Todo parecía ir más o menos bien. La precampaña había fluido de menos a más, estaba soplando, salvo en los últimos días —por los disturbios en Barcelona y Bilbao—, de manera más favorable hacia el PSOE y hacia la izquierda, el propio Pedro Sánchez estaba protagonizando un viaje en positivo, hasta lúdico. La fuerza de la gente, lema tuneado en La fuerza del amor tras el beso a su mujer en el mitin de Fuenlabrada. Sonrisas, bailes, entrevistas diseñadas para humanizar al presidente, fuera en La revuelta, en TVE, o en el pódcast feminista Keep it cutre, conducido por Ángela Henche y Albanta San Román. El enfoque era claro. Y todo, sí, parecía ir más o menos bien.

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Pero, a las 8.53 de este 28 de octubre de 2026, todo se quebró. Todo. Prácticamente cuando se consumían los minutos finales de la conversación grabada de Sánchez con las podcásters de Keep it cutre, en el punto kilométrico 118 de la línea de alta velocidad Madrid-Andalucía, el tren AVE 2080 de Renfe con destino a Sevilla y 397 pasajeros a bordo, embestía a esa hora, 8.53, al Iryo 6076 que permanecía detenido en la vía, y con 147 viajeros. Al menos 68 fallecidos, más de un centenar de heridos. El segundo accidente ferroviario más grave vivido en el país desde los años setenta, tras el de Angrois (2013, 80 muertos). Pero, sobre todo, el segundo choque mortal en este 2026, después del de Adamuz (Córdoba) del 18 de enero (46 fallecidos), en poco más de nueve meses. Y en la misma línea. Una estadística demoledora. Lo admitió el propio Sánchez en el puesto de mando avanzado de Urda, la localidad más próxima al lugar del brutal siniestro: "Lo que no es asumible para un país como España es sufrir dos accidentes ferroviarios de alta velocidad en un mismo año, como hemos sufrido". Palabras lapidarias. Como en pocas ocasiones.

En Ferraz insisten en que el foco debe estar ahora en lo obvio, en las víctimas, en sus familiares, en los heridos, en los afectados, en la coordinación y cooperación entre administraciones, en el esclarecimiento de lo sucedido

La segunda tragedia ferroviaria de este año ocupó portadas en medios de todo el mundo, llenaba informativos, webs, redes sociales. Dolor, angustia, devastación. La conmoción era inmensa. No podía ser de otra manera. Y resultaba inescindible del contexto, el del camino hacia las elecciones generales del 29-N, para las que desde este mismo jueves solo queda un mes. Lo que había ocurrido, esas 68 muertes en las vías del tren, reventaron por completo la precampaña socialista. En Ferraz insistían en que el foco debía estar en lo obvio, en las víctimas, en sus familiares, en los heridos, en los afectados, en la coordinación y cooperación entre administraciones, en el esclarecimiento de lo sucedido. Pero, a la vez, asumían que habrá que "reorientar" todo el diseño de campaña porque nada puede ser igual.

Y hay una figura, lo admiten en el partido y en el propio Gobierno, que sale tocada. Óscar Puente. El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible. El dirigente que ha ejercido de escudero del presidente, el hombre adicto a los posts en X, muchos de ellos gruesos, faltones, el socialista que podría encarnar la sucesión, el guerrillero que no rehuía jamás ninguna batalla contra la derecha y la ultraderecha, el miembro del Ejecutivo aclamado por las bases socialistas.

La decisión "errónea" del operario

Pero este miércoles, cuando compareció cerca de las tres de la tarde desde el centro de control de Adif de Atocha, se le vio abatido. Devastado. Entonces confirmó la explicación que desde muy pronto por la mañana había ofrecido el Gobierno: se trataba de un desgraciado fallo humano. Sobre las 8.30, cayó, en un tramo de 63 kilómetros, el sistema de señalización LZB —el que estaba en proceso de sustitución por uno más moderno, el ERTMS—, debido a un "fallo de comunicación" en tres ordenadores de la red, y ese colapso produjo la detención automática de seis trenes, tres por sentido. La desconexión del LZB, no muy frecuente pero tampoco inédita, explicó, supone que el mando pasa a ser manual. La responsabilidad de lo que ocurría en las vías, por tanto, pasaba al centro de control de Adif en Atocha.

Sobre las 8.30, cayó el sistema LZB en un tramo de 63 km, y seis trenes se detuvieron de manera automática. A las 8.36, desde el centro de control se ordena la reanudación, a "marcha normal"

Y allí, un operario, que "tenía experiencia", y al que se le puso un auxiliar en esos momentos como ayuda, con un supervisor al lado, dio la orden al AVE, a las 8.36, de que se reanudara la marcha. Que siguiera a "marcha normal". Es decir, sin restricción de velocidad, y no con la "marcha a la vista", que supone que el convoy retoma su camino con una velocidad mucho menor, de 40 km/h como máximo.

