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Fotograma de la serie 'Mars' National Geographic

Ciencia y VidaCarrera espacial

Pisar Marte ya no es pedir la Luna

Marte es la nueva Luna. Es 'fácil' llegar; poner un astronauta allí resultará arriesgado pero útil para la ciencia

Decidimos ir a la Luna esta década no porque sea fácil, sino porque es duro”. Así habló el presidente John F. Kennedy el 12 de septiembre de 1962. Siete años después, Neil Armstrong sellaba con su bota la superficie lunar. El pasado lunes, el presidente Donald Trump decidía ir a Marte en las próximas décadas (pasando por la Luna), “no porque sea difícil”, coinciden varios expertos consultados por El Independiente; aunque sí duro, además de caro y arriesgado. ¿Es rentable, al menos para la ciencia, tener astronautas allí?

Hasta la fecha, los humanos hemos mandado una veintena de misiones exitosas a Marte. Nueve de ellas siguen en activo, con tres vehículos de exploración rover en su superficie. Marte es territorio controlado. El problema de mandar astronautas es “garantizar plenamente su seguridad y salud”, señala el presidente de la Mars Society en España Cayetano Santana, quien viene a sumarse a la idea de que “somos extraordinariamente frágiles como especie; sólo hemos podido vivir en la superficie terrestre”, en palabras del historiador Roger Launius, de la Smithsonian Institution. A partir de ahí se aplica el eterno equilibrio que ha regido la carrera espacial: “evaluar riesgos y recompensas”.

Por supuesto, hablar de facilidad para ir a Marte es hablar de dinero. Como recuerda el experto en astronáutica y autor de Eureka Daniel Marín a El Independiente Podcast, “no es estrictamente necesario ir a Marte pasando por la Luna”. Pero, como indica en su blog, los recursos para ir al planeta rojo son enormemente superiores a los lunares. “Según las rígidas leyes de la física, un ligero aumento en la carga útil de una nave requiere un aumento enorme en la masa inicial. Para lanzar esa carga extra es necesario transportar más combustible, lo que a su vez aumenta la masa inicial del vehículo haciendo necesario usar aún más combustible para el lanzamiento”.

Nunca habremos estado tanto tiempo en el espacio

A día de hoy, no se contempla un viaje que dure menos de siete meses hasta Marte. Si sumamos los otros siete meses de vuelta, nos plantamos en más de un año de tránsito interplanetario. Si, además, contamos con el tiempo de la misión, nadie habrá pasado hasta ahora tanto tiempo flotando en el espacio. Los humanos se exponen a radiaciones, microgravedad y estrés psicológico constante. “Ni por su riesgo ni por su tecnología tiene que ver con una misión a la Luna. Además del viaje, hablamos de una misión de un año y medio allí. De la Luna vuelves en seis días”.

La Tierra vista desde Marte

La Tierra vista desde Marte NASA

Quien habla así es el ingeniero zaragozano Jonatan Peris (@jonaperis), tripulante Mars Spanish Mission. O lo que es lo mismo, es un simonauta. Estuvo es el experimento de simulación de vida marciana que se realizó en Los Monegros en 2013, a imagen y semejanza de las pruebas de la NASA en el desierto de Utah (EE.UU.).  

Psicológicamente, serán astronautas de una pasta diferente a los de las misiones Apolo a la Luna

Como señala en su libro ¿Podemos viajar a Marte?,  “para mí el riesgo número uno es el psicológico. La ciencia y tecnología se pueden prever, cuantificar y evaluar riesgos. Lo humano, no tanto. Quienes viajen a Marte serán de una pasta diferente a los astronautas de las misiones Apolo [a la Luna]”. Según señala Peris a El Independiente, “nunca se sabe cómo pueden reaccionar ante una misión pionera donde, pasado un punto, no hay vuelta atrás, tendrán que ser mucho más autónomos, la comunicación no será fluida ni continua ante contingencias, la Tierra ya no se verá tan cercana [será un puntito brillante en el firmamento marciano], hay que esperar a la mecánica orbital para volver [no basta con encender un cohete y poner rumbo a casa]”.

