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El ébola supera los 5.000 muertos en un Congo atrapado entre el virus y una guerra total

La epidemia de ébola que azota a la República Democrática del Congo (RDC) desde el pasado 15 de mayo ha superado una barrera crítica. Más de 5.000 personas han perdido la vida, según el último balance oficial del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) congoleño. Con datos recabados hasta el 29 de octubre, el país acumula 10.351 infecciones confirmadas y 5.026 fallecidos, con una tasa de letalidad que se sitúa en el 48,6%.

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La velocidad de propagación confirma los peores pronósticos formulados durante el verano. A mediados de agosto, el país contabilizaba 5.021 contagios y 2.378 víctimas mortales. En apenas dos meses y medio, el impacto del virus se ha duplicado con creces, consolidando este episodio como el segundo más mortífero y contagioso a nivel global desde que se tiene registro. El brote ya ha dejado atrás en magnitud al que sufrió la misma región entre 2018 y 2020, situándose únicamente por detrás de la histórica crisis de África occidental de 2014-2016, que causó unos 11.000 muertos y 28.000 contagios.

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Expansión a ocho provincias

El virus continúa ganando terreno geográfico. Si en agosto los casos se circunscribían a 55 áreas de salud en seis provincias, la afección alcanza ya a 67 zonas sanitarias repartidas en ocho de las 26 provincias del país: Ituri, Kivu del Norte, Tshopo, Bas-Uélé, Haut-Uélé, Kivu del Sur, a las que se han sumado recientemente Ubangui del Sur y Ubangui del Norte.

El peso de la transmisión se concentra en el este del territorio. Kivu del Norte acapara el 58,4% de los nuevos contagios, mientras que la provincia de Ituri, epicentro original de la crisis sanitaria en la zona de Mongbwalu, concentra el 36,4%.

El INSP ha remarcado la urgencia de "reforzar la detección precoz, el rastreo de contactos y los entierros dignos y seguros" para contener las cadenas de infección. En la actualidad, el seguimiento de contactos alcanza una tasa del 84,5%, mientras que 2.788 pacientes han logrado recuperarse y 1.101 personas permanecen hospitalizadas o en estricto aislamiento.

La 'maldición' de la cepa Bundibugyo

La gravedad del escenario llevó esta semana a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a la agencia de salud pública de la Unión Africana (UA) a emitir un llamamiento urgente a la acción coordinada internacional. Durante una reunión telemática de emergencia con los ministros de Sanidad del continente, ambos organismos advirtieron de que la epidemia dista de estar bajo control.

Una de las principales complicaciones radica en la naturaleza del patógeno. La epidemia está causada por la cepa Bundibugyo, para la cual no existen tratamientos específicos aprobados. La OMS mantiene en marcha los ensayos clínicos de fase 1 en humanos de dos vacunas experimentales que han mostrado un buen perfil de seguridad, aunque su disponibilidad a escala tardará aún varios meses.

Para frenar la transmisión, las autoridades congoleñas iniciaron a finales de agosto una campaña de inmunización con la vacuna Ervebo. Aunque este fármaco está diseñado en principio para la variante Zaire, la más común, ha ofrecido indicios de protección cruzada en ensayos con animales frente a la variante Bundibugyo.

Escenario de riesgo bajo en Europa

La propagación internacional del virus continúa bajo estricta vigilancia epidemiológica. En los países limítrofes, Uganda logró declarar el fin del brote el 26 de agosto tras registrar 20 contagios (15 de ellos importados desde la RDC) y dos muertes. Sin embargo, se han confirmado otros nueve casos en Kenia (con dos fallecidos) y uno en Nigeria.

En Europa también se han detectado casos vinculados a este episodio: un contagio confirmado en Francia y tres personas evacuadas para recibir atención médica tras contraer el virus en suelo congoleño, dos de ellas trasladadas a Alemania y una a Países Bajos.

Pese a estos movimientos puntuales, el escenario de riesgo para Europa y para España se mantiene en niveles muy bajos. Como señalan el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y el Ministerio de Sanidad español, la ausencia de conexiones aéreas directas entre España y la República Democrática del Congo obliga a realizar escalas en vuelos internacionales, lo que añade puntos de control e identificación.

