Génova no quiere adelantar escenarios. Bambú tampoco. Si se confirman los sondeos -con permiso de José Félix Tezanos e Iván Redondo, inopinado protagonista de esta campaña- PP y Vox pueden sumar mayoría absoluta para hacer presidente del Gobierno a Alberto Núñez Feijóo. No hace falta que sean los 200 escaños que algunos demoscópicos aventuran. De hecho, en el cuartel general de los populares rebajan las expectativas con respecto a esa cifra. Del mismo modo que desde los aledaños socialistas insisten en afirmar, con el objetivo de animar el voto de la izquierda, que Pedro Sánchez puede ser primera fuerza política el 29-N, en el flanco de la derecha temen que dar por seguro el triunfo pueda desmovilizar a los suyos.

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Las quiniela sobre el reparto de ministerios con Vox sustituya a la de los 'ministrables'

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De cara a la cita electoral no hay tanto un juego de quinielas con respecto a los que podrían ser los futuros ministrables de Feijóo, como al reparto mismo de las responsabilidades de Gobierno con Vox. Esto es, qué exigirá Santiago Abascal y qué estará dispuesto a ceder el candidato popular sin poner en peligro un acuerdo de colaboración, plenamente asimilado por las cúpulas y las bases de ambos partidos. Si hasta hace un año se especulaba en el cuartel general de los populares con la hipótesis de que acaso Abascal no quisiera entrar en un Gobierno de coalición, esa idea desapareció cuando reclamaron su lugar al sol en los ejecutivos autonómicos de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía.

Vox va a ser un invitado obligado a la mesa de los mayores tras el 29-N siempre y cuando las urnas no den otra opción a Sánchez para armar una nueva coalición de formaciones antagónicas. Feijóo se propone, de llegar a Moncloa, adelgazar un Gobierno que pocas veces como ahora ha tenido tantos ministerios y tamaña inflación de asesores. Bajar la inflamación como primera señal de arranque de un tiempo nuevo. Pero eso solo lo podrá hacer a través de un pacto con los ultraconservadores y en función de la fuerza parlamentaria que obtengan. No hay que ser un fino analista para distinguir los equilibrios entre un Vox con 45 diputados o con 60, y todo apunta a que la cifra puede acercarse más al segundo supuesto.

"El crecimiento de Vox es lo que asegura la alternativa", dijo Abascal en una reciente entrevista en El Mundo. Y aunque indicó que "a mí no me va a encontrar nadie hablando de reparto de poderes, de ministerios ni de nada parecido", recordó que la tan traía y llevada "prioridad nacional" es "irrenunciable para nosotros y eso afecta a muchos órdenes de la política", sin dar más pistas.

Por su parte, a lo más que ha llegado Feijóo es a anunciar que pondrá al frente del Ministerio de Transportes a alguien con experiencia y formación acreditada, tras las tragedias ferroviarias de Adamuz (Córdoba) y Urda (Toledo). Una cartera gestionada en los últimos años por José Luis Ábalos, condenado a 24 años de prisión por la red corrupta de mascarillas en plena pandemia del Covid, y, después, por el ministro tuitero Óscar Puente, que la trufó de cargos políticos de su confianza. Acaso da por hecho Feijóo que esta espinosa responsabilidad no será reclamada por Vox a la hora de negociar un gobierno de coalición con el consiguiente reparto de carteras.

Economía y Hacienda, Interior, Exteriores, Defensa y Justicia

Los populares confían en poder ostentar lo que califican como carteras "estructurales", aquellas que configuran las políticas públicas, la defensa de la soberanía y los cambios de fondo a abordar. Va más allá de los llamados ministerios de Estado dado que incluyen otras competencias "muy importantes". Entre las primeras están, según enumeran las fuentes consultadas por El Independiente, Economía y Hacienda, Interior, Exteriores, Defensa y Justicia. Entre las segundas, las políticas energéticas y de medio ambiente y la educación. En un escenario ideal, este sería el mínimo común para los populares, al que se puede sumar el Ministerio de Fomento dadas las actuales circunstancias.

