Cuando dirigentes del PSOE y cargos del Gobierno, incluso ministros, se sientan a una mesa, departen con sosiego en un pasillo del Congreso o del Senado, atienden una llamada o un mensaje, se percibe una atmósfera pesada, una sensación de asfixia, de acogotamiento, de cansancio por la cadencia imparable de reveses. De crisis. La última, todavía no resuelta y de enorme hondura, es Ceuta, y todos asumen, también el Ejecutivo, que tardará en despejarse. Semanas. Meses. Y las urnas están cada día más cerca. Las generales no tienen fecha, pero las que sí la tienen son las autonómicas y municipales, las de mayo, en las que se juegan el pellejo presidentes autonómicos y alcaldes, candidatos de todo el país. La "ansiedad" se apodera de muchos cargos, la "preocupación", máxima, es muy compartida. Igual que el desconcierto y la perplejidad por el último episodio: la desclasificación de los informes, avisos y comunicaciones previos e inmediatamente posteriores a la entrada de más de 70.000 migrantes por la frontera. Un gesto pretendido de "transparencia" por parte de Pedro Sánchez y que acabó golpeando de vuelta al Ejecutivo, evidenciando de nuevo el choque de versiones y la tensión entre la Moncloa y Defensa, solo cerrada, al menos por ahora, tras un insólito comunicado del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) en el que reconocía que no fue capaz de vislumbrar ni la "magnitud" ni la "naturaleza" de lo que finalmente ocurrió el 30 de julio.
Ceuta pesa. Mucho. Mes y medio de crisis, mes y medio de noticias continuas, de imágenes y relatos lacerantes, en todos los medios de comunicación, de inmigrantes todavía vagando por las calles, malviviendo en algunos casos bajo chozas, de menores en situación de riesgo, y también de ceutíes que no dejan de mostrar su hartazgo y su agotamiento por lo que definen como "abandono" institucional, su inquietud por una vida y una normalidad que sienten robada. El Gobierno, que en privado admite que tardó en dar respuesta a la emergencia, recalca que está poniendo todos los recursos posibles —hace casi dos semanas el Consejo de Ministros aprobó 309 millones de euros para la ciudad, y vendrán más partidas—, que intenta agilizar los trámites de expulsión (o de reagrupamiento familiar, en el caso de los niños y adolescentes), pero que no se puede saltar la ley. Y esgrime, como repasaba el pasado miércoles Sánchez en TVE, que necesita reubicar y poder filiar a todos esos migrantes para devolverlos o, los menos, concederles el asilo. Es esa tarea la que está costando más de la cuenta, ha venido reiterando el Ejecutivo, por la menor disposición del Gobierno de la ciudad, presidido por el popular Juan Jesús Vivas.
Pero a la gestión pura de la emergencia se superpone, primero, el frente judicial, tras la apertura de la causa en la Audiencia Nacional por la jueza María Tardón. Y después el flanco político. Este viernes dimitió quizá el eslabón más débil, Gonzalo Sanz, jefe de Gabinete del delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano. Sanz presentaba su renuncia por la discrepancia de versiones con su hasta ahora superior. Sostenía que sí le había informado de los avisos que a él le trasladó el CNI, por WhatsApp y en una llamada de 11 minutos, el CNI. Pérez Triano, sin embargo, aseguró desconocer esas conversaciones con su asesor de máxima confianza.
La primera consecuencia directa de la publicación de los informes de la avalancha migratoria es la dimisión del jefe de Gabinete del delegado del Gobierno por las dispares versiones entre ambos
La caída del director de Gabinete era la primera consecuencia directa de la desclasificación y publicación, el miércoles, de 40 avisos y comunicaciones fechados entre el 1 de julio y el 1 de agosto. El presidente buscaba retomar la iniciativa, recalcar que no tenía "nada que esconder", demostrar que el Ejecutivo recibió alertas, sí, pero ninguna vislumbró la "escala" de lo que ocurrió, una avalancha migratoria jamás vista en la historia reciente de España. Sin embargo, un informe del CNI a los servicios secretos marroquíes y sobre todo el intercambio de wasaps con el jefe de Gabinete del delegado del Gobierno y la llamada posterior de 11 minutos —todo el 29 de julio, muy pocas horas antes de la entrada masiva— fue interpretado por todos los medios como la señal de que sí hubo aviso de los servicios de inteligencia españoles. De lo que advertía el CNI era de la detección de dos grupos de Facebook, con más de 180.000 seguidores en total, que llamaban a cruzar la frontera aprovechando la celebración del Día del Trono en Marruecos. "Sus rilas [sus muertos]", exclamó Sanz por mensaje tras la advertencia del CNI.