En 17 minutos, 17 minutos decisivos, el AVE recorrió unos 25 kilómetros, a una velocidad que, por el tramo de la vía, podía llegar a los 200 km/h. "En el centro de control primero toman la decisión de la reanudación y después tienen un tiempo más que suficiente para constatar el error y no lo resuelven", deploró Puente. Nadie se dio cuenta, en esos 17 minutos, de que el AVE se aproximaba de manera mortal al Iryo que seguía detenenido. Y eso que la maquinista del tren italiano, el 6076, avisó a Atocha de que no podía reiniciar la marcha y que estaba parada, tal y como se escucha en los audios publicados en varios medios. Ese mensaje clave tampoco fue trasladado al operador del AVE para que detuviera su locomotora.

Desde la autorización hasta el impacto con el Iryo, a las 8.53, transcurrieron 17 minutos en los que el AVE recorrió 25 kilómetros, sin que nadie advirtiera que se aproximaba a un convoy detenido

Puente señaló que no había hablado con el controlador del centro de Adif. Que no era él quién para endosar una "responsabilidad". Pero sí defendió que era "inexplicable" esa decisión "errónea" de autorizar la marcha normal con un tren detenido en el mismo cantón —segmento de vía— y con la señal en rojo que obligaba a pararse. ¿Piensa en dimitir?, se le preguntó. "En este momento lo que estoy pensando es en esclarecer esto y tratar de resolverlo. No estoy pensando en mí", respondió. Descartaba así dejar su cargo, al menos de momento.

El aviso del presidente

Pocos minutos más tarde, Sánchez compareció desde el puesto de mando avanzado de Urda, acompañado del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y del presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. Anunció el decreto de luto nacional de tres días y prometió esclarecer lo ocurrido: "Vamos a llegar hasta el final. Y si ha habido negligencias, se sabrá. Y si ha habido fallos en el sistema de seguridad, se responderá con total contundencia. Porque es evidente que hemos sufrido dos terribles tragedias en un mismo año en la alta velocidad". Y aunque "muy probablemente" el origen de los accidentes de Adamuz y de Urda "nada tienen que ver", precisó, sí está "claro" que si se tiene que "reforzar aún más la seguridad para volver a reconstruir la confianza en nuestro sistema ferroviario de alta velocidad", entonces "se hará". Porque "no es asumible" que dos choques ferroviarios mortales sucedan "en un mismo año". De modo que "se tomarán todas las medidas que se consideren oportunas y con total contundencia" para restaurar la confianza en el sistema ferroviario.

Sorprende la dureza de las palabras de Sánchez. "¿Puede sacrificar a Óscar? Pues sinceramente no lo sé. Pero para Óscar pasar otra vez por lo mismo se me antoja insoportable", apunta un ministro

El presidente había sido explícito, y muy duro. Fuentes de la Moncloa subrayaban que sí que mantenía su "confianza" en Puente, igual que hasta ahora. Pero algunos miembros del Ejecutivo y del partido consideran que hay que "esperar", ver cómo evoluciona la investigación, para a partir de ahí decidir qué es mejor para el partido y para el Gobierno a las puertas de unas elecciones que ya eran muy complicadas para Sánchez. "Me llamó la atención la frase del presidente, lo que dijo de que no es asumible para España tener dos accidentes en un mismo año. Pero no tenemos reacción ninguna todavía. Vamos a ver. ¿Puede sacrificar a Óscar? Pues sinceramente no lo sé. Pero para Óscar pasar otra vez por lo mismo se me antoja insoportable, aunque no hay señal de nada", asevera un ministro, consternado, como todos, por lo ocurrido.

"Óscar ahora está en modo gestión, que es lo que toca —afirma otro relevante miembro de Gabinete—, aunque la procesión irá por dentro. Como ha dicho el presidente y estoy de acuerdo, ya tocará esa discusión, ahora hay que estar con las víctimas y avanzar en la investigación de las causas. No puedo estar más de acuerdo con lo que aseguró de que no es asumible dos accidentes así en tan poco tiempo". "Ya veremos qué ocurre. Acaba de suceder y habrá que ver cómo evoluciona todo", manifiesta por su parte un integrante de la ejecutiva federal del partido.

Distintos cargos piden esperar a ver cómo evoluciona todo, sin prejuzgar nada. En la dirección también se indica que Puente "de momento debe seguir": "Le damos apoyo. Está pasándolo muy mal"

Un dirigente con frecuente interlocución con la Moncloa cree que el siniestro impacta directamente en Puente: "Obviamente él no tiene responsabilidad, pero me temo que políticamente se lo lleva por delante. Sin Adamuz tal vez sería distinto. Pero no hay ministro de Transportes que pueda sobrevivir políticamente a dos accidentes ferroviarios de esta magnitud". Un asesor del presidente conviene que sería mejor ahora, a un mes de los comicios, dejar caer al ministro, pero también cree que Sánchez no le pedirá abandonar el cargo, ya que "sería asumir directa y personalmente la responsabilidad" de la tragedia.