Además, su idea es reducir los actuales 22 Ministerios del Gobierno de coalición. Una cifra solo superada por la legislatura constituyente, cuando Adolfo Suárez tuvo 23 carteras. Fue Mariano Rajoy en 2011 quien redujo el número a 13, el menor de toda la democracia. José María Aznar se estrenó con 14 en 1996. No cabe duda que una alianza gubernamental con otro partido obliga a ampliar el abanico, aunque Feijóo ya ha anunciado que eliminará un ministerio específico para Igualdad, al tiempo que estudia subsumir las políticas de Vivienda en el de Infraestructuras como en la anterior legislatura. Además, según el plan que ya esbozó en 2023, puede fusionar Educación, Cultura y Universidades, siguiendo el modelo de Aznar y Rajoy.

Prioridades de Vox en las Comunidades: Desregulación, Familia, Agricultura y Medio Ambiente

Por el lado de Vox basta seguir la línea de puntos de sus prioridades. Acaba de negociar cuatro gobiernos autonómicos y sus peticiones no han diferido mucho en unos y otros territorios. Andalucía es quizá el caso más particular puesto que sólo un voxista ha entrado en el ejecutivo regional. Se trata de Manuel Gavira. Además de vicepresidente segundo asume la macroconsejería de Turismo, Desregulación, Justicia y Administración Local.

En Extremadura, Vox tiene una vicepresidencia, que ocupa Óscar Fernández, con competencias en Desregulación, Servicios Sociales y Familia. Además, el consejero Juan José García, gestiona Agricultura, Ganadería y Medio Natural. En Aragón el patrón es muy similar. El vicepresidente Alejandro Nolasco asume las competencias en Desregulación, Servicios Sociales y Familia; el consejero Luis Biendicho, lleva Medio Ambiente y Turismo y Arancha Simón, Ganadería, Agricultura y Alimentación. Y en Castilla y León apenas hay alguna variante. El vicepresidente, Carlos Pollán, también dirige las políticas de Desregulación, Familia y Ayudas Sociales; Joaquín Antonio Pino las de Agricultura y Alberto Díaz las de Cultura.

Con estos antecendentes cabe colegir que Santiago Abascal será uno de los vicepresidentes de un hipotético gobierno de Feijóo -con o sin responsabilidades añadidas- y que Vox reclamará para sí, como poco, las competencias de Agricultura, Pesca y Ganadería, Asuntos Sociales, Turismo y Medio Ambiente, sea cual sea la futura nomenclatura de los Ministerios, además de una nueva cartera, sola o acompañada, de Desregulación. Y todo ello impregnado de la llamada "prioridad nacional", que el PP ha reconvertido en "arraigo". No obstante, cabe preguntarse, se malicia un dirigente nacional, "si Vox no reclamaría carteras como la de Defensa, poco controvertida y que permite mucho lucimiento".

Los populares aspiran a que Vox se desgaste en la gestión del día a día

Los populares aspiran a que Vox se desgaste en la gestión del día a día, en la resolución de las crisis, en la toma de decisiones. Ese temor constituyó el motivo real por el que los ultras abandonaron en tropel los gobiernos autonómicos en julio de 2021, aunque volvieron en el último ciclo electoral con voluntad de mantener los acuerdos alcanzados. Contra la tesis del cordón sanitario, que solo aplican a Bildu, tanto Génova como sus barones territoriales consideran que la única forma de desactivar a una ultraderecha en ascenso imparable en el conjunto de Europa es implicándola en la política institucional. Impedir su griterío desde la grada donde no hace más que engordar electoralmente.

Otra cosa es que esa estrategia venga impuesta por la tozudez de la aritmética parlamentaria, de modo que los populares solo pueden aspirar a gobernar con el concurso de Vox. Feijóo se rindió a la evidencia. Ahora espera poder salvaguardar esos ministerios estructurales con los que abordar su comprometido proceso de regeneración.