La ministra de Defensa, Margarita Robles, que había sostenido desde el principio que el CNI sí avisó, se sintió reconfortada, según manifestaba su entorno. Pero no era eso lo que pretendía la Moncloa. Esa lectura caminaba en la lectura opuesta. Así, el equipo de Sánchez lanzó primero un durísimo comunicado de reproche al CNI, haciendo hincapié en que no emitió ningún "aviso formal" ni lo trasladó a su cadena de mando. Y era su "responsabilidad" y su "competencia", añadió, de haber sido consciente de la gravedad del asalto en Ceuta, elevarlo a los ministerios o a la propia Moncloa.
Es incomprensible. No sé cómo se les fue de las manos. Ni idea. Parece el teléfono escacharrado. No entiendo esto. Con todos los marrones que hemos gestionado", se duele un alto cargo del Ejecutivo
A esa primera nota se sumó después un segundo comunicado, pasadas las ocho de la tarde —los papeles desclasificados se publicaron en la web del Ejecutivo a las 17.10—. Lo firmaba el CNI pero lo facilitó la Moncloa, y en él los servicios secretos se alineaban con el relato del presidente: sí emitió "información sobre una campaña en redes sociales que llamaba al asalto a la valla de Ceuta", pero "no anticipó la magnitud y naturaleza de lo que terminó ocurriendo el día 30, al ser un fenómeno inusual". Un mensaje una hora más tarde de Sánchez en redes sociales, con esta misma versión, buscaba disolver el choque. Defensa había plegado armas. Robles, el jueves, en unas declaraciones públicas, traslucía esa tregua con la Moncloa: admitió que el paso de más de 70.000 personas por la frontera "fue un fenómeno de una magnitud que no era previsible, que no ha ocurrido en ningún lugar". "Y luego cada uno ha hecho su trabajo como tenía que hacerlo", añadió la titular de Defensa, evitando reproducir la colisión con Interior. Con su compañero Fernando Grande-Marlaska, que había insistido todo este tiempo en que no llegaron avisos que "atisbaran" nada parecido a lo que ocurrió el 30 y 31 de julio.
El daño, sin embargo, ya estaba hecho. El Gobierno había dado un nuevo "espectáculo", como asumían incluso en Ferraz. En el partido no alcanzan a entender cómo el Ejecutivo se había disparado él solo en el pie. Cómo la estrategia se había vuelto errada. "Es que es incomprensible. No sé cómo se les fue de las manos. Ni idea. Parece el teléfono escacharrado. No entiendo esto. Con todos los marrones que hemos gestionado", se duele un alto cargo del Gabinete. "No se ha controlado en ningún momento el flujo de información, por eso no se entiende que hayan desclasificado documentos sin tener bien anclado todo", abunda un secretario de Organización regional. "Esto está siendo un desastre desde el origen y tras la publicación de los informes aún peor. Ha dado más munición a la oposición. No se entiende esa transparencia ahora. Eso se hace dentro de un año, con el problema resuelto y después de las elecciones", opina un barón provincial.
¿Más víctimas?
Dirigentes consultados, incluso dentro de la cúpula federal, se preguntan cómo se pudo llegar al estrambote del miércoles. Cómo se pudo llegar al punto de que una estrategia calculada para retomar el pulso y defenderse de las acusaciones de inacción, de no atender los avisos, acabara al final recrudeciendo el choque con Defensa (y en particular con el CNI), a la vista de todo el mundo, por mucho que después la Moncloa impusiera una tregua, aunque inestable. La secuencia dejó la imagen de un Ejecutivo vulnerable y descoordinado, con la fractura entre Interior y Defensa, entre Marlaska y Robles, aún en carne viva. "Es que, ¿cómo vas a desclasificar sin medir, sin saber? Si sabían qué decían esos documentos, no tiene medio pase... pero si no lo sabían es peor todavía", expresa un cargo local con muchos hilos en el interior del PSOE. "Esto demuestra que la transparencia puede ser un arma de doble filo", constata un mando autonómico.
Los socialistas se preguntan cómo se pudo llegar al estrambote del miércoles que acabó con la tregua entre Moncloa y Defensa. Se proyectó un Gobierno vulnerable y descoordinado
—Yo espero que la próxima semana se vayan reubicando varios miles de migrantes en Ceuta y baje un poco la tensión. Ya ha habido una víctima, y creo que habrá más —señala un miembro de la ejecutiva de Sánchez.
