrar en Ceuta. Sí confirmaba, en cambio, que los servicios de inteligencia tenían conocimiento de una convocatoria difundida en redes sociales para intentar cruzar a la ciudad autónoma y que trasladó esa información tanto a la Delegación del Gobierno como a la Unidad Central Especial-3 de la Guardia Civil.
La existencia de estas comunicaciones introducía así un elemento relevante en el relato político de las últimas semanas. El Gobierno había utilizado reiteradamente la ausencia de una previsión concreta de una entrada masiva para sostener que no hubo un aviso del CNI. Pero una cosa es que los servicios de inteligencia no hubieran calculado cuántas personas exactamente iban a cruzar y otra distinta que no hubieran comunicado la existencia de un llamamiento organizado en redes para intentar hacerlo.
En cuanto los medios comenzaron a publicar titulares en el mismo sentido, en Defensa se sintieron reconfortados. Sintieron que la desclasificación daba la razón a las tesis de Robles. En su entorno señalaban que tanto el CNI como el ministerio actuaron en todo momento con "sentido de Estado" y con prudencia. Subrayaron que los servicios de inteligencia hicieron lo que debían hacer y que fueron las decisiones posteriores del Gobierno las que llevaron a hacer pública ahora una documentación que el CNI no habría querido convertir en objeto de controversia política. La ministra nunca se planteó su dimisión (Sánchez tampoco su cese) y, tras la publicación de los papeles, menos aún, porque en Defensa "siempre" habían hecho "lo correcto". La desclasificación permitía así colocar una pieza que hasta ahora permanecía fuera del debate público: sí hubo información previa, sí hubo comunicaciones y sí existieron avisos sobre un posible intento de entrada.
La balanza parecía inclinarse hacia Robles. La Moncloa entonces lanzó un comunicado a las 19.22 de la tarde en el que señalaba directamente al CNI. Con una dureza nada sutil. Las comunicaciones de los servicios de inteligencia "nunca alertaron de una llegada masiva", apuntaron fuentes del equipo del presidente, simplemente informaron de que circulaba la convocatoria de dos grupos de Facebook para entrar en la ciudad durante la semana de la Fiesta del Trono. Dos grupos que sumaban "un total de 180.000 seguidores para ilustrar "el alcance de la difusión" —el entrecomillado procede del wasap al Gabinete de la Delegación del Gobierno—. Y eso, sigue la Moncloa, sí que erea conocido por otras instituciones y "en modo alguno constituía o fue interpretado como un indicador de escala o probabilidad prospectiva".
Y para el Ejecutivo la "prueba" es que el CNI "no emitió ninguna alerta formal y se limitó a trasladar esa información por mensaje y breve llamada telefónica al Gabinete de la Delegación del Gobierno de Ceuta y a la UCE-3 de la Guardia Civil". "En ningún momento el CNI envió un aviso o alerta formal a su cadena de mando ni a miembro alguno del Ejecutivo por ninguna vía. Un organismo que cree que al día siguiente va a producirse una entrada masiva no se limita a mandar un WhatsApp ambiguo a un cargo menor: lo eleva. Esa es su responsabilidad y su competencia". El reproche a los espías españoles era nítido: no avisaron de lo que estaba por venir, porque de haber sido conscientes del riesgo, habrían tenido que alertar a sus superiores, y no lo hicieron. La luz roja no llegó ni al Ministerio de Defensa, por tanto, ni a la propia Moncloa.
El tono del comunicado del Gobierno ya era suficientemente explícito. Destapaba sin tapujos la guerra con el ministerio de Robles, con sus servicios de inteligencia. Pero más insólito aún resultó una nota firmada por el CNI, avalada y confirmada por Defensa y que la Moncloa facilitó a los medios. Con su comunicado, la institución reculaba, se plegaba a la versión sostenida por Sánchez: "La desclasificación evidencia que el CNI emitió información sobre una campaña en redes sociales que lamaba al asalto a la valla de Ceuta, si bien no anticipó la magnitud y naturaleza de lo que terminó ocurriendo el día 30, al ser un fenómeno inusual que no se corresponde con las crisis migratorias conocidas hasta la fecha". El organismo negaba haber emitido comentario alguno antes porque había mantenido "desde el primer momento el deber de secreto".
La sucesión de comunicados oficiales daba cuenta de la tensión existente dentro del propio Ejecutivo. El punto al que había llegado una fricción que estalló a primeros de agosto y que Sánchez no frenó a tiempo. La desclasificación de este miércoles solo sirvió para estallar más as costuras dentro del Gabinete y evidenciar la pugna entre Moncloa-Interior y Defensa. Un pulso a la vista de todos y desconcertante incluso para la cúpula socialista, que se hacía cruces con el "espectáculo" dado. "No entiendo nada", confesaba un alto mando de la dirección de Sánchez en Ferraz, "he visto los WhatsApp del CNI y me pregunto si el CNI no tenía que informar más arriba, así que aquí habrá que exigir algunas responsabilidades. Todo esto es preocupante".
Te puede interesar
Lo más visto
Comentarios
Normas ›Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.
Regístrate para comentar Ya me he registrado