Junto a los efectos físicos de vivir fuera de nuestra casa cósmica, son condiciones que “apenas estamos empezando a evaluar”. Eso, por no hablar de que todo puede saltar por los aires o estrellarse en el descenso.

Ciencia con intereses privados

“Cualquier fracaso con humanos implicados sería un golpe mortal para esta (nueva) carrera espacial”, piensa desde la Mars Society Santana. En este sentido, el presidente español de este colectivo, que agrupa a más de 10 millones de marcianófilos en el mundo, apunta a la iniciativa privada. “Es la única manera de asumir riesgos, ningún presidente estaría dispuesto al coste político [de perder vidas en una misión]”. Si, al menos, son riesgos compartidos con la NASA y otras agencias públicas, parece viable. Y apunta directamente al empresario Elon Musk.

El dueño de SpaceX cuenta con el único programa solvente para plantear un viaje a Marte en la próxima década de los treinta. Su obsesión es desarrollar un cohete reutilizable de ida y vuelta “para minimizar los costes, si bien no creo que le mueva la rentabilidad de Marte –añade Santana–, más bien está haciendo rentables otros de sus negocios para financiar este proyecto. El espacio es la última frontera que al humano le queda superar”. Por ahora, al multimillonario creador de PayPal o Tesla le está saliendo bien.

Desde la década de los noventa del siglo XX, la NASA puso sobre la mesa varios posibles programas para visitar Marte. No existe ninguno concreto con presupuesto para colonizar las gélidas tierras marcianas. Lo anunciado el pasado lunes “no es diferente a lo que han hecho otras administraciones en 45 años; sin presupuesto ni plan y se quedará en eso”, cree Peris.

Igual ocurre con el paso previo lunar. Como señalaba Marín, a día de hoy, “no se puede llegar a la superficie de la Luna con un solo lanzamiento del SLS [actual cohete que maneja Estados Unidos] y la cápsula Orión/MPCV (la que podría ir a Marte). Y en realidad no hay nada más, no hay una arquitectura planeada, no hay un módulo lunar… por eso durante este tiempo la NASA ha estado buscando misiones para estos equipamientos”. En 2012 surgió el plan para una estación espacial lunar, la Deep Space Gateway,  “que es lo más que nos podríamos acercar a la Luna con lo que hay”.

A por los marcianos

Izda: Vehículo de exploración en Marte en la película The Martian. Dcha: Vehículo MMSEV en el que trabaja la NASA. | 20th Century Fox y Giles Keyte

 

“Tenemos la oportunidad de ser una civilización especial, convertirnos en una especie interplanetaria”. Así se muestra Elon Musk en su intervención en la serie de docuficción Mars (National Geographic, 2016). Pero aún no sabemos si somos los únicos. Buscar vida en Marte ha sido uno de los grandes alicientes científicos para visitar el planeta rojo. Por ahora, no ha habido éxito. Marte se parece a la Tierra: un tamaño y gravedad similares; paisajes rocosos; tiene estaciones, nubes de hielo, casquetes polares y su día dura unas 24 horas. Pero apenas tiene atmósfera, su temperatura no supera los -5ºC,  la radiación es intensa y el agua líquida hoy es casi imposible. “La vida sólo parece factible bajo su superficie”, recuerda Felipe Gómez, investigador del Centro de Astrobiología del INTA.

Un astronauta tiene más posibilidades de identificar vida que un robot

El o la astronauta que lidere la misión seguramente no se llevará la desagradable sorpresa de encontrarse una civilización marciana, con un Yll K que ponga en peligro su vida, tal como relata Ray Bradbury en sus Crónicas Marcianas. De haber colonias de vida inteligente nos habríamos dado cuenta.

Al contrario, “una de las discusiones que tenemos los científicos es, si encontramos vida, ¿seríamos capaces de reconocerla?”. Ahí es donde juega un papel clave la intuición de un equipo de astronautas de distintas disciplinas en Marte. “Desde el punto de vista científico, la exploración con robots es un paso previo que nos da muchísima información. Pero un humano allí supone mejora la ruta de toma de decisiones, puede ampliar mucho el rango de descubrimientos”, aclara Gómez.