Lo dice este mando por Gonzalo Sanz, el dimitido jefe de Gabinete del delegado del Gobierno, el "cargo menor" al que aludía la Moncloa el miércoles cuando incidía en que el CNI, si hubiera detectado un flujo extraordinario de migrantes, habría elevado la alarma. Por el momento, el cortafuegos se queda en Sanz, y no hay previsión de que rueden cabezas en las alturas del Ejecutivo, aunque en Ferraz hay quienes defienden que se deben "asumir responsabilidades", que esta crisis no es menor. Que no va a bastar con el sacrificio de Sanz.
Incluso en Ferraz se piden "responsabilidades". "Esto es un desastre, una tragedia, un guirigay. En el partido estamos desolados. Nos lleva a la ruina", valoran en una federación crítica
—Es que esto es un caos, un desastre, una tragedia, un guirigay. Ya tendrían que haber dimitido o ser cesados todos —manifiesta irritada un alto cargo de una federación crítica con Sánchez—. El CNI, mal; Defensa, mal; Interior, mal, y el presidente, mal. La gestión, tanto previa como posterior a la avalancha, no puede ser peor. Y exhibir la pelea de ministros, lamentable. Y ya lo de desclasificar los papeles... Se están cubriendo de gloria todas estas cabecitas pensantes que se han adueñado de la Moncloa. A nivel de partido todos estamos desolados. Nos lleva a la ruina.
Visión política en la Moncloa
El señalamiento al equipo del presidente en la Moncloa se escucha en varios puntos del partido. Y a la cabeza de él está su director de Gabinete desde hace dos años, Diego Rubio. Se le apunta por no haber aconsejado a Sánchez en agosto que volviera a Madrid y que se pusiera al frente de la crisis, por no saber "nada de política", de estrategia. "¿Acaso hay alguien al volante? ¿En manos de quién estamos? La ejecutiva federal, en coma profundo, y en la Moncloa, ¿hay alguien? Diego será muy listo para los libros [es historiador y doctor por la Universidad de Oxford], tendrá muchos títulos colgados en la pared, pero para estar en estos sitios hay que tener mucha mili. Y Pedro ha optado por poner en sitios claves a gente que no tiene nivel para esto", reprocha un buen conocedor del engranaje del PSOE. Lo mismo cree una veterana: "No tiene a nadie con cintura política alrededor". De nuevo, los problemas de casting de Sánchez.
A Rubio se le reprocha que no aconsejara a Sánchez interrumpir sus vacaciones o no tener "cintura política": "Tendrá muchos títulos en la pared, pero para estar en estos sitios hace falta mucha mili"
Todos los cuadros contactados reconocen "preocupación", inquietud máxima, porque son conscientes de que la carpeta de Ceuta seguirá mucho tiempo abierta, dominando el debate público. Porque saben que, como resume un responsable autonómico, "esta crisis es muy jodida" y la gestión se torció desde el principio. Porque no se ve la manera de enderezarla fácilmente. De salir, de escapar de ella. Lo admite sin ambages un integrante de la dirección federal: "El Gobierno está desbordado. ¿Pero qué están haciendo Marlaska, Robles o Elma Saiz [la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno]? Tenemos una sensación de descoordinación. Marlaska y Robles, echándose mierda, y Elma, tapada. ¿Cómo es posible que entre ellos tres no se coordinen, que no estén en contacto?".
La desafección hacia la titular de Defensa está extendida entre cuadros del partido, aunque el responsable de Interior tampoco se salva de la quema por no "controlar" su ministerio, cosa que, advierten algunos, no pasaba con Alfredo Pérez Rubalcaba, que sí supo "tejer" simpatías con los mandos policiales y de la Guardia Civil.
Sacar a los migrantes de la ciudad
El PSOE, que no ha dejado de atravesar fortísimas crisis a lo largo de esta legislatura construida a trompicones, se encuentra sumergido en "un gran shock", como lo define una diputada en el Congreso. En buena medida por la gestión que muchos creen desacertada —otros entienden que ha sido más una cuestión de mala comunicación, porque sí se está trabajando en Ceuta desde el primer minuto—, y también por los papeles desclasificados. "Es que lo de levantar el secreto", prosigue esta parlamentaria, "no se entiende nada, y además creo que empieza a haber un exceso de información por todas partes que lo embarra aún más". "Creo que la gestión debiera centrarse ya en sacar a todas las personas de Ceuta y, sobre todo, traer a los niños y niñas. Hay que agilizar los expedientes de expulsión en la medida en que se pueda y reubicar aquí a los menores, porque es un peligro que estén allí. No queda otra. Traerlos a todos no se puede por cómo está la opinión pública", culmina esta diputada, que también responsabiliza al Gobierno de Vivas por poner palos en las ruedas y no ceder la tutela de las niñas más vulnerables a las comunidades autónomas. "Es una vergüenza", remata.