Las autoridades sanitarias españolas recomiendan evitar viajes no esenciales a las áreas afectadas y recuerdan que cualquier viajero procedente de las zonas de riesgo debe vigilar la aparición de síntomas –fiebre alta, debilidad intensa, vómitos o hemorragias– durante los 21 días posteriores a su regreso, un protocolo que descarta por el momento un escenario de transmisión comunitaria.

La violencia armada boicotea la respuesta sanitaria

El avance desbocado del ébola no puede entenderse al margen del polvorín militar que sacude el este congoleño. Las mismas provincias que soportan el núcleo de la epidemia –Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri– son el escenario de una severa escalada bélica que obstaculiza el despliegue de las brigadas sanitarias y el auxilio a las comunidades aisladas.

Ante este deterioro, la comunidad internacional ha elevado el tono. El Grupo de Contacto Internacional para los Grandes Lagos (ICG) –integrado por Estados Unidos, la Unión Europea y varios gobiernos europeos– ha emitido este sábado una declaración de rechazo tajante a la "violencia" promovida por el Frente para la Refundación de la Nación (FRN), una nueva alianza armada cuyo propósito declarado es derrocar al Ejecutivo que preside Félix Tshisekedi.

El bloque internacional repudió "categóricamente la consecución de objetivos políticos mediante el uso de la violencia" y conminó a todos los contendientes a respetar la soberanía, la integridad territorial y la Constitución de la RDC. "Las diferencias y los agravios políticos no pueden resolverse por la vía militar", subrayó el comunicado del ICG, que apeló a un "diálogo intercongoleño pacífico e inclusivo" como única vía hacia una paz duradera.

La advertencia de las potencias occidentales incide de lleno en el drama humano. El ICG manifestó su "profunda preocupación" por los combates incesantes en las provincias orientales y el sufrimiento de la población civil, sometida a un creciente hostigamiento mediante drones. Con la epidemia de ébola desbocada, la coalición internacional reclama un alto el fuego urgente y el cumplimiento del derecho internacional para certificar que el personal humanitario disponga de un "acceso pleno, seguro y sin trabas" a los enfermos.

Pactos de paz convertidos en papel mojado

El tablero bélico dio un salto cualitativo el pasado 13 de octubre con la constitución formal del FRN. Al frente de la plataforma figura el expresidente congoleño Joseph Kabila (2001-2019), quien ha sumado sus fuerzas a las del Movimiento 23 de Marzo (M23), el grupo rebelde respaldado por Ruanda que mantiene en jaque a las Fuerzas Armadas gubernamentales.

Las hostilidades se habían recrudecido notablemente a finales de enero de 2025, fecha en la que los combatientes del M23 se hicieron con el control de las estratégicas ciudades de Goma y Bukavu, capitales respectivas de Kivu del Norte y Kivu del Sur. Desde entonces, las tentativas diplomáticas para encauzar la crisis han resultado estériles sobre el terreno.

Pese a que Félix Tshisekedi y su homólogo ruandés, Paul Kagame, suscribieron el 4 de diciembre de 2025 en Washington un acuerdo de paz auspiciado por Donald Trump, Kinsasa y Kigali continúan intercambiando acusaciones mutuas de conculcar los compromisos adoptados. De igual forma languidece el acuerdo marco sellado el 15 de noviembre de 2025 en Doha entre el Ejecutivo de la RDC y el M23 gracias a la mediación de Catar.

El este del Congo, enclave estratégico a nivel mundial por sus ricas reservas de coltán, oro y otros minerales críticos para la industria tecnológica global, continúa así atrapado en un conflicto crónico que se prolonga desde la década de 1990. La pugna armada entre grupos insurgentes y el Ejército regular, inalterable pese al despliegue de la misión de cascos azules de la ONU (Monusco), se ha convertido en el principal obstáculo para contener una catástrofe biológica que amenaza con desbordar las fronteras continentales.

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