"De momento, Óscar debe seguir ahí, y por supuesto le damos todo nuestro apoyo. Está pasándolo muy mal", apunta otro miembro de la cúpula federal del PSOE muy molesto con la "reacción miserable" de los partidos a su izquierda, pidiendo la depuración de responsabilidades o incluso, caso de Adelante Andalucía, la dimisión de Puente. El futuro del ministro "no es ahora lo importante", zanjan en el equipo de este, recalcando que lo prioritario es asistir a las víctimas y aclarar lo ocurrido, aunque agregan que son conscientes de la dureza de las palabras de Sánchez en Urda.

Un antes y un después

Puente no es una pieza menor dentro de la galaxia socialista. En absoluto. Es un peso pesado del Ejecutivo y de la dirección, uno de los consejeros de Sánchez, uno de los dirigentes que siempre ha estado a su lado y que escapa de todos los argumentarios. Es el que puede y va más allá cuando toca fustigar a la oposición o reprobar algunas decisiones judiciales. Y el que dispara sin concesiones a sus adversarios (y a veces a los propios) en X. Ahora, distintos cargos coinciden en que ese uso y abuso de la antigua Twitter juega en su contra, por la lluvia de críticas a su intensa actividad en redes sociales que podría haber conducido a desatender su gestión. "Es que a mí lo que hace en X no me ha gustado jamás. En la vida es fundamental ser humilde", señala uno de los mandos institucionales socialistas de mayor rango. "Nunca he entendido cómo usa Twitter. La realidad siempre te espera a la vuelta de la esquina", añade otro veterano.

Estábamos muy satisfechos de la marcha de la precampaña. Ahora, en todo caso, hay que obviamente reorientar la campaña", anticipan en el comité electoral socialista

Al margen de la figura de Puente, lo cierto es que la campaña socialista ha quedado quebrada. Todos los partidos, salvo Vox, suspendieron sus actos, y ahora seguirán varios días de parón por las tres jornadas de luto nacional y por el lógico dolor de una tragedia de enorme impacto. "Teníamos este martes reunión del comité electoral y estábamos muy satisfechos de la marcha de la precampaña. Ahora, en todo caso, hay que obviamente reorientar la campaña", ilustran en Ferraz.

"Sí, parece que la campaña se nos rompe. Pero quedan semanas. Si fueran las elecciones este sábado no tendríamos margen, pero no es así y nos toca reorientar", concede un ministro. "Pero estamos desolados, consternados y hechos polvo", apostilla, "no por la campaña, sino porque parece irracional que todo sea como parece que ha ocurrido. Nadie se lo explica".

Otros integrantes de la cúpula piden ser menos pesimistas y esperar cómo va evolucionando todo. Lo comparte un cargo institucional de mucho peso: "Evidentemente, esto es un golpe duro, pero según el motivo que sea tendrá un recorrido u otro. Hay que racionalizar las cosas. Si es un fallo humano, no es responsabilidad del Gobierno, por mucho que lo intenten. La gente no es tonta. Ahora, si es un fallo de seguridad u otra cosa, es más jodido".

Hay que racionalizar las cosas", previene un alto cargo institucional, "si es un fallo humano, no es responsabilidad del Gobierno, por mucho que lo intenten. La gente no es tonta. Ahora, si es un fallo de seguridad u otra cosa, es más jodido"

El accidente de Urda es, en definitiva, un episodio "completamente disruptivo", como lo define uno de los dirigentes que mejor conoce las dinámicas del partido. "Tras esta tragedia", continúa, "una campaña como la que se venía haciendo, en clave ideológica y en un tono y con un formato alegre, musical y festivo, es prácticamente imposible. Objetivamente dificulta en extremo la campaña del PSOE". Ahora bien, advierte, "un aprovechamiento impúdico en clave electoral por la derecha puede generar un efecto bumerán", y este siniestro, "a diferencia del de Adamuz y de forma similar al de Angrois, no es imputable, parece, a deficiencias estructurales de gestión, sino a un error humano". Esa es la versión a la que se ha aferrado el Ejecutivo, aunque eso supone endosar la desgracia a las espaldas de un trabajador, igual que el Gobierno del PP descargó la responsabilidad del accidente de Angrois al maquinista del Alvia que descarriló y que causó 80 muertes. Pero el impacto, "brutal y devastador", de la colisión mortal de este 28 de octubre para la historia todavía tendrá recorrido y muy probablemente se alargará hasta el 29-N. Unas urnas que Sánchez convocó bajo la conmoción de las protestas por la vivienda y el desahucio y muerte de Maricarmen Abascal y que ahora digerirán el shock de un segundo choque ferroviario mortal en menos de 10 meses.