Esta es la primera crisis en la que se ve al Gobierno superado, y va para largo", dice un diputado. Otra parlamentaria cree que sobre todo ha fallado la comunicación, se queja de que no hay un relator. Y hay una crítica general: las vacaciones de Sánchez
Un compañero de bancada coincide: hay que "sacar a los migrantes ya de Ceuta", ya que "es imposible mantener la situación", y "el problema es que las CCAA se niegan". Ahí está la complejidad, "es la pescadilla que se muerde la cola", apunta, y añade que eso es justo lo que ha verbalizado Alberto Núñez Feijóo a los suyos, que el PP tiene "donde quiere" al Gobierno, entre la espada y la pared. "Pero sí, esta es la primera crisis en la que se ve al Gobierno superado, y esta va para largo", acaba. Otra diputada socialista entiende, sin embargo, que sobre todo ha faltado "un relator", un rostro que se ponga al frente, como ocurrió durante la pandemia del covid-19. "Es que si tú cuentas las cosas, el relato se gana, pero se ha contado mal, muy mal, sinceramente, y entonces parece que no hemos hecho nada, cuando no es cierto —lamenta esta diputada y miembro de una dirección provincial—. Pasa igual con los documentos desclasificados: ha faltado un relator. Porque no puede ser que haya 25 agentes del CNI en Ceuta, cifra que dio la ministra Robles, y no detectaran nada. Y si hay algo gordo, se traslada jerárquicamente al de arriba, no se queda en el director de Gabinete del delegado del Gobierno".
En Ferraz, en el Gobierno y en distintas federaciones se asume la crítica por el largo retiro vacacional de Sánchez. Es una opinión muy compartida que se equivocó al no interrumpir su descanso. "Es que nadie entiende esas vacaciones. Y eso ha sentado fatal", señala una responsable con muchos años de trayectoria orgánica. Para un dirigente autonómico, ese fue "el error de inicio", el "dar por zanjada la crisis yéndose a La Mareta", y eso "es lo que la gente lleva más a fuego, más allá de la utilización política que se haga de ello". "Y no ayuda nada que haya dos ministros [Robles y Marlaska] a la gresca desde el minuto uno".
Un "laboratorio" para la ultraderecha
Una derivada que inquieta igualmente a los socialistas es que la situación en Ceuta pueda dar más combustible a la ultraderecha, dado que su marco favorito, en todo el mundo, es la inmigración. Sánchez es de los poquísimos mandatarios en una UE cada vez más escorada a la derecha que defiende una visión muy distinta, más humanista del fenómeno —ha sacado pecho de su proceso de regularización— y poniendo el acento incluso en su dimensión económica. "Ceuta se ha convertido en gasolina para Vox y en un laboratorio para la extrema derecha, y para nosotros es la puntilla. Recuperar la iniciativa política va a ser muy difícil en este contexto", subraya desanimado un barón regional.
No me atrevería a hablar de que esto es la puntilla para Pedro, pero esta es una crisis muy jodida, por falta de reflejos, por ser gasolina para Vox, porque incumbe valores", reflexiona un mando regional
Un mando autonómico intenta ver luces y sombras: "Yo no me atrevería a hablar de que esto es la puntilla para Pedro nunca, aunque sí que creo que esta es una crisis muy jodida. Y muy jodida porque, a diferencia de otras, yo no he visto reflejos ni lucidez y además esta tiene un contexto social terrible, terrible. Esto no es una dana, un volcán, una pandemia. Esto es gasolina en un contexto de ascenso de la ultraderecha, como hemos visto en Sajonia-Anhalt. Es una crisis que incumbe a los valores, a los derechos humanos, a la valentía de tener un discurso, incluso en la izquierda, que va en contra de lo que ahora se palpa mayoritariamente en la sociedad pero que creo que hay que defender porque si compramos los postulados de las extremas derechas nos van a llevar por delante".
"Ha habido algunos errores de gestión, sí, pero esto es una barbaridad que están aprovechando quienes no tienen escrúpulos creando un caldo de cultivo para los fascistas, xenófobos, insólitos... De esta crisis saldremos, pero se tardará, claro, y el clima que hay en el PSOE es de preocupación por la agresividad y odio en la calle. Al inmigrante y a cualquiera que huela a PSOE", constata otro alto cargo de una federación de mucho peso que teme cómo pueden discurrir las próximas campañas para el partido.