Parte de la comunidad científica cree que no merece la pena arriesgar vidas humanas para buscar vidas alienígenas. Tenemos robots y, en el futuro, inteligencias artificiales que lo hagan por ellos. También telescopios que rastrean indicios de vida en los más de 4.000 planetas descubiertos fuera del sistema solar.

“Con [el rover] Curiosity tenemos muchas precauciones en las operaciones diarias, tendemos a ir más a lo seguro. Podría estar delante de un proceso que pudiera indicar un potencial de habitabilidad y pasar desapercibido. Todo eso lo vamos a eliminar si hay un humano que pueda tomar decisiones in situ“. Pese a que los robots y las inteligencias artificiales ya descubren planetas, está por ver si son capaces de detectar vida, más aún cuando ni siquiera los humanos tenemos claro qué podemos considerar químicamente vida.

Encontrar vida en Marte es un aliciente para visitarlo. El presidente de la Mars Society Spain reconoce que hallar indicios biológicos en otros sitios como exoplanetas puede suponer una estocada mortal para una misión tripulada a Marte. “Los recursos, lógicamente, se enfocarían a mirar fuera del sistema solar”. Y mandar humanos fuera de esa frontera, siguiendo las tesis de Daniel Marín, resulta prácticamente inviable.

Más allá de la vida extraterrestre, Marte “sería el mejor laboratorio de ambientes extraterrestres que podríamos tener”, apunta Gómez. Por otro lado, “el hecho de llegar a Marte va a suponer una revolución tecnológica con un retorno a la sociedad tremendo, con un impacto en la economía muy fuerte.

Marte sería el mejor laboratorio y supondría una revolución tecnológica de enorme retorno

“Las misiones Apolo en los sesenta ya supusieron una aceleración de la ciencia y la tecnología casi sin precedentes”, añade el ingeniero Peris. “Hubo un boom de gente que quiso ser ingeniera o científica. Es una inversión que revierte en la sociedad hasta por cinco veces. No es sólo plantar una bandera”.

Todo ello, claro, no a corto plazo. Todos los especialistas consultados señalan como prácticamente imposible de hacer para 2020 y muy difícil en su década.

Los años 30 serán los años de Marte

Marte está tan lejos (y tan cerca), que sólo tiene sentido si es colonizado, pensando en crear comunidades humanas que lo habiten. Piensa a lo grande Musk, por eso, antes de mandar conquistadores, habrá que enviar toneladas de equipamiento, máquinas capaces de producir agua y oxígeno, kits de cultivo y muchas impresoras 3D.

Por el momento, la contratista Boeing no maneja otro calendario que el de mandar cuatro atronautas a la Luna en 2029. El viaje a Marte quedaría relegado a 2032 y no supondría que la tripulación bajase del módulo Orión, el mismo que se usaría en nuestro satélite natural.

Izda: Cultivo de patatas en Marte, en la película The Martian. Dcha: Cultivo real de lechugas en la EEI . | 20th Century Fox y NASA

 

“No siempre vamos a poder estar en nuestro planeta, no va a ser viable”, sentencia Peris, sumándose a la corriente que defiende Marte como arca de Noé que nos salve de la extinción. Desde la Mars Society, Santana recuerda la metáfora de “poner los huevos en distintas cestas”, aunque a veces “la estupidez humana es difícil de medir”, en alusión a una posible autodestrucción de nuestra especie o nuestro actual o futuro planeta.

También es difícil medir el éxito de una misión humana a Marte. Hay y habrá un debate económico sobre su utilidad. Hay y habrá un debate sobre nuestra especie en el universo. Pero la mayoría de sus defensores sostiene la misma tesis de la pionera de la aviación Amelia Earhart: “La aventura vale la pena por sí misma”. Si el primer humano en pisar Marte es, además, una mujer, muchas cosas estarán empezando a cambiar en la Tierra.

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