Un cargo de una potente federación subraya el clima de "preocupación" por la "agresividad y odio en la calle". "Al inmigrante y a cualquiera que huela al PSOE". Y las campañas quedan más cerca
Y es que la cercanía de las urnas alimenta la intranquilidad de muchos dirigentes. Sobre todo porque se esperaba que, tras un final de curso de espanto, marcado por la cadena de decisiones judiciales —el caso Leire Díez, la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero, la condena al hermano del presidente, el envío a juicio por jurado de su esposa...—, el Gobierno pelearía por recuperar la iniciativa y colocar sus temas en agenda. Pero no ha sido así. El marco es totalmente desfavorable para el Gobierno. "Por eso nuestra gente está muy, muy preocupada. Hay un ambiente de ánimos caídos tan extendido como no recuerdo. Nosotros percibimos a mucha gente nuestra, a votantes, tremendamente cabreada: la idea de que no queremos implicar a Marruecos y lo de las vacaciones del presidente ha provocado mucho cabreo a electores que son núcleo duro. Y eso nuestros cuadros lo perciben. El otro día, en la reunión de grupo con Pedro en el Congreso, no se percibía alegría", describe un jefe de un aparato regional. "La desolación es absoluta y los candidatos deprimidos no ven salida. Pero no entendemos nada. En el Gobierno se lían con todo, no controlan nada. Es un nivel de decadencia tremendo", sentencia una dirigente crítica. Otra utiliza tres palabras para definir el clima interno: "Desánimo, desconcierto, incomprensión. El problema es que todo esto se suma a lo anterior, a los casos de corrupción. Hay agotamiento, pero solo se sufre, porque todo se decide en la Moncloa".
Un estado de "ansiedad colectiva"
Otros responsables, sin embargo, prefieren sacudirse el desánimo y recordar que hay que fijarse más en el adversario: "Estamos con preocupación en el partido, pero pensando también que nos llega mucha información tergiversada por los medios", valora otro secretario de Organización regional. Y continúa: "Cada día hay ejemplos de jueces, de deep State, o de un [José María] Aznar que va de la mano de Israel... que demuestran los movimientos a la desesperada de la derecha. Mientras, el Gobierno intenta paliar la situación con sus medios y las CCAA del PP boicotean cualquier solución para Ceuta. Y sobre la desclasificación, mejor hacerlo nosotros a esperar a que alguien de dentro lo filtre, aunque salga regular la cosa". Una diputada en el Congreso de una federación mediana sí cree que el Gobierno ya sí lleva "una hoja de ruta muy marcada", pese a que en las primeras semanas sí reinara la percepción de descoordinación. Esta parlamentaria sí valora el "ejercicio de transparencia absoluta" de la desclasificación de papeles, que prueba que "nadie preveía una entrada de inmigrantes tan masiva".
El partido, indica un veterano, sabe de los "errores de apreciación y de cálculo", pero se imputan a la "ansiedad colectiva de un Ejecutivo sometido a un asedio total". Último ejemplo: 'ley de nietos'
Un cuadro muy veterano precisa que, en este contexto, "existe obviamente un estado de ansiedad colectiva difícilmente evitable". "No tanto sensación de caos, pero sí de gran vulnerabilidad. Internamente y en nuestra base social nos ayuda a compensar en parte el desánimo colectivo la creciente sensación de lawfare derivados de los desmanes que perpetra la cruzada judicial y policial patriótica. En su día fue la contra la condena fiscal general, ahora los autos de medidas cautelares sobre la ley de nietos". Y aunque todos sepan del "impacto lesivo" que esta crisis tiene para el Ejecutivo, prosigue, "la mayoría entiende que hay que cerrar filas y que, más allá de un ejercicio moderado de autocrítica, no procede el autoflagelo integral". El partido, por tanto, sabe de los "errores de apreciación y de cálculo" del Gobierno, pero "se imputan a la ansiedad colectiva de un Ejecutivo sometido a un asedio total". Para este cargo, muy habituado a captar impresiones de los suyos, el sentimiento general es que Marlaska "no da más de sí, pues ha perdido autoridad, control y capacidad de mando efectivo en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado; que Robles ha sido desleal, exhibiendo la imagen de un miembro del Gobierno que da todo por perdido y que solo busca preservar su propia imagen y reputación personal, y que Diego Rubio no ha estado en su lugar".
Ahora, lo que todos esperan, desean, es que la crisis en Ceuta se vaya cerrando. Porque lo contrario puede ser letal.
—Elecciones en febrero o morimos todos —culmina una alcaldesa.
—Están encima de la mesa todas las cartas. Y yo tengo claro —remacha otra regidora de otro punto del país— que lo importante de una crisis no es cómo empieza o cómo se desarrolla, sino cómo acaba. Es lo que creo.
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